domingo, 19 de octubre de 2008

Historias e Histerias de Mauá


El cuento eróticos, Historias e Histerias de Mauá, lo escribí hace bastante tiempo, luego escribí una novela del mismo género que fue finalista de La sonrisa Vertical y que voy a publicar en un nuevo blog. Si me animo.


I

Teníamos que caminar media hora desde la ruta hasta casa.
Después de un año de deseos, planes y rezos y con el sacrificio de papá y el tío de María, ya era nuestra la casa de Mauá (Vizconde de Mauá, Belo Horizonte, Brasil.)
Las paredes exteriores eran casi blancas, porque las enredaderas se habían encargado de pintar buena parte de ellas de verde.
Yo instalé mi escritorio y María su atelier junto al ventanal que ocupaba todo el frente de la casa. Desde allí un cerrado monte de pinos descendía barranca abajo hasta la ruta. Este monte era impenetrable, lo cual dejaba a papá y sobre todo al tío de María tranquilos, en lo que se refería a la seguridad de una parte de la casa.
Cuando llegamos, la casa olía a eucaliptus y leña, en poco tiempo los óleos de mi amiga y el arroz integral se integraron, creando nuestro propio olor.
La cocina y el bar, eran un mostrador en forma de L, con pileta, heladera y armarios incorporados. Nuestro dormitorio era en el entrepiso. Junto a mi cama, instalé mi baúl de pirata, donde guardaba la ropa y mis libros preferidos. María tenía junto a la suya, un pequeño armario blanco niñez.
Bajo el alero en la galería, Tonto, nuestro perro, marcó territo­rio. Fue tambien el sitio favorito para el mate y para perder la mirada.
El único lugar privado de la casa era el baño. Para nosotras eso no importaba, teníamos nuestro código de miradas, mucho más eficaz que las palabras.

- ¿Caty, sabés una cosa? Nos olvidamos de comprar algo para comer sin cocinar.
- ¡Qué cagada! No tenemos gas. Hasta el pueblo yo no voy, pero si te animás a prender unas leñas, termino de sacar lo de esta caja, voy hasta la granja de Tomás, compro un pollo y algo para ensala­da.
- Está bien, no hay otra. Ojo con el viejo Tomás, tiene una cara de degenerarado...
Esa noche, de tan cansadas, acabamos dormidas sobre almohadones. Tonto nos despertó ladrando como el propio perro que era. María se levantó, le pegó unos gritos y sin la mínima curiosidad de enterarse del por qué de sus ladridos, cerró la puerta que habíamos olvidado abierta.
Por la mañana llegó su tío Al y nos llevó hasta la granja. María con su discreta postura seductora, se burló del viejo Tomás. Después fuimos al pueblo, compramos gas y víveres como para un mes.
Me parecía increíble que todos supieran que éramos las nuevas dueñas de "La casa del Tano". La gente nos examinaba de forma grosera, nosotras jugábamos para tornar menos pesada, la pesada situación.
Una pareja de artesanos que vivían cerca nuestro, nos había caído bien. Tuvimos con ellos un corto diálogo con probabilidades de futuro.
Tío Al ya había analizado todas las situaciones peligrosas a las que nos exponíamos viviendo solas en ese lugar: Nos podían atacar para robarnos, para violarnos o para molestarnos, porque a esa gente no les gustaban los de la ciudad, mucho menos dos muchachas solas.
María lo apuró despidiéndolo con muchos besos y asegurándole que nos íbamos a encerrar con candados.
- De haber sabido que tu tío iba a romper tanto me compraba la casa sola.
- No le des bola, yo no le doy, le digo que sí a todo, y ya está.
- Vos no te calentás por nada, María.
- Cortala, no tengo ganas de discutir, está todo muy bien.
- Bien para vos.
- ¿Con qué guita te la hubieses comprado sola Caty? ¿Con la miseria que te paga el imbecil de Pérez?
- Con lo que sea, pero sin tío Al.
- ¡Que te diviertas Caty! Me gritó María y se fue dándole una patada a Tonto que estaba en su camino.
Ya me había arrepentido de lo dicho, tuve la sensación de haber comido un montón de comida con carbohidratos y grasas, justo el día que me había propuesto comenzar la dieta, y que deseaba vomitarla y no conseguía. Tenía la maldita manía de seguir discutiendo a pesar de saber que no debía.
Tío Al no era apenas su único pariente, la había criado desde pequeña, cuando sus padres desaparecieron.
Habían pasado algunas horas, era de madrugada y mi amiga no volvía. Estaba preocupada y no me podía concentrar en mi trabajo. Tenía apenas dos días para entregarle el guión "al imbécil de Pérez", y no me salía nada.
- “Che Caty, mirá que tengo una fila de mil queriendo trabajar para mí. Total para escribir estas porno-chanchadas, no hay que ser ningún genio universitario. ( Me retó Pérez)
- Te prometo que hasta el viernes te lo entrego. En Mauá me inspi­ro enseguida, el lugar es...
- Que inspirar, ni inspirar, aquí el negocio es producir y mucho, que es igual a guita. ¿Me explico? Para los pajeros no hay recesión, ellos me pagan muy bien, y a vos te dan de morfar. - Mirá nena, si hasta el viernes no me entregás el guión, buscate otro laburo.
- ¡Cerdo! (le dije bajito)
- ¿Qué te pasa a vos?
- Nada Pérez, estaba cantando.

María llegó como a las cinco, con la ropa rota y sucia de barro, pero su rostro estaba plácido, entonces me quedé tranquila.
- Al principio fue horrible (Comenzó a contarme excitada) El viejo Tomás me agarró cuando estaba yendo para la cascada; la gente de aquí nos huele. Como te decía, estaba borracho, traté de zafar pero no pude. Tenía un látigo como el de Indiana Jons, ¿Sabés? Cada vez que me escapaba me atajaba las piernas con él; yo caía. Ya me estaba cansando, iba a darme por vencida, pero él me ató antes y empezó a romperme la ropa. Yo le dije: todo bien, pero sin violencia. O no me escuchó, o no me creía, o no quería hacerlo normal.
Por suerte no me lastimó, pero me chuponeó todas las tetas, el cuello y los hombros. Con mi pomadita mágica en una semana no tengo más marcas.
Lo que me asustó al principio fue su pene, nunca había visto de ese tamaño. Con sus rodillas me abrió las piernas, tuvo la delicadeza de escupirse en la mano y frotar la saliva entre los labios y dentro de mi vagina, pero cuando me metió todo eso grité, me dolió, no pude relajarme. Se movía como un loco, estaba muy caliente, me dijo que tenía leche para dejarmela adentro por un mes o más.
Se entretuvo un buen rato, después acabó como un dios y se quedó medio dormido de costado. Yo me fui desatando despacio y corriéndome de su lado.
La luna le daba justo en la cara; me quedé mirándolo un rato. Asi sereno, no me pareció ni tan viejo ni tan feo, era un rostro viril, muy marcado por el sol. Tenía pelos en algunos lugares del rostro, y tambien rasguños, como quien se afeita sin espejo. La camisa a cuadros des­abrochada, mostraba un pecho y una panza peludas, como te gusta a vos. Sus manos eran grandes, ásperas y brutas, como me gusta a mí. Muy interesante; hasta me dieron ganas de pintarlo algun día.
Se despertó de golpe; asustado. Me paré frente a su cuerpo, que echado junto al arbol, en ese instante parecía la continuidad del mismo. Lo miré con firmeza, hablándole como si el poder no fuera más de él.
- Tranquilo; levantate y seguime, le dije.
Caminé hasta la cascada, sintiendo sus pasos dudosos detrás de mí. A los pocos metros, llegando a las piedras, me quité la ropa, pieza por pieza, de forma extravagante, sin llegar al grotesco. Caminé desnuda unas pocas piedras hasta meterme bajo el agua. Estaba helada pero hermosa, mis pezones estaban parados del frío y me corrí del agua para que me viera. Le ordené que se quitara la ropa y que se acercase a mí. Me obedeció, entonces me quedó claro que quien lideraba en ese momento era yo, aunque cuando lo vi venir hacia mí, con su pene adquiriendo cada vez mas volumen, dudé.
No podía quitar mis ojos de aquel miembro, te juro que nunca vi nada igual. Peludo ¿Sabés? Una línea sensual entre el pecho, la panza y el pubis.
Preocupada con el SIDA, le pregunté si lo hacía con muchas muje­res, me respondió que con la suya, cada muerte de obispo. Le di un beso para que se callara y nos seguimos besando bajo la casca­da.
Se sentó sobre una roca, me atrajo hacia él y como si nunca hubiese visto un par de tetas, inspeccionó con sus manos torpes mis pezones, luego me las masajeó enteras. Después bajó con sus manos hacia mi trasero. Me perdí en sensaciones por todo mi cuerpo; aunque antes de perderme totalmente, quise tocar su pene. Era suave, muy grande, parecía querer explotar en mis manos.
Abrí las piernas y me senté sobre él, despacio, tratando de no perder ninguna sensación. Entró entero dentro de mí y esta vez no me dolió. Acabé al instante por primera vez, luego muchas más.
Miré la luna espiando nuestra escena. Era mi luna obscena. Acaba­mos juntos aullando hacia ella.
Pensé en vos, en que estarías preocupada. Lo creí derrotado y le dije que me iba. Me ordenó sin mucha convicción, a que me pusiera de cuatro. Su voz estaba agotada; yo no había perdido el mando. Le dije que otro día. Le di un beso y me vine.

