No hay nada más insólito que un rayo perdido en una noche estrellada,
esto, siempre y cuando no acierte mi cabeza,
pues entonces sería definitivo.
Gono Rea Lew
El discursante se había embriagado y para despabilarse le echó más vino a la leña o más fuego al vino y en el vacío de lo que nunca fue nada se fueron derrumbando sus proclamas, sus énfasis y alguna que otra coma o punto sin límite mínimo de la extensión que se considera sin longitud, latitud ni profundidad.
Ahora sin predeterminaciones ni estereotipos y con todas, menos una, botellas vacías, el margen de raciocinio se le había turbado y puesto en riesgo y a riesgo de todo margen arriesgado, debía apelar a un tipo de pensamiento nuevo y como de nuevo nada había, se bebió el último vino, el corcho y la botella echa trizas en el piso de bronca de sí o de todos, que era lo mismo y por supuesto le daba igual.
Es delicioso jugar con las reglas del juego, desnudarlas, bañarlas, perfumarlas y vestirlas a nuestro gusto para luego llevarlas a pasear por esas calles oscuras del fondo de la vida, desde dónde se puede ver y mirar la madre regla de la calle principal. La que todos conocen. La que no me interesa.
En esa misión nos fuimos andando, la regla de mi juego y yo. Hemos decido embriagarnos con chicha, esa bebida emborrachadora hecha de maíz fermentado.
En la euforia alegre del brindis, resultó que se sumó compañía, cómo no habría de ser? Un conglomerado de maminchos* sin reglas ni destino, se prendió al aroma de la bendita no bendecida chicha, a mi regla rota y a mí.
Eso me enojó un poco, no estaba en mis planes la entrada de más gente en el paseo, y antes de aceptar que también otros podían romper mis reglas rotas, los peleé con argumentos que ni yo me creía, finalmente me olvidé del enojo y seguimos todos juntos andando por las calles oscuras del fondo de la vida.
Las reglas rotas del juego y yo nos dimos cuenta que no era fácil la ruta que habíamos decido.
Debimos dejar mucho mamincho muerto por el camino, pues no siempre estos sujetos decidían por donde debían andar, y como entre las reglas rotas se había roto la regla de la piedad vana, y el que se iba en vómito se jodía, y el que lloraba con lástima de sí mi mismo llevaba el mismo fin, la concurrencia se iba afinando.
En una de las esquinas de estas calles, podía verse el videoclip de nuestras angustias, y también podía escucharse la banda sonora de nuestras demandas de vida, y, aunque quise taparme los ojos y los oídos, no pude, yo misma había aceptado la regla sin leer las letras chicas, peor aún, sin haber roto de mis reglas rotas las letras chicas…
Fue entonces que tuve un brote de furia… la bronca de antes era menor frente a la cólera que me poseía.
Traté de asesinar a mi regla rota, a los maminchos, y luego quitarme la vida, pero en lugar de eso, y ahora creo que fue mi propia regla rota la que me ayudó, recibí una soberana patada en culo que había salido de mi propio pié.
En ese mismo instante mi cordura y mi locura, se besaron en la boca, se acariciaron, se desnudaron y rompieron las reglas de las reglas de las reglas rotas.
Eso me lo contaron después, y en otro capítulo que probablemente no escribiré, lo que recuerdo ahora es mi regla rota y yo, más que asqueadas del asco nos abrazamos hasta el piso, nos penetramos con rabia y deseo, jadeamos durante noches y noches oscuras, nos entregamos el culo y el alma. Y aunque la penetración duela mucho en ambas partes, no hay evaluación ni equiparación de dolores, son apenas corajes diferentes… a saber, en las calles oscuras del fondo de la vida la comparación no existe, y a las reglas rotas habrá que romperlas todo el tiempo, hasta que no sean rotas, hasta que no sean reglas.
*Mamincho= beodo, borracho, borrachín, mamado, etc.
Voy a cambiar la configuración de Yahoo Argentina. Hoy en uno de esos títulos que a veces pelotudamente no podemos dejar de leer decía:
No toda la comida es sensual Hay platos que nunca se deben pedir en una primera cita ¿Para vos cuáles son?
