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jueves, 24 de diciembre de 2009

Me voy o vuelvo? No lo sé…


Me voy o vuelvo a las 20 y 25 del día 03 de enero del 2010, me voy para mi otra tierra, tengo dos.


Repito, no compré pasaje de vuelta porque ya no sé si voy o si vuelvo.


Sé que todos tenemos esa necesidad, la de saber si vamos o venimos, pero a mí se perdió un día y no la volví a encontrar.


Se me perdieron las certezas y eso no es bueno ni malo, no es malo ni bueno y los viceversas están vestidos de mis entrañas y lucen como parte de mí, creo que me sientan bien, al menos el espejo me lo dijo.

Ya sé que el espejo no habla, pero mi espejo borgeano entiende y es solidario con mis anteojos.


En mi P vida hice un balance, hace un rato se lo dije a una amiga entrañable. Jamás hice balances de ningún tipo, y no me someteré a terapias para entender el motivo, no lo hago porque no se me antoja y al que se le antoje que lo haga.

Además para qué sirven los balances no contables?


No me pongo metas, no me someto al sponsor rendimiento del sistema, no corro carreras, odio las competencias, los ganadores y colaterales perdedores, los juegos de competencia me deprimen, pero me encanta jugar a todo...


Y si algún día te encuentro jugando conmigo y ambos ganamos juntos o perdemos juntos y no ganamos ni perdemos nada, acordate che, te voy a dar un beso definitivo, de los verdaderos, de los que valen la pena vivir sin balances ni metas.



Isabel Estercita Lew

viernes, 12 de junio de 2009

Cuando me caí del Mapa


En el momento en que me caí del mapa dejé sucumbir varios recuerdos, intento rescatarlos ahora, pero se me hace tarde para las otras cosas, sin embargo sé que las otras cosas necesitan de mi identidad completa o de al menos algunos recuerdos, aunque groseramente emparchados, para ser otras cosas. Lo que pasa es que cada vez que me sumerjo para recuperar alguno debo hacerle respiración boca a boca, entonces yo, fumadora convicta, me quedo sin aire.
Cuando me caí del mapa tenía una vida, casi cien canciones, varias pinturas y un amor eterno entonces. Salvé unas cuantas canciones, compuse otras cuantas, no volví a tocar los oleos y a mi amor eterno entonces lo hice punta de echarpe largo, me lo di vuelta al cuello y lo dejé colgado de mi espalda. Pero vino el verano, tardó bastantes años, es así cuando uno se cae del mapa, el verano viene cuando se le antoja, pero viene y te pinta los labios y vos lo besás como si fuera eterno entonces.


Me caí del mapa en el 76, aún no tenía 20 años. Rompieron mi puerta, mataron a mi perro, se chuparon a muchos amigos y compañeros. La vejaron a mi vieja. Se llevaron mis cuadros, mis utopías, hicieron mierda mis poesías y le apuntaron en la cabeza con un fusil a mi viejo, le gritaron cantá, decinos dónde está la subversiva!
Mis viejos no sabían cantar, o quizás sí, después de algunos vinos pero no era el caso. Advino un silencio mortal, pero el oro de las joyas de familia, les devolvió el quicio y la gula. Se llevaron todo, ropa y vajilla, tocadiscos, discos, las cartas de mi tía, mis lienzos, mis documentos, mis diarios, mis historias y hasta una caja vacía. Dijeron que esa puta, hablando de mí, la muerte merecía.

Yo de piernas abiertas, raspando nuestro feto, la muerte de nuestro ex futuro hijo nos salvó la vida. Vos y yo nunca más. NUNCA MÁS, NUNCA MÁS.
NUNCA MÁS ELLOS, eso pensamos, eso creímos pero aún están vivos.