- ¡Gracias María, gracias! (Le dije a mi amiga, que me estaba obsequiando el guión.)
- ¿Qué te pasa Caty, te volviste loca? No lo puedo creer, ¿vas a usarme a mí, tu mejor amiga?
- Pero sin nombres de lugar, ni de personas. Te lo juro María. Con esta lo cago al imbécil de Pérez.

II

El viernes fui a la ciudad para entregarle el guión. Pérez lo leyó y no dijo nada, lo que significaba que le había gustado.
Esperé un rato largo en la oficina para que me pagaran, no se me había ocurrido que David podría aparecer por ahí. Cuando lo vi, tuve el impulso idiota de esconderme en el baño. Leí todas las consignas de las puertas haciendo tiempo para que se fuera. No había nada nuevo ni original: "Pérez es trolo" "Mario te requiero" " El pueblo unido... " El pedo es un..." Punkis al poder, dejen de joder"...
Mi relación con David fue nefasta, pero aprendí lo más trivial y lo más difícil: "Mejor sola que jodidamente acompañada".
Yo tenía una beca en la escuela de arte. Él estaba esnobando en la escuela de arte.
Mi profesor de armonía era muy armónico y hacía sorteos para determinar los grupos de trabajo. Nos tocó a él y a mí. Juntos.
David me recitó un verso y yo, estaba muerta de sed de poemas. Las únicas referencias de amor y de cariño que tenía, eran papá, Miguel y Diego, el resto fue sexo y vídeo clips, sin drogas.
Hicimos el amor por primera vez andando a caballo. Las víctimas fueron el caballo; inverosímil, y mi pobre brazo que terminó enyesado.
David era bonito, aunque sus labios eran finos, y una bruja amiga decía que había que desconfiar de los hombres de labios finos.
Después del incidente del caballo, pasamos juntos dos semanas hermosas; las únicas de nuestra relación.
Me mudé por algunos días a su casa, debía cuidar mi brazo. Él me ayudaba con las tareas y nos sobraba tiempo para jugar y amarnos.
David vivía en una casa lujosa y grande, con su padre y su tío; lamentablemente conocí a todos muy de cerca, además de un clan muy original de sujetos, que eran sus amigos.
Mi autoestima se esfumó repentinamente en un ascensor del edificio del correo, cuando en una de sus demandas de: "sinohacesloque­quieromevoyparasiempre", lo chupé temblando de miedo y de vergüenza a que la puerta se abriese en ese instante, y me encon­traran con la boca en la masa.
Esta escena y la de abrir los ojos después de mis gritos eufóricos tras un orgasmo, y encontrarme con un público macho de cinco de sus amigos, marcaron el final de nuestro idilio. Nunca me había sentido tan expuesta en mi vida, y me prometí que jamás volvería a hacer eso conmigo.
Cuando salí del baño, David me esperaba. Me preguntó sarcásticamente si le daría mi nueva dirección, o tendría que conseguirla por ahí. Le respondí que la única persona que podría darle mi dirección era yo, y que felizmente hacía algunos meses había recuperado mi dignidad, por lo que no había ninguna intención de dársela.
Su rostro estaba inflamado al punto de estallar. Me preguntó quién mierda me creía que era. Le pedí espacio y aire ya que precisaba respirar, y su aliento hueco y alcohólico me lo impedían.
Me sujetó del brazo fuera de sí, cuando apareció Pérez preguntándole si pensaba comprarle algunas películas. David le respondió gesticulando sin dejar de señalarme, que para qué compraría esa mierda, si tenía el espectáculo a su lado en vivo y en directo.
Ya sin paciencia, Pérez le ordenó que se marchara de su empresa. David no obedeció y comenzó a insultarlo; Pérez hizo una seña, y aparecieron sus tres gorilas; lo arrastraron hacia afuera, y como él no se conformaba, le dieron su merecido.
Iba a agradecerle a Pérez, pero no combinaba con nuestra rela­ción. Él se adelantó diciéndome que no tenía tiempo para perder con pendejos, que teníamos que producir.
Me mostró un proyecto para una nueva productora diciéndome casi eufórico: - Tenés una semana, apenas una, no me enrosques. Traémelo entero y con toques artísticos si querés, es nuestra gran oportunidad.
- ¿Nuestra? Le pregunté. Hizo de cuenta que no me escuchaba y continuó: -Traeme el guión el viernes, me dijiste que Mauá te inspiraba, es el gran momento para demostrarlo. ¡Chau!
- ¿No te estás olvidando de nada Pérez?
- ¿Yo? Ha, sí. ( Metió la mano en el bolsillo con su habitual dificul­tad y me pagó.)