Para este título idiota mostraban la imagen de un muchacho comiendo un sánduche como algo que no debe ser hecho… Y yo me acordé de Ana y Fernando y de su sensual boda de choripanes… en aquella época solo existía la seducción, los "tips de seducción", por suerte, no habían sido inventados.
Ana era mi amiga y compañera de secundaria, y aunque ambas militábamos en diferentes boliches, nos envolvía el mismo deseo de construir un mundo mejor. En el baño de la escuela dejábamos nuestras pintadas revolucionarias, nos fumábamos un pucho y nos contábamos sobre lo bueno que era hacer el amor después del amor, y discutíamos estrategias para la construcción de un mundo nuevo.
A Fernando lo conocí en enero del 76 en la casa de Ana, cuando ambas estudiábamos historia, la única materia que nos habíamos llevado a marzo. Nos habíamos llevado la historia oficial, en la que sin duda nos iba mal. Ambas sabíamos que había otra historia, la que escribíamos cada día con sencillos actos de rebelión.
Corría el mes enero de 1976, y en Argentina se avecinaba el golpe militar que desaparecería con 30.000 personas, ideales, pensamientos, utopías, que encarcelaría y exiliaría a otros miles, y que privaría de identidad a 500 niños.
Mientras en un carrito de la costanera dos chorizos largaban su grasa y enfurecían el fuego, ellos no podían quitar la vista de sus ojos, que es peor que no poder dejar de mirarse, se hacían el amor, se hacían hijos, se hacían el futuro donde no cabía la miseria. El Río de la Plata que aún podía beberse y reírse, ensayaba olas agitadas, apasionadas y lujuriosas como el deseo de Ana y Fernando, que se proponían en una rústica boda de choripanes, amor eterno mientras dure. La vida.
A partir del mes de marzo de 1976, el miedo comenzó a dar miedo, Ana y Fernando se amaban como podían y donde podían, después de panfletear la ciudad y pintar de consignas sus paredes, se encontraban en un departamento que había sido de muchos y de nadie, en un departamento posible para amarse, en un departamento ya más que visible.
Cuando los milicos irrumpieron, ella ya lo tenía a él de espermas formándole un hijo.
A Fernando lo mataron en la tortura al segundo día, a Ana la dejaron vivir hasta dar a luz.
Supimos años más tarde que era un niño, que ella lo sabía por ecografías certeras de su corazón, y que por obra de su certeza le llamaba Fernandito.
Existe un Banco Nacional de datos genéticos esperando por Fernandito y muchos otros. Quizás algún día lo encontremos, hay 101 razones para creer en eso.
La historia de nuestro país hasta hoy es esto, quisiera contar otra, pero no puedo.
Resulta que entre la atmósfera y la estratosfera se encuentra la tetósfera, que carece de nubes y también deotras formaciones meteorológicas. Es un lugar súper tranquilo donde habita la gran teta del mundo que es enorme y autónoma.
Esta teta tiene un solo ojo ubicado en el pezón desde donde antes apenas observaba los sucesos diarios sin que se le moviera un pelo, (sí, toda teta tiene pelo) sin que nada la conmoviera.
Cierto día le ocurrió lo que le ocurre a cualquiera que se precie de ser teta, comenzó a picarle, y el único remedio para este caso era, es y será… rascarse.
Increíblemente ese pequeño gesto la descolocó, pues en verdad era la primera vez que sentía algo. Picazón.
Enorme y pesada, al rascarse se le movió el piso, o la tetósfera, y su tetavisión pasó a ser otra, pues ese leve gesto provocó que un gran chorro de leche cayera sobre la tierra. Los hambrientos abrieron sus bocas y se dejaron beber el alimento caído del cielo, otros pobres también la bebieron y al ver que la leche les llegaba hasta los tobillos la almacenaron sin perder tiempo.
Las empresas de lácteos corrían desesperadas para patentarla, hacer dulce de leche, cremas, quesos y yogurt, pero el trámite era imposible pues se desconocía la fuente.