Isabel Estercita Lew

viernes, 29 de agosto de 2008

Lágrimas Genocidas


Te están juzgando villano
te están juzgando asesino
te están juzgando con piedad
a vos que nunca la tuviste
a vos que nunca tuviste decencia
a vos no tenés remedio
a vos generador de espanto
a vos te dan la voz
y te caen lágrimas de asco
los civiles te dan asco
la justicia te da asco
extrañas tu picana
aquellos orgasmos fantásticos
que sentías con sus sufrimientos
llorá tu asco, asqueroso
llorá tu impotencia
y si estás gozando ese veredicto estúpido
que te quedás en casita
al final de cuentas aquí no ha pasado nada
te equivocás, bestia
no hay olvido ni perdón
vas a tener que inventar nuevos llantos
se te van a paspar las bolas
te va a supurar la hemorroide
y a ese cable que te entra por la nariz
le van a nacer ratones
y te comerán las entrañas
y vas a estar vivo para sufrirla y contarla
y llorar como un milico infame
sí, Bussi, vas a llorar por tu escroto podrido
vas a llorar la independencia de tu operativo
vas a llorar villano
vas a llorar por todos mis hermanos
cuando quieras ver el sol
te estaremos esperando, infame!

Isabel Estercita Lew

jueves, 31 de julio de 2008

De Exilios y Otras Perversidades


Era una vez un día



Era una vez un largo día de versos secos, pegajosos y anémicos,
era una vez día largo,
quizás el día más largo de todos los días,
era un día tremendamente monocromático,
era un día exactamente, especialmente e indudablemente...
Rojo.
era un día tremendamente monotemático,
de poquísimas palabras, casi una.
de infinitamente repetidas
una palabras,
de casi nada, de casi todo,
de una sola palabra fatal, cabal, arrogante.
era una vez un día tremendamente monotemático
tremendamente
Muerte.

Era una vez un día carretera sin rumbo,
sin despedidas, sin abrazos repartidos ni partidos,
Era una vez un día que de la noche al día amaneció en otro idioma.
en otro cielo, en otro miedo, en otra música,
en otros colores, en otros dolores.
Era una vez un viaje sin equipaje, sin documentos, sin postales,
sin alojamiento, sin vuelta clara, sin idea de regreso.

Era una vez una muchacha de largos cabellos castaños,
de ojos color del tiempo
a veces verde botella
a veces verde botella vino moscato,
genéticamente enferma de poemas,
recurrentemente enferma de oleos y guitarras.
Era una vez una muchacha insensata contradictoria que algunos días amaba la vida,
que algunos días se amaba,
que algunos días de tanto miedo al amor se valium-mataba...
Era una vez una muchacha que se fue de viaje sin equipaje,
que arrancó sus largos cabellos castaños,
que no alcanzó a secar sus ojos color del tiempo
a veces verde botella
otras verde botella vino moscato...
Era una vez una muchacha, un viaje sin equipaje,
un 76 monotemático, monocromático

Rojo... muerte...
o, y,
viceversa.

Isabel Estercita Lew

sábado, 12 de julio de 2008

FOSA COMÚN


Cierro mi alma y mi todo
la vida anda a tropezones
la muerte vibra en conclusiones
dónde, cuándo, cómo?
La indiferencia
el desfalque de la esperanza
y vos a mi lado
al pie de la letra
letras muertas
date cuenta
somos fantasmas molestos
modestos
fosa común
algo que ver con nuestra ideología
Ya no recuerdo nuestra ideología
recuerdo que palpitabas
que gritabas y gemías
Entonces te callaste
Nos rompieron la piel y los huesos
estamos juntos
fosa, fosa común
Ya te lo había dicho si dios existe es un mal bicho
Y estas locas nos siguen buscando
hasta la muerte
hasta la vida.