III

Tonto me había olfateada a un kilómetro. Ladrando y haciendo fiestas, fuimos hasta casa; yo ya comenzaba a sentirme feliz. Nunca había extrañado tanto un lugar.
María estaba eufórica y llena de novedades, nos sentamos en la galería con el mate puesto. Comencé yo contándole la parodia de esa tarde con David y el ahora "menos idiota de Pérez". También le comenté que me había encontrado hacía poco con Raúl y Julia, los artesanos, y los había invitado a que vinieran una tarde a tomar mate.
- Ahora te cuento yo. Dijo María. - Voy a empezar por el final para ir dejándote con las ganas. Además quiero aclimatarme porque me da un poco de vergüenza.
Las últimas palabras de María me provocaron un acceso de risa, estaba con la bombilla en la boca y el mate me salió por la nariz. Tras darme unas palmaditas, se concentró en el relato.
- El viejo Tomás estuvo aquí de mañana. Seguramente sabía que te habías ido. Te cuento la despedida.
- Tomás, me gusta hacerlo con vos, pero estoy confundida; tengo pareja y no sé si debo dejarla para que vivamos vos y yo juntos. Se puso rojo como un tomate, y tartamudeando me preguntó como si no creyera lo que había escuchado
- ¿Vi-vi-vir co-co-con-migo?
Me hice la tonta y le pregunté indignada si él no quería vivir conmigo. Tomás, cada vez más cerca de la puerta murmuraba como si alguien pudiera escucharnos que tenía familia, mujer, hijos y que los vecinos y que su yegua...
Lo miré con mi expresión más triste y le dije decepcionada que lo entendía, que no se preocupara por mí, que haríamos de cuenta que nunca nos vimos.
El viejo Tomás estaba a punto de salir corriendo, pero lo sujeté tratando de abrazarlo. Se libró de mí con fuerza, y mientras huía, balbuceaba que era mejor hacer de cuenta que no nos conocíamos. Antes de desaparecer de mi vista, se volvió suplicándome que no lo buscara nunca más. Traté de decirle que nunca lo había hecho, pero ya estaba lejos. Tonto lo siguió ladrándole enojado, como haciendo parte del teatro.
Me puse de pié aplaudiendo a María y gritándole bravo; ella reverenció y me arrojó besos con las dos manos. Después de reírnos un rato, le pedí la historia desde el principio y con lujo de detalles.
- No lo puedo creer Caty. ( Me dijo poniendo cara de enojada) - ¿Vas a escribir otro Guión?
- ¡El último. Te lo juro!
- Juralo.
- Lo juro por David. (María me pellizcó y continuó con su historia y mi guión)
- Cuando lo vi plantado en la puerta con sombrero en mano, lo hice entrar y fui a buscar el Fritolim. Él me preguntó si había mosquitos, le dije que no era repelente, que era “rocío vegetal oleoso en aerosol". Como él no entendía nada, yo agarré una olla y le dije: Tocá aquí adentro. ¿Ves, está áspero? Ahora echale un poco de esto. Acompañando su mano le hice acariciar el fondo de la olla, entonces le susurre bien próxima - ¿Viste que suave? Así no se lastima ni la olla, ni la comida, y podemos disfrutarla con mucho mas placer. Enseguida vas a comprobar como fun­ciona en la práctica.
Fui hasta el mostrador del bar y le ofrecí un trago, él me abrazó por detrás sujetándome los tetas. Yo usaba apenas la camisa de Ernesto, como siempre de mañana. Sin soltar mis pechos deslizó la otra mano hasta los muslos, levantó mi camisa acariciándome la cola. Dijo que nunca había visto una colita tan linda, que se la debía. Se arrodilló y comenzó a mordisquearla. Hubiese preferido que fuera más delicado, pero el tipo es bruto por naturaleza; me adapté rápidamente a la idea.
Se desabrochó y bajó los pantalones a toda velocidad.
- Ahora entra el Fritolim, le dije entregándoselo. Abrí las piernas y me incliné nuevamente sobre el mostrador, le señalé con el dedo donde debía rociar; sentí el aceite entrando. - Ya está bien, le dije. Tomé su pene y lo deslicé por mi cola.
Me rogó que lo dejara metérmela en ese instante, que iba a explotar. Le pedí que lo hiciera con cuidado. Ya te conté el otro día que la tenía muy grande. Me obedeció y pude relajarme.
Nos empezamos a mover cada vez más, hasta que caímos al piso. Me puse de cuatro, estaba frenético; se me quedó prendido como perro en celo.
Acabó dos veces y no largaba, a mí me costaba acabar y empecé a tocarme el clítoris; él se dio cuenta y me remplazó.
¡Que manos que tenía el viejo! Metió un dedo en mi vagina y con el resto manipulaba los labios y el clítoris. Todo, hasta que acabé y él tambien.
Le serví un vaso de vino, no fuera cosa que se me muriera; se lo mandó de un trago. Fui al baño a lavarme y cuando volví lo encontré roncando desnudo en el piso. Lo observé; la luz que entraba por la ventana era fantástica, le puse el sombrero sobre el rostro, un vaso de vino lleno al costado y la botella también, le saqué una foto por las dudas se despertara antes de que pudiera hacer el esbozo en la tela. Trasladé el caballete junto a él, y manos a la obra. Durmió como dos horas, y apenas se movió, rajé con el caballete y escondí el cuadro.
Para disimular entré a ducharme, él apareció en la puerta del baño, me preguntó medio desconfiado que había hecho en cuanto él dormía, le respondí que había terminado un cuadro que tenía pendiente.
- ¡Vení vamos a bañarnos! ¿O no te gusta el agua? Me apresuré para distraerlo del tema.
Lo enjaboné, y él a mí. No me gustó verle el pene laxo, y empecé a chupárselo; no tardó en crecer. Él se movía y yo me atragantaba, le sugerí entonces que hiciera lo mismo conmigo. Se sentó en el piso y encajó mi vagina sobre su boca, me introdujo la lengua entera, me mordía, me comía... me agarré del barrote porta toalla, y quedé con las piernas en el aire, mi eje era su boca en mi sexo. Sentí mis convulsiones de orgasmo múltiple y con las rodillas me aferré a su cabeza apretujándola.
Cuando concluí con mi volcán, quiso que se la chupara nuevamente. Me senté frente a él obediente, después me acosté, y él se puso de rodillas frente a mí, tomó su pene con ambas manos y me lo introdujo con fuerza. El agua caía sobre nosotros y su cuerpo contra el mío hacía efecto sopapa.
Cuando acabó se molestó porque no dejé que me bese. Ya sabés que las despedidas definitivas para mí son sin besos.
- ¿Por qué estás tan segura que es definitiva?
- Porque es lo que quiero. El viejo descargó leche como para el resto de su vida, y con mi argumento final, el que te conté antes, ¿pensás que se me va a acercar?.
- No. ¿Y la pintura? ¿No se te ocurrirá exhibirla en la feria de los Domingos?
- No sé, lo voy a pensar, aunque no hay problema. -¿No te acordás que le tapé la cara con el sombrero?. Podrían reconocerlo por el sombrero... Ese riesgo lo corro.

Esa noche estaba desvelada. Mientras me balanceaba en la hamaca paraguaya de la galería, los pinos me danza­ban una Isadora Duncan. Tonto estaba a mi lado, María dormía con un cansancio de siglos.
Imágenes que no deseaba ver, se habían instalado en el centro de mis ojos. Mis órganos me pedían que las callara, mis nervios me rogaban, algo dentro de mí imploraba, por lo que no tuvo vergüenza y jamás la tendrá.
David volvía, no exactamente él, volvía lo que más odiaba de él en mí misma.
Desde el primer día, cuando sentí su olor, presentí que él sería el peor de mis fracasos, lo peor que podría hacerme a mí misma.
Los hombres que habían estado junto a mí, me querían demasiado bien para mi estado de castigo en la época. Cuando doblé la esquina en torno de la vida de David, estaba retando a muerte mi instinto de sobrevivencia.
Después de las dos semanas de ternura, mientras mi brazo se curaba, conocí a su padre y también a su tío, que no era lo mismo pero daba igual.
Precisaba creer todo lo que David me contaba. En aquel momento era sobre su tío, que volvía de la pérdida de una fábrica de lencería a reiniciarse en el ramo.
Me pidió que me probase las nuevas creaciones. Su padre y él pretendían alentarlo. David estaba seguro que cuando su tío viese sus creaciones en mis formas perfectas, recobraría la autoconfianza.
No vacilé, estaba encantada de poder complacer a David. Me probé la primera tanda de ropa íntima. El tío me sacaba fotos y el padre filmaba. David me contemplaba sonriéndome con dulzura y orgulloso.
Pasé dos horas probándome esa ropa, pasé a no creer en lo que estaba haciendo, pero igual seguí. La mirada de David me acorra­laba. Yo hubiese hecho lo que fuera para tenerlo a mi lado.
María con su tenaz instinto de mujer me lo había advertido, aún sin conocerlo sabía que David era de los que lastimaba y dejaban cicatrices. Sospechaba que ella tenía razón; pese a todo no la escuché.
En el delirio de las copas de champaña que no dejaban permanecer vacías, me cambiaba corpiños, ligas, medias y bombachas... A pesar de estar casi ebria, aún tenía conciencia de que estaba ocurriendo algo ajeno a mi.
Me vi en una gran cama siendo aplaudida por los dos viejos, vi los ojos de David orgullosos y quise que continuase mirándome de ese modo. Caí en la cama muerta de risa. Su tío derramó champagne sobre mi cuerpo, su padre lo bebía, yo reía de mi propia vergüenza.
No recuerdo el momento preciso en que uno de los viejos me estaba cojiendo, apenas recuerdo que el otro lo apuraba por las dudas se le bajase. Tampoco sé cuánto tiempo los dos viejos tardaron en acabar. Mi cuerpo estaba allí, y yo fuera de él, dirigiéndolo como la Madame del burdel a la novata. Odiándome y creyendo que amaba a David, traté de darles el máximo placer.
Cuando estuvieron saciados, desparramados como dos bultos, junté mi ropa y me largué corriendo en dirección al cuarto de David. En el baño vomité mi propio asco sin derramar una lágrima.
En la mañana David me despertó con café y facturas. Apenas lo vi tuve mi primer crisis de llanto. Él permaneció todo el día a mi lado, mimándome, haciéndome creer que nada había pasado y, aunque hubiese pasado, nada había cambiado entre nosotros, al contrario, " ahora él me amaba más ".
Hicimos el amor durante horas y David me hacía sentir una diosa de la lujuria. Plácidamente chupaba mi clítoris, entonces yo sentía que la muerte era un sentimiento de celos por mí placer.
Lo hicimos en la pieza, en el baño, en la cocina, y cuando su miembro agotado ya no le pudo responder, buscó una zanahoria, la lamió soltándole su aliento para entibiecerla y me la introdujo. Fue mi primer orgasmo vegetariano.
Al otro día nos amamos en la inmensa sala, me sentí acorralada en el piano, me penetró por la cola; levantando mis piernas cabalgó sobre mí. Rompimos tres cuerdas, gocé desvariada, no medí mis gritos...
Desperté de mis convulsiones de orgasmo con público expectante de como cinco machos. Quise morirme pero no tuve suerte.
A David se le había borrado del rostro la sonrisa pulcra de "gracias amor" quizás esa expresión diabólica fuese la de siempre; yo la estaba viendo por primera vez.
Mi mirada de odio hizo con que todos, menos dos de sus amigos, se escaparan.
Ellos me llevaron hasta la piscina. En el agua, iba metabolizando mi sentimiento de pasión y de odio por David en energía pura. Mientras chupaba a uno, le entregaba mi trasero al otro.
Con el pretexto de buscar champaña salí de la piscina y corrí en busca del teléfono para llamar a María, fueron pocas palabras; ella entendió todo y me ordenó que me fuera de inmediato.
Lloré sin parar durante dos semanas. Mi respuesta a los llamados de David, eran silencios colmados de fantasías con diferen­tes formas de abrazarlo y asesinarlo.
El día que desperté sin lágrimas, me miré al espejo y a pesar de tener el rostro hinchado, espantoso, me acaricié. Estaba haciendo las paces conmigo. Juré entonces tomar distancia de todos los David de este mundo.
Hace ocho meses, desde esa época, no volví a tener relaciones con nadie.