Todo esto se podría haber arreglado, con unos pesitos por aquí, otros por allá, pero lo cierto es que la teta dejó de rascarse porque ya no le picaba, por otro lado al ver a los acopia-guita de otros cuentos que nadie le contó, pero que ya conocía, haciendo de las suyas para lucrar con su leche, hizo un mea culpa, tragó en seco su propia leche y se durmió embriagada de sí misma.
Por suerte de vez en cuando a la teta le pica la teta y se rasca, entonces se le mueve la tetósfera y descarga millones de litros de leche que niños y otras gentes hambrientas alcanzan a tomar antes que los acopia-guita quieran patentarla y que la gran teta se abstraiga y que ya no le pique la teta de si.
Había una vez un mundo donde la prisión efectiva no tenía barrotes, y donde la función de los gobernantes no era servir a su gente, sino que manipularla, puesto que éstos a su vez eran funcionarios de los acopia-guita, mandatarios supremos de bajo perfil. En este miserable mundo imaginario, la gente creía que las guerras eran para la paz, y que las armas eran meros instrumentos de defensa.
En este mundo los individuos se divertían muchísimo frente a un plasma colorido y con sonido, donde otros individuos de géneros diversos, exhibían sus bellos culos y tetas siliconadas y montaban escenas histriónicas que a la gente le encantaba creer y que al día siguiente serían tema de conversación en el trabajo, o en espacios de pertenencia. Además, en ese plasma colorido también se transmitían varias veces por días unos módulos llamados informativos que servían para unificar, guiar el pensamiento y formar opiniones que respondieran a los intereses de los acopia-guita.
Como los relatos deben tener algún desarrollo y en lo posible un final, y dado que el autor sufre de pereza imaginativa terminal, ha decidido precipitarlo, y contar que en ese mundo que había sido bendecido por la naturaleza, que hacía crecer de la nada frutos, animales y otras hiervas, ésta, al sentirse vulnerada y mal herida, dejó de bendecirlo y se volvió contra él. Eso gritaban desde el plasma los individuos portavoces, mientras eran arrastrados por grandes olas y tragados por la tierra, lo absurdo de todo esto es que entonces ya no había interlocutores, y por defecto tampoco mandatarios. Ya prevenidos, los acopia-guita huyeron en una nave espacial abastecida con provisiones para más un siglo.
Al finalizar este relato estólido, bizarro y absurdo, el autor se sintió aliviado y pensó en lo agradable que era respirar en su mundo real, tan distante de aquel otro tan miserable. El cinismo tiene alas pero no tiene vuelo, se dijo, el sarcasmo es cosa de tontos fatalistas, pensó, estamos a salvo, somos libres y soberanos.
Yo sé que podés matarme,
por algo llevas tu arma.
Cargo mis ojos y te apunto.
Disparemos juntos.
Viviré la muerte,
mientras vos como siempre
morirás tu vida.
Iel
Esas manos con líneas que en destinos se alineaban dejando en las manos del poder divino o no tanto su vidas, o bajo las manos de la suerte adivina que quirománticamente las destinaba, un día malo o bueno, perdieron todas sus líneas, o simplemente se les escaparon de las manos.
Entonces gitanas y otras yerbas en lugar de leer las manos comenzaron a seguir las líneas fugitivas que se les iban de las manos. Se vieron perdidas y sin adivinar razones se dieron por vencidas y de manos caídas también perdieron sus líneas.
Las líneas de las manos libres de toda mano hacían de las suyas porque eran suyas o de sí mismas que es lo mismo.
Pero así como quien no quiere la cosa no fueron las cosas, muchas de las líneas que marcaban el futuro se revelaron contra toda bajada de línea e hicieron y deshicieron para finalmente decidir su destino.
Las líneas de la vida se cerraron ajustándole el pescuezo a la muerte para decidir el fin de sus vidas.
Las líneas del corazón se echaron a amar sin tapujos y aboliendo cualquier saga se dieron al amor con todos y con cualquiera.
Las líneas del éxito no tuvieron éxito, y finalmente sucumbieron con éxito.