Isabel Estercita Lew

martes, 25 de marzo de 2008

Otro 24 de marzo


24 de marzo, 2008

Una vez más volvemos a marchar, 32 años es demasiado, es mucho pero no es todo, por eso seguimos marchando… aún no hemos conseguido hacer las cosas bien, por eso tantas marchas separadas y tantos deseando en algún punto lo mismo pero no pudiendo acordar (que en portugués significa despertar, por algo serán lenguas latinas) en lo mismo, nos place ladrarnos, marcar las diferencias y miserablemente no aceptarlo. Es difícil explicar esto, sobre todo cuando nos lo preguntan nuestros hijos, pero así somos nosotros argentinos, más unidos por el dolor que por el amor, ¿no debería ser lo contrario? Me temo que sí, pero nuestro tango es tan pesado que de tanto lastimarnos nos place, nos place darle de comer al enemigo y luego lamentarlo.
Santa Madre, cuantas veces cantamos la ventura de tenerte entre nosotros, y sin embargo te aliaste al enemigo porque te entendió el juego, te sedujo, te cooptó, esa vieja maniobra del oficialismo. Te preguntarás qué es el oficialismo, pues a mí me sabe al que está en el poder, pero también podría ser cualquier ideología que se institucionaliza. No entiendo por qué mierda, pero es así, como si un demonio institutivo poseyera las almas que caen en su regazo versero y gusaizara dichas almas. Ironicamente el pensar en esto también me gusaniza, porque voy perdiendo esperanzas, poesía, y esa utopía que tan bien y también me alimentaba.


Isabel Estercita Lew

martes, 18 de marzo de 2008

Aquí no te matamos, aquí te desaparecemos.


Karma siniestro el de mi tierra, ese que aún carga y por lo visto seguirá cargando. Esto viene de viejas fechas, de allá por 1492, entonces la cosa fue hecha con toda la aprobación legal de todo el viejo continente. Cinco siglos después desaparecieron 30.000 con la aprobación, el apoyo, la estrategia y la dirección camuflada del nuevo imperio, un continente resuelto de de buenos modales, acumulación exagerada de capitales, pieles blancas y una que otra miscegenación. Así lo quiere Dios, volvieron a decir, pero esta vez secretamente, puesto que como también se autodefinían como civilizados, mal les sentaba ante su microclima de admiradores y séquitos decirse responsables del la barbarie.
Aunque la mayoría, por no decir todos los genocidios de esta tierra respondan a la codicia, irónicamente entre los pecados capitales que estos dueños de capitales pregonan, se encuentra la codicia. Pero como la codicia vicia… supongo que se entiende.


Aquí no olvidamos, aquí no perdonamos, aquí pasan años para que los comunicadores se dignen a comunicar que no es ahora, que esta lucha tiene siglos, que esta otra lucha tiene años y que esta que viene… quien sabe… porque la paciencia pobrecita, está media harta de hartadotes y fascistas, que la paciencia pobrecita se está dando vuelta, que no tiene más ganas de bajar la cabeza, que ya basta, que ya es hora de que la tortilla se vuelva.

Isabel Estercita Lew

miércoles, 5 de marzo de 2008

Para el Santo Padre que vive en Roma y sus súbditos...

Súbditos, vasallos del aborto es un crimen, en lo que a mí respecta me salvó la vida.

En los años 70 entre mis amigos y compañeros el aborto no se discutía, teníamos un fondo común para ello.

En septiembre del 76, cuando la milicada allanó y afanó mi casa, justamente en ese preciso momento, a mí me estaban sacando la resaca de un aborto por succión mal succionado.
Yo estaba embarazada de Juan y de Pablo, éramos tres buenos amantes y compañeros, compartíamos la militancia, la buena música, el vino moscato y la cama. Los milicos vinieron a chuparme, o a succionarme. Los milicos querían a la Rusa, esto lo supe hace pocos años, cuando me encontré con Juan y pudimos hablar sobre lo ocurrido.
Ahora pienso que estaría bueno no tardar mucho tiempo más en reconstruir nuestra historia, que ya sea por la necesidad de olvidar tanto dolor, que ya sea por el exceso de vino, que ya sea por el exceso de años, cada vez nos resulta más difícil acertarle al recuerdo. Claro, no va a ser preciso, no va a ser exacto, pero entre mi memoria y la tuya podemos reconstruir la historia que nos afanaron.
Yo me exilé en Brasil, Juan en Córdoba, Pablo en su ropero. Juan me contó, que su tío milico lo fue a buscar a Córdoba, que quería saber donde estaba la Rusa, yo... que si cantaba a él no lo iban a joder... Juan no cantó y además le había perdido el rastro a mi música, pues tuve que camuflarme y para eso aprendí a sambear y me disfracé de colombina hasta el fin de aquel carnaval.