IV


Raúl y Julia, los artesanos, nos visitaron una tarde y tomamos mate en la galería. Entre María y Julia la sintonía fue casi mágica. Yo me sentí distante de todos.
Al anochecer encendieron un porro. Mi amiga que hacía tiempo que no fumaba tuvo un ataque de risa, la pareja se contagió y yo, que ni fumaba ni tenía ganas de reír los saludé y me fui a la cama.
Al día siguiente María estaba furiosa conmigo, me dijo que había sido desagradable con las visitas, que parecía una vieja amargada. Le contesté que no me molestaban las visitas, que en este momento lo que más me preocupaba era mi trabajo y prefería estar sola para pensar.
Los dos últimos guiones los había plagiado de ella; mi inspiración en el tema estaba agotada.
María no estaba receptiva, no me escuchaba y acabó encerrándose en su abierto atelier. Aunque al mediodía le cambió el humor, entonces me contó que Raúl y Julia vivían juntos hacía tiempo, pero que ya no se deseaban más físicamente. Nunca había existido pasión entre ellos, lo que había en realidad era cariño y compañerismo. Como la convivencia era agradable, decidieron seguir compartiendo la casa, del mismo modo en que lo hacíamos nosotras.
De tarde vino Ernesto, la pareja de María. Siguiendo nuestros códigos tácitos de convivencia, agarré mi cuaderno y me instalé en el jardín. De noche me recosté en la hamaca paraguaya, el tema de mi trabajo no me salía de la cabeza, acabé tomándome dos whiskys y me dormí.
El llanto de María me despertó. Sentí la caricia de Ernesto en mi cabeza y lo vi marcharse.
Mi amiga me contó que habían estado muy bien hasta que Ernesto le reveló que había pensado en la posibilidad de vivir juntos, que se había cansado de juegos...
Hasta ahora entre ellos había existido un pacto de discreción, y María no sabe por qué sintió el súbito deseo de contarle su aventura con el viejo Tomás. Ernesto dio una piña de furia contra la pared, casi se rompe la mano. Le dijo que se iba, y para siempre.
- No me mires así, dijo María, puedo acostarme con todo el planeta, pero es a él a quien quiero.
Durante algunos días las dos nos sumergimos en el trabajo y el silencio.
Un viernes cuando regresaba de la ciudad, subí muy angustiada por el sendero de Mauá hasta la casa. Le había entregado a Pérez mi último y esforzado guión. Mi amigo Javier, ex pareja de Pérez, me consiguió ese trabajo. Ambos sabíamos que era temporario, yo precisaba de dinero, me sobraría tiempo para escribir nove­las o teatro.
El tiempo ya no me sobraba, lo perdía con los guiones que al principio escribía en poquísimo tiempo.
Raúl y Julia estaban en casa. Apenas llegué fui clara y creo que mi expresión también lo era. Les pedí que me disculparan, que precisaba estar sola.
Julia se levantó de un salto y se fue diciendo que a ella le pasaba lo mismo. María la siguió.
Raúl me dijo que no me preocupase por él, que el silencio no le molestaba, que hiciera de cuenta que era un árbol.
Pasamos la noche en la galería, cada uno sentado en su reposera. Amanecimos despiertos, compartiendo un silencio desbordado de voces íntimas. Cuando el sol acarició el árbol más cercano, Raúl se levantó, me dio un beso y se fue.
No sabía el motivo pero me sentía leve y fuerte, como si hubiese deshollinado mi alma. Al rato llegó María. No podía creer que no hubiese pasado nada entre nosotros, le respondí que pasó algo, pero en una dimensión que yo no sabía explicar.
Mi amiga me contó que Julia aprovechó mi desahogo para darse cuenta que también precisaba desahogarse. Tras llorar un buen rato, le confesó que su vida sin pasiones y sin sexo la estaba agobiando.
Pese a no haber dormido me sentía bien, y María cambió de humor cuando le conté que había llamado Ernesto.
Preparamos un almuerzo especial, brindamos por ningún motivo con vino tinto, y volvimos a reír como siempre.
Esa noche soñé con gente que se moría de hambre y mujeres anoréxicas. Al despertar escribí el sueño; no supe interpretarlo, pero me puse a inventar marcas de pantalones número 44, 46, etc., para mujeres rellenas y fábricas que no apuestan en colas pequeñas. Hice comparaciones entre la Maja de Goya y una Maja raquíti­ca. Jugué con los prejuicios del cuerpo, y escribí el testamento de una joven: había dejado de comer hacía un año para poder vestir la marca de moda y, pese a estar piel y hueso, su esqueleto era grande y no entraba en ninguna.
Registré una de las marcas que inventé. María me hizo el dibujo que precisaba para presentar mi idea: " Olivia y Jessica de Roger Rabit, mostrando sus colas dentro de vaqueros con mi marca.
Mandé correspondencias con la idea a casi todas las fábricas del género que encontré en la guía.
A la semana me llamaron de Pondy, compraron mi marca y mi idea. Me contrataron para hacer toda la campaña de marketing.
El contrato era por seis meses y podía trabajar en casa. En dinero superaba lo que podía imaginar. Precisaba de una computadora con Internet y Fax. Si prescindieran de mí, pasado el tiempo de contrato, podría vivir durante un año sin preocuparme, dedicándome apenas a escribir lo que me gustaba.
El día que me contrataron, tío Al volvía de Europa y nos vino a visitar. Las dos estábamos eufóricas y felices. Él creyendo que estábamos así porque había vuelto. Aprovechando su alegría le pedimos el dinero prestado para comprarme las máquinas. En un mes se lo devolvería.

V

Encontré a Raúl una tarde mientras corría por el campo, le conté sobre mi trabajo, también le dije, aunque se me notaba, que había engordado, que no volvería a encoger, y que así me sentía bien.
Él respondió que le parecía bárbaro, aunque no entendía por qué se lo decía. Yo tampoco lo entendía, creo que estaba enmascarando la emoción de verlo.
Se acercó y me besó en los labios, yo me acerqué y lo besé también. Sin apartar sus ojos de los míos, desabotonó mi blusa, luego el cierre de mi pantalón... nuestra ropa fue cayendo sin prisa, como hojas muertas. Nos abrazamos desnudos y temblamos arrítmicos hasta convertir nuestros latidos en una percusión mágica. Bailamos besos por nuestros cuerpos, al oriente y al occidente. Las caricias nos surgían como si conociésemos nuestras libidos, de esta vida y las anteriores.
Cuando entró dentro de mí, grité mi amor y mi rabia de siglos, me sentía clara al punto de reconocerme también oscura. Cabalgué sobre él con mi vagina expuesta a la vida. Nuestros gritos sacudieron la serenidad del bosque, pero en ese bosque estábamos apenas él y yo. Terminamos en un abrazo de cuerpo y alma y hasta hoy no pudimos separarnos.

VI


María sigue luchando para no entregarse demasiado a Ernesto. Entre idas y vueltas, algún día se encontraran, en la ida o en la vuelta.
Julia es amante del viejo Tomás. Después que María le contó su aventura, ella buscó un camino rápido para encontrar la pasión, o el sexo.
Tío Al nos visita frecuentemente, acompañado por Pérez...
David se convirtió en Pastor de la Iglesia Universal. Su padre y su tío trabajan para él en la Vía Dolorosa, alquilando piedras y cruces a los fieles.
Sexo es sexo, somos todos capaces de realizar algún día nuestras fantasías, al final dicen que el clítoris fue descubierto recién en el año 1500...
Las historias nunca son redondas, no sé lo que vendrá después.