Mientras el gol se tornaba pueblo y bandera, nuestras camisetas se caían al piso como rioplatenses abrazadas entre odios y amores que hacíamos mirando nuestros ambos ombligos celestes y blancos, horizontales y verticales.
El amor cuando se hace pierde la línea y es cátedra y catrera, al carajo las fronteras, goleame las veces que quieras, te regalo mis arcos, mis caderas, mis gritos, mis gemidos, mis jugadores, mis divanes y mis poetas.
Estamos ganando, no te patees en contra, simplemente encontrémonos.No uso armas, perdí el miedo, porque también el juicio o viceversa como diría el poeta.
No quiero golearte, no me golees…Poderosas, mi bola y tu bola.Hagamos juntos ese golazo y para siempre mientas hoy siempre.
Soy la mejor compañera de mi soledad, por suerte o desgracia, conmigo ella no se siente tan sola. A veces nos cagamos de risa, otras nos peleamos fieramente, después bailamos, nos damos cuerda y también la espalda, pues es menester o menestercita, recordar de qué se trata, para que no se pervierta la sola esencia de la soledad.
Pero no hay caso, mi soledad es tremendamente rebelde y tan desobediente que no la puedo dejarla sola porque subvierte el orden de todas las soledades.
La muy consentida llena de piedritas los espejos y se caleidoscopia en infinitas figuras coloridas de soledades agrupadas y festivas.
Esta mi soledad es una vergüenza, un desacato a su significado, un verdadero ultraje a la desolación y a la tristeza.
Escribí en una servilleta pero no entiendo mi letra, estaba un poco embriagada, pero no te preocupes preocupación, sigo peor que antes, más borracha, y menos tonta, pero ese no es el tema, tengo amnesia alcohólica, por eso lo escribí en la servilleta, para no olvidarme del olvido que olvidé. No tengo la más puta idea de lo que escribí, por suerte hubo Stekis, Claudias, Miralunas, Cecys, Magahs, Marces negros y blancos y Estercitas testigos, para recordarme de que carajo debía acordarme antes de que nos olvidemos de lo que ya olvidamos. De todos modos me olvido que ya no recuerdo y acabo recordando mis olvidos.
Pero no entiendo mi letra, probablemente fue escrito por una mina en pedo, dice algo así como… esta noche me subiría… no entiendo, si esta noche me subiría a una… Definitivamente la letra de Estercita es horrible, no la entiendo, veré lo que hago con ella. No sean mal pensados, ni ganas de pronunciar lo que debería hacer, ni ganas de cagar para limpiarme con…
Con qué? Con mi histrionismo defecador? No, no, lejos estoy de escatologías pensantes.
Mi simpleza ES tan simple que ni el autor que suscribe la entiende.
Mi no es tan simple que los sí se revelan insurgentes, lo mal interpretan y lo que es peor, lo interpretan. Mis ganas de que no me rompan es tan contundente, que por eso se agruparon todos los insolentes, los insolventes, los pequeños penes, los mal paridos, los mal parados, los hemorroides pasivos, los hemorroides pasantes. Se han agrupado en un inconexo camino común para romperme los ovarios, para descifrar mis palabras. Me tuvieron de rehén para que confesara desnuda, llorando, con dolor de panza
Ahora ya soy un objeto de ustedes, y lo que es peor, de vosotros. Ya sabéis quienes somos. Ya saben ustedes indios sudacas de tercera quienes somos. E você negão também sabe.
Y ahora en este momento memorable, donde todos sabemos quienes somos y mucho menos de donde venimos, y mucho más que ya nos fuimos y que ni estamos… ahora en este momento decadente, fluorescente, indigente y pese a todo efervescente, demente y no vidente, les pido que me ayuden a leer la servilleta, luego, cuanto antes, antes de que me acuerde y nos acordemos del olvido.
La autora de este post es mi gran amiga que no lo pudo pensar, le dicen Estercita, pero se llama Estercita, la firma es una ladrona que de puta casualidad tiene el mismo ADN y muchas ganas de montarse. No me animo a tanta blasfemia, ella tiene muchas ganas de… subirse a su propia ilustración.