Isabel Estercita Lew (São Paulo/ Buenos Aires 1998)

viernes, 17 de octubre de 2008

Al y Ar


Al que era Ar que era Al, de convencional, que era Al de terminal, de pasional, de digital, de bilateral, también de Ar de argentino, Al era así nomás, de tan sí que más que quererlo a veces. Al me conventilló me despelotó y por un tiempo lo amé. Tres días intensos, inmensos, nunca lo olvidaré. Al que sos Ar de argentino, me cansás, me fastidiás, no te soporto más, quiero del alivio aliviarme de Ar, argentino, Al, mi destino trivial.

Isabel Estercita Lew

miércoles, 8 de octubre de 2008

Verbos



Mi guitarra me hizo la gamba y nos acordamos de esta canción que compuse cuando vivía en Brasil, creo que el "el" era de alguna provincia de mi Argentina, o de España, o que se yo. El caso es que aquel día estaba castellanamente configurada. Cuando me ponga las pilas aprendo a subir la grabación al blog y estoy segura que destrozaré corazones y oídos.






Verbos


Vos me hablas en tantos verbos
me sabes conjugar en pretérito
me empujas al futuro perfecto
y no sé de tiempos ni verbos.

Pero si el presente es un verbo y un tiempo
solo sé conjugar en ese verbo
solo se amar en ese tiempo
solo se sentir lo de hoy.

Y así tu mirada explota lejos
se escapa en un tiempo que no es ahora
por eso no te escucho y me alejo
y me quedo conmigo en mi tiempo.

mis sentimientos, mi amor, no tienen verbos
el verbo es una soga atada al cuello
detrás de tantos verbos se oculta lo bello
yo soy todo lo que soy en este momento.

Las mirada se disuelven en tiempos y verbos
los ojos se escapan y no son mas los nuestros
los cuerpos se esconden, no pueden florecer
y hacer el amor así parece una estupidez.

Pero si el presente es un verbo y un tiempo
solo sé conjugar en ese verbo
solo se amar en ese tiempo
solo se sentir lo de hoy.


Isabel Estercita Lew (1985)

sábado, 4 de octubre de 2008

Cantá, siempre cantá


Mientras me bañaba se me dio por cantar "Garganta con Arena", el tango que le hizo Cacho Castaña al Polaco, el caso es que me encantó hacerlo y mientras le daba un tiempo a la crema enjuague en mi cabello para que haga, según dicen los fabricantes aquel efecto de brillo, suavidad y todo ese boludeo, abro la ventanilla que da al predio de Telecentro, que siempre están reformando y que linda con mi casa, para que se desempañe el vidrio del espejo. Así en bolas y de pelo encremado me pongo a representar a una cantante poseída de amor por Goyeneche, repito varias veces el estribillo… Canta garganta con arena tu voz tiene la pena que Malena no cantó, canta que Juárez te condena al lastimar tu pena con su blanco bandoneón. Canta, la gente está aplaudiendoy aunque te estés muriendo no conoce tu dolor. Canta, que Troilo desde el cielo, debajo de tu almohada un verso te dejó… cuando de repente se aparece él… no, mentira, eso fue después, ese es otro tango… Cuando de repente otras voces comienzan a corearme, son las mismas voces guaraníes de los operarios de Telecentro que escucho con enfado en mis momentos de intimidad escatológica. Voces maravillosas me corean en guaraní Garganta con Arena. Cierro el espejo o la cortina para que no me vean, aunque lo cierto es que la voces salen de la ventanilla que está a mis espaldas, del lado opuesto al espejo, pero fue un acto reflejo que aunque rime no tiene nada que ver.
Paré de cantar, me enjuagué los ojos como si fueran mis oídos, me agaché como si las voces pudieran verme, sin embargo las voces no se embargaban, continuaban, se encendían como buscando la mía. Me incorporé y seguí cantando mientras me enjuagaba, mientra el teléfono sonaba y el contestador atendía y me dejaba un mensaje que podía escuchar… era la voz del Polaco Goyeneche que me decía: cantate un tango más. Ya ves, la noche se hace larga, tu vida tiene un karma, cantá, siempre cantá.

Isabel Estercita Lew y el Polaco

viernes, 3 de octubre de 2008

El reverso de mi verso




Hoy como todos los jueves fui al taller literario de la Biblioteca Nacional. Me gusta el loquito del escritor que coordina el taller, Vicente Batista, la cagada es que siempre llego tarde. Por eso hoy me había prometido no hacerlo y salí una hora antes de casa.
Me tomé el 110 que de pedo llegó enseguida y antes de las seis ya estaba en la Plaza del Lector. Entonces para hacer tiempo me senté a escribir el verso inacabado, aquel que siempre estoy por terminar pero nunca termino, es un tipo de verso que tiene reverso y es en el reverso donde me detengo, tacho y vuelvo a escribir desde el principio. A veces me cansa mucho y lo amenazo con prenderle fuego, pero ni chispea, al contrario, me enfrenta inspirado, me dice cosas tremendas, me toca, me besa, me grita, se calma y me invita a una copa. Entonces me conversa manso e insensato, como a mi me gusta porque tiene música, la puedo escuchar, me hace volar y subo con él por el concreto del predio de la biblioteca, hay mucho cielo, no miro hacia abajo, en el horizonte está el río y hacia allí me dirijo con mi verso. En aquel momento totalmente excitada le hago el amor. Es todo tan hermoso, no quiero que acabe, mis orgasmos no tienen límites, pero los del verso sí. El reverso se me perdió nuevamente.
Entré al taller con mi rostro ardiendo, ya había comenzado, estaban discutiendo o rompiéndole el culo a un cuento de alguien. Nuevamente llegué tarde y esta vez no me atreví a preguntar.

Isabel Estercita Lew

martes, 30 de septiembre de 2008

Mi Sombra


El otro día cuando volvía a casa me di cuenta de que me faltaba la sombra.
No sé si había desaparecido ese mismo día o antes, porque son pocas las veces que la controlo.
Entré corriendo a casa y la busqué por todas partes. Improvisé con una sábana colgada del techo y una lámpara un escenario chino. Hice morisquetas y movimientos ridículos durante dos horas, pero nada de mi sombra.
Esa noche me dormí triste y aliviada. Triste porque me había abandonado y aliviada porque tendría algo menos para cuidar.
Al día siguiente la encontré en el espejo mirándome burlona. Estaba vestida de mí y yo le quedaba muy bien.
La corrí por toda la casa para atraparla. Una sombra cretina como esa no podía andar suelta por ahí.
Cuando estaba por atraparla se me escabulló metiéndose nuevamente en el espejo.
Como un toro en la arena raspé mis pies contra el piso, de un envión decidido salté sobre ella, y me rompí la cara.

Isabel Estercita Lew

domingo, 28 de septiembre de 2008

Nasceu pra mim


Você nasceu pra mim
seu corpo ofegante é meu
me leve com sua música
estou morrendo sem seu som
Você nasceu pra mim
não duvide
sinta-me sou seu violão
suas cordas, suas loucas
suas entranhas e seu fôlego
sou seu tudo
suas amadas desmioladas
você nasceu pra mim
eu só nasci
escutando sua música
amo você antes de nascer
e morrendo vou te amar
quero uma chance
quero um lance
quero essa coisa amorosa
quero suas caricias
aqui, agora e depois
quero suas caricias
quero seus sons
quero tudo de você.

Espero acordarme de estos acordes mañana, mi grabador se quedó sin pilas, carajo, soy una dama de honor y mi viola tiene piloto automático.