Ilustración y texto, Isabel Estercita Lew
Estamos momentáneamente fuera del aire, sepa disculpar los inconvenientes.
Estamos momentáneamente fuera del aire, sepa disculpar la falta de la falla técnica por falta de técnica.
Tengo que escribir algo, tengo que escribir algo, tengo escribir algo. El disparador creativo me está boicoteando, se me ocurren mil cosas, tengo mil ideas que es lo mismo que nada, imposible plasmar mil ideas. Escribo todos los días, escribo para mí, para vos, para ellos, escribo porque se me hace más palpable el pensamiento, escribo para no olvidar mi olvido y para recordar mi recuerdo. Me escribo, te escribo, les escribo y hasta escribo que no tengo ganas de escribir. Escribo porque tuve la idea de escribir que no tengo ganas de escribir, de escribir que no tengo ideas, o que tengo miles de ideas sobre las que no quiero escribir, es eso, no quiero escribir, no quiero pensar, no quiero sentir bronca, no quiero el lugar común, ni la puta realidad, ni la yegua esperanza, ni la gracia sin gracia, ni la desgracia desgraciada. No quiero escribir sobre el amor que no hago, no quiero escribir sobre él que ya no está, no quiero escribir sobre él que ya no existe porque lo maté, porque tiré a matar y le acerté los huevos. Nada que deba preocuparnos pues ya lo dije y lo escribí cuando tenía ganas de escribir. Soy impune. Lo maté de muerte natural. Legítima defensa, defensa propia, defensa plena. Pero en fin, las cosas son así, él sabía que había llegado demasiado temprano al pasado y que ya era demasiado tarde para el futuro.
Tiró la toalla, sus desde siempre deseos de tornar el mundo más bello se le iban marchitando como el Limonero de Tahití que había plantado en el verano. Muchos la habían advertido sobre las dificultades de dicha cosecha, pero no lo hizo ni carne ni hueso, sabía que las dificultades se presentaban siempre, desde el primer día en que las personas se echaban a andar. Lo que no podía ocurrir, según su concepción de mundo bello, era que se le automatizaran las dificultades, que se le naturalizara la miseria y la desdicha, porque entonces sería igual a todos los sujetos que naturalizan la miseria y la desdicha, sería igual a esos que les resbala la belleza del mundo y que caminan pisando flores y se apropian de las semillas. De ser así toda su lucha, todos sus deseos de tornar el mundo bello, perderían sentido.
Se sentó junto al moribundo Limonero Tahití y lloró, lloró con pena de sí misma, con bronca de sí misma por la pena de sí misma. Luego lloró por vergüenza de sí misma por la pena de sí misma y por la bronca de sí misma por la pena de sí misma. De tanto llorar, su Sí Misma se deshidrató.
Su sí misma agonizaba, mientras el Limonero de Tahití, ya sea por las lágrimas, ya sea por el aburrimiento de estar ahí plantado al pedo sin hacer un carajo más que marchitarse, comenzó a crecer. Su sí misma que no era boluda, se tomó el primer bus hacia la playa y una vez allí se zambulló en el agua para hidratarse.
Ahora sin pena, sin bronca, sin vergüenza, sin sí misma y con toda ella, tocó el primer limón del limonero Tahití que había plantado, y era más verde que el verdor. Lo mordió, lo masticó, dejó que el jugo le cayera por su boca, por su pecho. Dejó que cayera. El ácido le ardió las heridas. Gritó, gritó hasta que sus gritos fueron escuchados por algunos todos de los todos mismos. Levantó la toalla que había tirado, se secó y fue a buscarse con dificultad entre esos pocos y muchos todos deseosos de tornar el mundo más bello.