Isabel Estercita Lew

KING-SIZE


Él tiene una king-size y la sabe usar, a mi me gusta su tamaño y su esplendor. El problema de su king-size esplendorosa es que después de la primer encamada se le vencen los resortes y le toma un tiempo que no es el mío para volver con toda su pompa, pero ya no es lo mismo, entre cigarrillos, duermevelas y charlas, sí entre charla y charla el fulgor se va opacando y empiezo a notar de que hace casi media hora empezamos a envejecer. Por suerte los espejos deformes del techo despabilan mi imaginación, y veo una bella pintura de cuerpos arqueados, ensamblados y casi perfectos embelleciendo, silenciando las palabras, entonces arqueo al máximo mi cintura, espalda y culo hacia él, para que me muerda el cuello, para que sienta mis ancas dispuestas a todo, para que calle el sonido de sus palabras y le de lugar a los sentidos, porque entonces nos entendemos, sí, así él, su king-size y yo nos entendemos, pero eso no lo digo, nunca se lo dije… una dama como yo no debe decir esas cosas. Esto es fantástico, acabo de descubrir que soy una dama, más que eso, soy una dama de honor.
Pasó un tren, pasaron dos o tres. Me encanta el sonido del tren que pasa por la estación Caravelle, tiene un sonido de jadeo parecido al nuestro. Pena ese teléfono de porquería anunciando que faltan 15 segundos o minutos para abandonar su king-size, pena que el sonido de las palabras y yo sacando las tiras de seguridad del inodoro, posando mis ancas bien usadas, maldiciendo el poco tiempo.
De las manos por la Niceto Vega se siente el olor a parrilla, tengo ganas de abrazarlo hasta desmayarme pero no puedo, soy una dama de honor. Soy una bien cogida reprimida.
-Querés comer algo, me pregunta él llevado por ese aroma tan argento de asado.
-A mí la carne no me gusta, a no ser que esté bien pasada y no tenga gusto de carne, pero me comería un buen chorizo, sin pan, claro, porque engorda, le respondo.


Isabel Estercita Lew

sábado, 27 de septiembre de 2008

Una configuración difícil


Que duro es configurarse, hace diez terapeutas que me vengo buscando y no me encuentro. Cuando estoy con la freudiana, o con la gestáltica, me configuro en castellano, porque estoy viviendo en Buenos Aires o España, pero acabo hablando en portugués. Y cuando estoy con las jungueanas o reicheanas brasileñas, acabo hablándoles en porteño, o asturiano, o entrerriano.
Menos mal que no viví por otros pagos porque sino ya estarían internadas, perdón, yo estaría internada. No me interpreten este desliz, licenciadas, al final no todo es interpretable. Por ejemplo esta noche me eché un polvo supremo, y les juro que no recuerdo en que idioma lo hice, pero lo hice, aunque fue soñando. Sí, estaba soñando con un gran pene que me penetraba y cuyo rostro no recuerdo, pero volviendo al sueño, creo que el rostro no era muy importante, lo que se me olvidó y estoy tratando de recordar es si era circunciso o no, es que para esto también me hago un quilombo. Realmente un prepucio más o un prepucio menos no me cambiaría ninguna configuración, pero a veces esto de la imagen materna o paterna… que sé yo… marca alguna diferencia, no es que me voy a configurar en pija judía o no, pero me encantaría darles alguna alegría a mis padres, sobre todo ahora que ya están viejitos. Pensándolo bien, se alegrarían de verme con un negro grandote, de cualquier nacionalidad, de cualquier religión o secta, se alegrarían de verme con una mujer casada, viuda o lo que sea. Se alegrarían de verme.
Traté de configurar el sueño, pero eso no fue posible, sobre todo cuando me penetraba y el resto no importaba, cuando me masturbé sentada recordando el sueño, cuando quise hacerlo real y fue posible. Basta de dedos me gritan mis terapeutas. Todas ellas me gritan. ¡Basta de lenguas!
Sin lenguas no soy nada. ¿Será que pueden entenderme?
Ya no me configuro, me corté las lenguas, los prepucios… no quiero más terapeutas.

Isabel Estercita Lew

miércoles, 24 de septiembre de 2008

JAQUE MATE


Si pudiera nacer nuevamente los retaría a duelo
Si pudiera nacer nuevamente, no perdería el tiempo
Si pudiera nacer nuevamente me instalaría en tu cama
escogería ser muda y te escogería sordo por las dudas.
Si pudiera nacer nuevamente, decidiría lo que decidí ahora
que ya es tarde, aunque la dicha es buena y todo eso
Decidiría hacerte el amor como lo hago
decidiría cambiar las torres, peones, marfiles,
reinas, reyes y jaques mates
Hoy ya conozco el juego
También lo conocen los reyes
¿No ves que nos hacen jaque mate?

Isabel Estercita Lew

Condenada a saudade


Eu estou amando o samba
Eu estou amando a cor
deste céu cinza por força
da danada poluição

Eu estou amando o homem
eu estou amando o mar
desta terra brasileira
que se agita em carnaval

Tão pertinho está minha terra
que também sempre amarei
condenada a saudade
onde for que estiver

Mas os homens são os mesmos
cada um com sua dor
cada um com seu sorriso
e também sua canção

Apesar do meu sotaque
me dê um tempo eu chego lá
estrangeiro é quem não ama
o lugar onde ele está

Tão pertinho está minha terra
que também sempre amarei
condenada a saudade
onde for que estiver

Isabel Estercita Lew

(Música feita em São Paulo, ou não, em alguma balada eterna,

não lembro da data, mas isso não interessa, não é?)

viernes, 19 de septiembre de 2008

Otra marcha


18 de septiembre, una marcha más. Esa larga lista de adhesiones, que parece no acabar nunca. Avenida de Mayo, potente, majestuosa, un verdadero ícono de la protesta, un verdadero ícono de la historia y de tanta gesta. También un ícono del tango, de la preservación, salvo algunos injertos molestando e hiriendo poderosas cúpulas en belleza.
Entre esa epidemia de palomas, el cielo siempre raro, carteles de partidos, movimientos populares, de derechos humanos, murgas, altavoces, panfletos y pancartas, volvió a desaparecer López. Aún cautivo o bajo tierra, Julio López faltaba en la consigna, faltaba entre los pies que andaban y se detenían, Julio López faltó a esta fiesta porque la política es una gran mierda que nos va llevando al baile que más nos sienta.
En una de esas paradas que los de atrás nunca sabemos por qué carajo se para, un mendigo remendado y alcohólico se mezcló entre pancartas y tambores, bailaba torpemente y se sentía parte de lo que no era, ni por derecha, ni por izquierda, nunca sería parte de nada, aunque quien baila no muere tontamente. Así son las cosas me dije mientras sujetábamos el largo cartel más bonito de filas con el rostro de López dibujado en gris, con una consigna clara y personalizada, sin personerías ni partidos adjudicándose el mérito, lo que no nos hacía mejores ni peores, apenas mejor luqueados. Así son las cosas me dije nuevamente y seguí marchando, contra el viento del río…
¿Dónde está el lingera? me pregunté, supuse que estaba buscando un baño, supuse que se estaba meando encima. De la Confitería Moncloa ya lo habían rajado, me enteré. Quería saber donde estaba el mendigo, quería que no desapareciera, necesitaba que no desapareciera, necesito que nadie más desaparezca.

Isabel Estercita Lew

domingo, 14 de septiembre de 2008

Mãe


Mãe eu vejo os trigais
como se fossem o espelho
de um sol atordoado
e eu estou atordoado
mas não permaneço atento

Enxergando meu presente
não apresento maiores dificuldades
em minha respiração
meu coração bate, bate,
num ritmo, xeque-mate
meu pulso esta normal
o soro esta acabando
mas não interessa

mãe não interessa, não me peça,
nem me reza nem me esqueça

Mãe me embrulha de folhas
verdes fresquinhas do limoeiro
do nosso quintal
Me tira essas folhas, mentira e loucura
tão cinzas e escuras
folhas de jornal

Mãe eu vejo os trigais...

Isabel Estercita Lew

(Música que fiz para a peça "Papel de Jornal"
Grupo de teatro itinerante Galo de Briga.
São Paulo, ano... meninas, não estou lembrando o ano, vê se vocês lembram)

viernes, 29 de agosto de 2008

Lágrimas Genocidas


Te están juzgando villano
te están juzgando asesino
te están juzgando con piedad
a vos que nunca la tuviste
a vos que nunca tuviste decencia
a vos no tenés remedio
a vos generador de espanto
a vos te dan la voz
y te caen lágrimas de asco
los civiles te dan asco
la justicia te da asco
extrañas tu picana
aquellos orgasmos fantásticos
que sentías con sus sufrimientos
llorá tu asco, asqueroso
llorá tu impotencia
y si estás gozando ese veredicto estúpido
que te quedás en casita
al final de cuentas aquí no ha pasado nada
te equivocás, bestia
no hay olvido ni perdón
vas a tener que inventar nuevos llantos
se te van a paspar las bolas
te va a supurar la hemorroide
y a ese cable que te entra por la nariz
le van a nacer ratones
y te comerán las entrañas
y vas a estar vivo para sufrirla y contarla
y llorar como un milico infame
sí, Bussi, vas a llorar por tu escroto podrido
vas a llorar la independencia de tu operativo
vas a llorar villano
vas a llorar por todos mis hermanos
cuando quieras ver el sol
te estaremos esperando, infame!

Isabel Estercita Lew

martes, 26 de agosto de 2008

SER TUYA


...ser tu caballo salvaje y que me montes a pelo
cabalgarnos aprendiendo a no caernos de este vuelo
quiero ser tus noches, tu sudor, tu sonrisa, tu espanto
ser tu dueña y tu esclava, tu loca, tu bronca, tu amada
tu concha, tu espada, nuestras pieles pegadas,
tu ruta, tu gruta, tu puta.
tu comida preferida, y vos mi tatuaje angelical,
demente, crucial
ser y danzar en tu cuerpo hecha bailarina
que salta, se transforma, se alucina, se ilumina
agarrarte, refregarte, deshacerte y hacernos
en noches y días sempiternos de siempre tiernos
y cuando los músculos exhaustos
ser tu control remoto inmolado, tu tele fuera de sintonía
ser la músicas preferidas de tu oído sordo
y que seas mi tordo, cuando la locura me duele
y que me sanes, sana culito de rana
sin rana mi culito hazañas, farra, reclama.
ser juntos la manzana mordida, la herejía
la moral perdida, la trasgresión
sin perder la ternura jamás
toda la pasión
vos y yo!

Isabel Estercita Lew

jueves, 31 de julio de 2008

De Exilios y Otras Perversidades


Era una vez un día



Era una vez un largo día de versos secos, pegajosos y anémicos,
era una vez día largo,
quizás el día más largo de todos los días,
era un día tremendamente monocromático,
era un día exactamente, especialmente e indudablemente...
Rojo.
era un día tremendamente monotemático,
de poquísimas palabras, casi una.
de infinitamente repetidas
una palabras,
de casi nada, de casi todo,
de una sola palabra fatal, cabal, arrogante.
era una vez un día tremendamente monotemático
tremendamente
Muerte.

Era una vez un día carretera sin rumbo,
sin despedidas, sin abrazos repartidos ni partidos,
Era una vez un día que de la noche al día amaneció en otro idioma.
en otro cielo, en otro miedo, en otra música,
en otros colores, en otros dolores.
Era una vez un viaje sin equipaje, sin documentos, sin postales,
sin alojamiento, sin vuelta clara, sin idea de regreso.

Era una vez una muchacha de largos cabellos castaños,
de ojos color del tiempo
a veces verde botella
a veces verde botella vino moscato,
genéticamente enferma de poemas,
recurrentemente enferma de oleos y guitarras.
Era una vez una muchacha insensata contradictoria que algunos días amaba la vida,
que algunos días se amaba,
que algunos días de tanto miedo al amor se valium-mataba...
Era una vez una muchacha que se fue de viaje sin equipaje,
que arrancó sus largos cabellos castaños,
que no alcanzó a secar sus ojos color del tiempo
a veces verde botella
otras verde botella vino moscato...
Era una vez una muchacha, un viaje sin equipaje,
un 76 monotemático, monocromático

Rojo... muerte...
o, y,
viceversa.

Isabel Estercita Lew

sábado, 12 de julio de 2008

FOSA COMÚN


Cierro mi alma y mi todo
la vida anda a tropezones
la muerte vibra en conclusiones
dónde, cuándo, cómo?
La indiferencia
el desfalque de la esperanza
y vos a mi lado
al pie de la letra
letras muertas
date cuenta
somos fantasmas molestos
modestos
fosa común
algo que ver con nuestra ideología
Ya no recuerdo nuestra ideología
recuerdo que palpitabas
que gritabas y gemías
Entonces te callaste
Nos rompieron la piel y los huesos
estamos juntos
fosa, fosa común
Ya te lo había dicho si dios existe es un mal bicho
Y estas locas nos siguen buscando
hasta la muerte
hasta la vida.


Isabel Estercita Lew

lunes, 30 de junio de 2008

SI ALGUIEN TIENE ALGUNA INFORMACIÓN SOBRE MÍ

Si alguien tiene alguna información sobre mí, remítamela.
Desconozco mi dirección, mi afiliación, y cualquier otra cosa sobre mi persona.
Mis imágenes se han borrado, la única nitidez que poseo es un cuadro que no dejo de observar y que me observa. El timbre de la casa donde me encuentro no deja de sonar, tampoco el teléfono, todos quieren hablar con vos, pero yo no te conozco.
Tengo un tatuaje en la pantorrilla, un cabello que me molesta y me lo recojo todo el tiempo, una uña encarnada en el dedo gordo derecho, un acuario aquí a mi lado con un par de peces que parecen querer comerme. También hay un ataúd pequeño del otro lado de la sala, pensé en abrirlo pero no me animé. Hay muchos libros tirados por el piso y otros tantos en un estante, una jeringa sobre una mesita ratona, aquí mismo en esta sala, una guitarra y pentagramas sobre el sofá, la primer cuerda está rota. En este lugar hace mucho frío, el timbre y el teléfono no dejan de sonar, yo no me atrevo a atenderlos.
Si alguien tiene alguna información sobre mí, remítamela.

Isabel Estercita Lew

martes, 13 de mayo de 2008

Ellos de uno


Él, que era un él, una ella, un ambos
de ningún modo una múltiple personalidad,
deseaba más que nada hacer tanteos de aproximaciones
que podían ser amores,
eso, más que todo.
Y en los arrabales dónde todo es inmenso,
denso, suspenso, intenso
se sumergió como el iris en la mirada.
Paseó por la morfología de la noche
aclarando la oscuridad de sus pálpitos, palpitaciones.
En una de aquellas habitaciones,
se encontró jadeando, moliendo colchones,
rompiendo eslabones, triturando doctrinas.
El pecho de una vecina se le ofreció abierto
inmenso, denso y deshecho,
mamó cuanto podía fecundó cuanto tenía.
El alma de una pena lo llamaba a la indisciplina,
sacudieron polvos
bebieron morfinas
cuando en el arrabal amanecía
la calle de los despojos despojaba a sus víctimas.
Él, ella, ellos, guardaron sus carnavales
y como solitarias y heladas vitrinas
donde se espeja el gélido vacío
alzaron las miradas
y retornaron a sus nadas.

Isabel Estercita Lew

Reinaré sobre mis sueños


Deseo reinar sobre mis sueños
tomarme vacaciones vitalicias de la pesadilla
pintar un mundo sin reyes
poblado de principitos
poblado de princesitas
descarados, libidinosos
con consignas precisas
precisamente ardientes

Quiero ser la mano loca
de un cotidiano de caricias
comer con placer
saborear cada bocado
y chuparnos los dedos
ser miembro activo de la felicidad
votar por la vida
que el sexo no sea militancia...

Deseo que el mundo sea una gran movida
movida de lenguas, dedos, manos, pieles
Que tu mano se haga de millones de dedos
y me recorra sin disciplina, sin piedad
y sin tiempo...

Isabel Estercita Lew

martes, 6 de mayo de 2008

Culinaria


Cuando escuchó el giro de la llave en la cerradura miró hacia la puerta y movió su cabeza, ora para un lado, ora para otro, típico movimiento del perrito frente a cualquier sonido extraño y sobre todo con la expresión de yo no fui, típica de ese perrito que mueve la cabeza.
Sabía por orden y con exactitud las frases que él usaría.
- Buenas noches querida. (Sin traducción)
-¿Qué me preparaste para cenar?
Traducción: Después de no haber hecho nada durante todo el día espero que me hayas preparado una buena cena.
- ¡Deja de decir pavadas!
Traducción: Si llegué tarde porque estuve con otra, es cosa mía, ahora estoy aquí y quien paga las cuentas soy yo.
- Si no quieres, no lo hacemos; ya sabes lo que pienso, pero la decisión es tuya.
Traducción: No quieres tocar el dinero que tu padre dejó en caja de ahorro. ¿Para qué mierda la necesita en el geriátrico?
- No me rompas las bolas. Ahora no, lo dejamos para mañana.
Traducción. Acabo de llegar del trabajo, estoy cansado y tu quieres hablar y hacer el amor, es demasiado…

Aquella noche ella le había preparado una comida irresistible. Con lo que le gustaba comer a su marido gordito, pensó, con estos ravioles a la salsa de queso y espinaca, mi gordito podría eyacular sin protocolos. Tomates frescos, morrones, albahaca, mucho ajo picado, tres Valium 10, aceite de oliva, especias, camarones al vino blanco, cinco Valium 10.
El aroma lo había enloquecido, y él le prometió el mundo en la cama.
Una entrada especial: Cóctel de langostinos con palmitos, salsa golf y seis Valium 10.
El marido quiere hacer el amor de inmediato, le dice que la desea, aunque no quiere desperdiciar el maravilloso trabajo de su mujer, por lo que le propone comer primero. Ella no come, lo mira como si le diera placer verlo comer tan feliz, y le sirve un vino chileno Siete Valium 10. Frutillas con pimienta ocho Valium 10.
De repente él cae dormido sobre la mesa, entonces ella piensa que él nunca cumple lo que promete, porque ahora que se comió todo duerme como un chancho, o como un ángel, o como un ángel chancho, continúa mirándolo, ahora quizás, con cara de perrito que se quedó sin dueño.