Silvio decía que lo de sufrir, y además sufrir por amor, era una característica de mujer. Cristina ya pensaba que Silvio era un hipócrita, un egocéntrico y sobre todo insensible, además de ser insensato y mal parido. Pero como ya lo dijo alguno de quien no recuerdo ni bien ni mal su nombre: "El amor mueve montañas y fronteras". Así fue que Cristina atravesó todos los mares del sur y del norte, el Mediterráneo, el Cantábrico y el Índico, para luego casi ahogarse en la piscina del Sheraton Asunción. No fue sin querer, fue por amor, pero como ya dijo algún otro de quien tampoco recuerdo el nombre: "Yerba mala nunca muere". Cristina sobrevivió. - Silvio, yo no puedo vivir sin vos. - Silvio, yo no puedo vivir con vos... en la misma casa, bajo el mismo techo... Bueno, me sacrifico; y lo pintamos a cuatro manos, de dos colores, blanco y negro. - ¿Qué te parece? - ¡Horrible! Las mujeres son incoherentes. ¿Por qué una mujer debe creer en el amor más de lo necesario, si lo necesario es tan relativo y por otro lado, tan absoluto? Cristina llora y ríe al mismo tiempo, mientras Silvio ríe y llora, sin que nadie note la mínima diferencia. - ¿Que querés de mi Cris? - Tu piel, tu amor, tu atención permanente 24 horas por día, tus codos, tu sangre, tus ojos... - ¿Para que querés mis codos? - Por las dudas me duelan los míos. - ¿Tanto te cuesta hablar en serio Cris? ¡Las mujeres son rejodidas! - Los hombres son tan espesos, tan lógicos, tan ilógicos, tan rústicos, tan hermosos, tan sensuales... - Las mujeres mucho más... - ¿Qué te parece? - ¿Qué te parece? Los dos rieron al mismo tiempo y se invitaron a decidir el destino de ambos, por el momento, en un aposento de dos plazas con música ambiental.
Yo quería indagar a mis amigas, TETAS 1 y TETAS 2 sobre la famosa frase del autor hasta el día de hoy desconocido: "Ladran Sancho, señal que cabalgamos", o "Ladran Sancho señal de que cabalgamos", o "Ladran, luego cabalgamos, amigo Sancho" o "Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos" o "Deja que los perros ladren Sancho amigo, es señal que vamos pasando" o "Ladran Sancho, señal que avanzamos" o etcéteras variantes.
La cuestión es que TETAS 1 y TETAS 2 me respondieron al unísono: "Martín Fierro"… Puta que las parió, amigas TETAS! Nada que ver! Respondimos las dos juntas, así que tenemos razón… (dijeron jactándose) Mis queridas amigas TETAS 1 y 2, yo pregunté mal, debería haber preguntado: ¿Cómo Miguel Hernández en su Don Quijote… ? No, perdón amigas TETAS, ¿Cómo Miguel de Cervantes en su obra Martín Fierro?... Perdón, que estoy diciendo, TETAS…. Cómo Miguel de Cervantes en su Don Quijote de la Mancha jamás pronunció esa frase, ¿Quién carajo es el autor de metáfora tan irrebatible y visual.
Mis amigas TETAS prefirieron callar y escuchar mi silencio. Ni yo ni mis tetitas saben la respuesta, vos la sabés?
Al que era Ar que era Al, de convencional, que era Al de terminal, de pasional, de digital, de bilateral, también de Ar de argentino, Al era así nomás, de tan sí que más que quererlo a veces. Al me conventilló me despelotó y por un tiempo lo amé. Tres días intensos, inmensos, nunca lo olvidaré. Al que sos Ar de argentino, me cansás, me fastidiás, no te soporto más, quiero del alivio aliviarme de Ar, argentino, Al, mi destino trivial. Isabel Estercita Lew
Él tiene una king-size y la sabe usar, a mi me gusta su tamaño y su esplendor. El problema de su king-size esplendorosa es que después de la primer encamada se le vencen los resortes y le toma un tiempo que no es el mío para volver con toda su pompa, pero ya no es lo mismo, entre cigarrillos, duermevelas y charlas, sí entre charla y charla el fulgor se va opacando y empiezo a notar de que hace casi media hora empezamos a envejecer. Por suerte los espejos deformes del techo despabilan mi imaginación, y veo una bella pintura de cuerpos arqueados, ensamblados y casi perfectos embelleciendo, silenciando las palabras, entonces arqueo al máximo mi cintura, espalda y culo hacia él, para que me muerda el cuello, para que sienta mis ancas dispuestas a todo, para que calle el sonido de sus palabras y le de lugar a los sentidos, porque entonces nos entendemos, sí, así él, su king-size y yo nos entendemos, pero eso no lo digo, nunca se lo dije… una dama como yo no debe decir esas cosas. Esto es fantástico, acabo de descubrir que soy una dama, más que eso, soy una dama de honor. Pasó un tren, pasaron dos o tres. Me encanta el sonido del tren que pasa por la estación Caravelle, tiene un sonido de jadeo parecido al nuestro. Pena ese teléfono de porquería anunciando que faltan 15 segundos o minutos para abandonar su king-size, pena que el sonido de las palabras y yo sacando las tiras de seguridad del inodoro, posando mis ancas bien usadas, maldiciendo el poco tiempo. De las manos por la Niceto Vega se siente el olor a parrilla, tengo ganas de abrazarlo hasta desmayarme pero no puedo, soy una dama de honor. Soy una bien cogida reprimida. -Querés comer algo, me pregunta él llevado por ese aroma tan argento de asado. -A mí la carne no me gusta, a no ser que esté bien pasada y no tenga gusto de carne, pero me comería un buen chorizo, sin pan, claro, porque engorda, le respondo.
Si alguien tiene alguna información sobre mí, remítamela. Desconozco mi dirección, mi afiliación, y cualquier otra cosa sobre mi persona. Mis imágenes se han borrado, la única nitidez que poseo es un cuadro que no dejo de observar y que me observa. El timbre de la casa donde me encuentro no deja de sonar, tampoco el teléfono, todos quieren hablar con vos, pero yo no te conozco. Tengo un tatuaje en la pantorrilla, un cabello que me molesta y me lo recojo todo el tiempo, una uña encarnada en el dedo gordo derecho, un acuario aquí a mi lado con un par de peces que parecen querer comerme. También hay un ataúd pequeño del otro lado de la sala, pensé en abrirlo pero no me animé. Hay muchos libros tirados por el piso y otros tantos en un estante, una jeringa sobre una mesita ratona, aquí mismo en esta sala, una guitarra y pentagramas sobre el sofá, la primer cuerda está rota. En este lugar hace mucho frío, el timbre y el teléfono no dejan de sonar, yo no me atrevo a atenderlos. Si alguien tiene alguna información sobre mí, remítamela.
Él, que era un él, una ella, un ambos de ningún modo una múltiple personalidad, deseaba más que nada hacer tanteos de aproximaciones que podían ser amores, eso, más que todo. Y en los arrabales dónde todo es inmenso, denso, suspenso, intenso se sumergió como el iris en la mirada. Paseó por la morfología de la noche aclarando la oscuridad de sus pálpitos, palpitaciones. En una de aquellas habitaciones, se encontró jadeando, moliendo colchones, rompiendo eslabones, triturando doctrinas. El pecho de una vecina se le ofreció abierto inmenso, denso y deshecho, mamó cuanto podía fecundó cuanto tenía. El alma de una pena lo llamaba a la indisciplina, sacudieron polvos bebieron morfinas cuando en el arrabal amanecía la calle de los despojos despojaba a sus víctimas. Él, ella, ellos, guardaron sus carnavales y como solitarias y heladas vitrinas donde se espeja el gélido vacío alzaron las miradas y retornaron a sus nadas.
Pensé en tantos tipos de puertas, porque hay muchos tipos de puertas, comerciales, particulares y esenciales, también hay puertas prepotentes, y puertas obsecuentes, puertas pujantes y puertas remendadas, cargadas de amores, permisiones y dolores. Seguramente hay puertas que dan vergüenza, puertas que deberían cambiarse, puertas que te recuerdan cada día que están malditas, y a que al hogar de uno se entra por la puerta, y que el hogar de uno no puede estar maldito por ninguna puerta, después de todo, la puerta es un objeto, por cierto bastante representativo, y hablando de puertas debo admitir que la de mi casa no me agrada… no es su forma, ni su madera gastada, no es su cerradura problemática, ni sus bisagras que están bastante bien… son sus parches, y ahora viene el golpe bajo… a esa puerta la reventaron los milicos que allanaron mi casa y una vez allanada hicieron varias cosas que yo no sé del todo, probablemente siempre persistirá una sombra de duda, debo admitir que por esa puerta pude salir el día anterior al allanamiento, y de cierta forma gracias a la interesante servidumbre que se le otorga a este objeto que se abre y se cierra y así por delante, he salvado mi vida. Por cierto no estoy entera, algo quedó aprisionado en la puerta. Los parches ahora me avergüenzan, me suenan a cosa sin resolver, si yo fuera una puerta ya habría dicho todo lo que tenía para decir, habría obligado a los usuarios a cambiarme de ropa… pero no soy una puerta, y no mando en nadie que no sea yo misma… Esta puerta es un pelotazo bajo, y hasta que no la entienda del todo voy a ver un parche en la puerta, y gente adormecida tras ella…
Lo cierto es que las puertas son puertas porque tienen la finalidad de abrirse y cerrarse, si no se cerraran no serían puertas, y si no se abrieran serían muros.
Ay amor, te he buscado tanto y tan poco, y cuando creo que te encuentro me equivoco y ahora que mi vida anochece y hasta parece que ya nada acontece
cuando menos me lo espero me conmuevo tu mirada no hace más que provocarme y al tocarme me doy cuenta que estoy viva y en tu boca me deshago hasta la vida.
ya no esperaba nada y el esperar se hizo rutina una vez más mi paso lento dobló la esquina y se encontró con tu clara oscura mirada como un hechizo nos llevamos a la madrugada
y en esta cama enloquecida me dijiste yo que no creía ahora sé que la pasión existe
y nuestras pieles al unísono cantaron y nuestros cuerpos al unísono se amaron y si de continuar este jadeo ambos morimos ahora tendremos la certeza de que vivimos
amándonos cuando ya se ha hecho de noche amándonos cuando sin tiempos ni reproches amándonos cuando ya nada se espera amándote, amándome como si fuera la última madrugada
El olor del perfume de ahuyentar mosquitos me sabe a casa de campo, a vacaciones-niñez, a algo sencillo y perfecto, como los viejos recuerdos que ya filtrados de males vienen a la memoria. El olor a bebé me sabe a hijos tempranos, a canción de cuna, a estos dos correteando por brasileros patios. El aroma de suéteres de lana en invierno y de algodón en verano mezclados con champús, mates y facturas me saben a encuentros de amigas, a sábados de tarde, a lágrimas de abandono, a estoy insegura, a me tengo que hacer un aborto, a no sé de quien es, a el flaco que conocí en La Paz, a me tengo que rajar, a estamos con vos. De vez en cuando el aroma a río me recuerda Concordia, a me mato, Salto-Uruguay, a exilio, a mis amigas lejos, a me robaron la vida, a chicas se jugaron por mí. El olor de esta ropa interior me sabe a aquellos encuentros donde todo era posible cuando mi sexo en tu boca, o a cuando entrabas en mí y creíamos en orgasmos eternos. El aroma del olor de la madera fina me sabe a guitarra, a ronda de amigos, a elegía, a Serrat, a que la tortilla se vuelva. El olor de esta multitud me trae la energía de la lucha que en este momento es única, sí, como si el sobaco latinoamericano encerrase una consigna plena e invencible, una marcha que no parará hasta que todos los oídos escuchen por un solo momento la misma canción. Es el olor del aroma único, por un instante latinoamericano eterno, donde las banderas flameantes se besen y nunca más sientan vergüenza de sus raíces, y que nunca más le teman a la única lucha que vale la pena, la vida. Las corporaciones que dirigen el mundo huelen a espanto sin retorno y a muerte, también a perfumes sin piel. Sin embargo el sobaco latinoamericano tiene piel y es entraña, es vida, y aunque te rías amiga, este sobaco unido jamás será vencido.