Isabel Ester Lew

domingo, 27 de abril de 2008

El juego de Lew


En aquellas barricadas burguesas de cuando los medios agendan lo de siempre, lo redituable: o estás de este lado o estás de aquel… o este impresentable croto o aquel otro impresentable glamoroso, el cura proxeneta o el proxeneta ateo, el violador pobre o el zarpado rico, choque en las rutas o la calle no es de las putas, inseguridad segura o inseguridad desprolija?
Y como siempre y además, todo esto se remonta obviamente a los intereses financieros de los medios que nunca están en el medio, valga la redundancia, el medio está de acá o está de allá, según la bolsa de valores. Lo gracioso es que para variar Luís Jaime Gomes Lew, no estaba ni de acá ni de allá, ni con este ni con aquel, estaba jugando como siempre al tatetí consigo mismo y para variar ninguno ganaba, pero como suele suceder en estos juegos cantados, el uno de los jugadores que también era el otro, tuvo un brote de aburrimiento y se distrajo mirando la tele y aunque nada le cuajaba lo tomó como un juego diferente, fue cambiando de canal a velocidad luz y veía todo de lo mismo en cámara rápida. Se rascó un huevo, pensó que hacía tiempo que no visitaba un prostíbulo, se tocó nuevamente, pero un poco más pensando en aquellas bellas chicas; eyaculó y volvió a jugar consigo mismo al tatetí como hacía un rato, como hacían todos.

Isabel Estercita Lew

miércoles, 16 de abril de 2008

CHICO PATA DE INDIO Y NOSOTROS


A las cuatro de la tarde cuando el sol comenzaba a bajar, Chico Pata de Indio, el vendedor de panchos, dejaba sus últimas salchichas friéndose al sol, allí mismo, en la playa de Salvador de Bahía, y se juntaba a su equipo de fútbol de arena.
Él y su equipo siempre le ganaban a los turistas, sean de Río, Sao Pulo, Brasilia, o a “los gringos”, como les decían a los uruguayos, argentinos o chilenos; después de todo nadie sabía correr como ellos sobre la arena, donde probablemente habían dado sus primeros pasos, en cambio los otros por mas animales que fueran, siempre serían animales de asfalto, por mas atorrantes que fuesen, serían atorrantes de concreto, ellos eran vagos salados, que habían dormido siempre bajo el cielo abierto de la playa, a no ser cuando lo hacían en la cárcel. De cualquier forma fútbol era fútbol sin herejías, las transgresiones jamás se hacían en ese lugar, porque hasta el más bandido tenía sus principios y en el espacio en que se realizaba el juego las normas eran sagradas.
Mi amigo el Gurí era uruguayo como yo, vino por aventuras y se fue quedando de curioso, además era músico y su sueño era conocer y tocar junto a Vinicius de Moraes. El Gurí quería ser un tipo de compositor capaz de ganar el cariño de cualquier mujer, le faltaba que lo descubrieran además de una buena guitarra. Mi amigo se fue quedando en Bahía, se hizo amigo de Chico Pata de Indio y yo por ósmosis. No fue fácil ganarme el respeto de Chico y su grupo, para ellos yo tenía tres defectos terribles: ser mujer, lesbiana y según decían ellos, más fea que gallina desplumada. Como no elegí ninguno de esos tres defectos, no me molestaba en absoluto lo que ellos pensaran, y quizás por ese motivo me aceptaron.
Pata de Indio, no era exactamente lindo, pero atraía por su cabello rasta, negro y dorado, los rasgos mestizos, “europeonegroindio” los músculos hechos a pesas cotidianas, y la energía nata que provee el cielo azul baiano, su mirada que por deshonesta acababa siendo sensual, sus pies de arena.

Fernanda fue la mujer más hermosa que había visto en mi vida, eso fue lo que también sintieron el Gurí, Chico y los otros. Venía de Recife para trabajar en el Bar do Farol Vermelho del Cerdo Guimaraes, como llamábamos a su dueño. Era un portugués rechoncho y sucio, del cual no se salvaba ninguna joven que viniese a trabajar con él, eran siempre muchachas pobres entre doce y dieciocho años, que él mismo reclutaba de las regiones más miserables del norte de Brasil, donde las familias abarrotadas de hijos se libraban de una boca y preferían ignorar los detalles del trabajo, más aún con la esperanza de recibir algunos cruceiros mensuales.
Llegó con un vestido azul, tenía pocas palabras y ojos violetas, Fernanda era la del sexo hecho pero jamás dicho. Tenía olor a semilla de girasol, y a pimpollo germinando; Fernanda volaba sin tener alas, sabía a frutilla de mañana, y olía a ron y whisky barato de noche... ojos violetas que amaba a Guimaraes cuando le pagaba, porque el Cerdo entre bebidas que servía y cobraba a sus clientes regaba a Fernanda, depósito de su semen. La muchacha perdió dos reglas, porque Guimaraes la retribuyó mejor para hacerlo sin forro y le dejó el vientre solo, el vientre oscuro. Fernanda abortó su corazón y no lloró pues no sabía.
Lloramos casi todos por ella. A esas alturas, todos la querían, pero la diferencia coincidía entre el Gurí, el Pata y yo, que no la queríamos, sino que la amábamos desesperadamente.
La guerra ocurrió una noche a las 12, en el lugar donde jugaban al fútbol, fue un duelo de pobres donde vale todo; el Gurí se plantó en posición de boxeo y Chico de capoeira, nuestras palmas entre eufóricas y nerviosas acompañaban el ritmo del birimbao y el pandero que hacían eco en el horizonte y nuestras voces entonaban: Capoeira meu amor vai ter briga de amor... La primer piña fue uruguaya, Pata de Indio cayó, pero se incorporó de un salto y olvidándose de la capoeira le hizo una zancadilla al otro, se arrojó sobre él y rodaron como dos milanesas humanas. No nos matamos porque Cida, una muchacha que estaba enamorada de Chico, dolorida hasta la médula, tuvo la sensatez de disparar al aire en el exacto momento en que el Gurí respiraba su último segundo. A mi no me dieron tiempo de luchar, tampoco hubo otra oportunidad. Esa noche Fernanda envolvió a su casi hijo y se lo entregó al mar, fuimos todos, un estribillo de lágrimas que duró hasta el amanecer. Yo permanecí junto a ella, y por la mañana maté al Cerdo Guimaraes, pero por opción de nuestro grupo, todos o nadie lo había hecho.
Fernanda me eligió, hasta ahora no sé si fue por gratitud o porque sí. El Gurí volvió a Uruguay y es mucho más que un compositor modesto, gana plata y de vez en cuando nos manda algo, Vinicius le quedó pendiente, se lo habíamos prometido pero ahora es tarde; Pata de Indio desconcertado con nuestra unión, se casó con Cida por Iglesia, Fernanda y yo fuimos los padrinos.


Isabel Estercita lew

Las Puertas



Las puertas

Pensé en tantos tipos de puertas, porque hay muchos tipos de puertas, comerciales, particulares y esenciales, también hay puertas prepotentes, y puertas obsecuentes, puertas pujantes y puertas remendadas, cargadas de amores, permisiones y dolores. Seguramente hay puertas que dan vergüenza, puertas que deberían cambiarse, puertas que te recuerdan cada día que están malditas, y a que al hogar de uno se entra por la puerta, y que el hogar de uno no puede estar maldito por ninguna puerta, después de todo, la puerta es un objeto, por cierto bastante representativo, y hablando de puertas debo admitir que la de mi casa no me agrada… no es su forma, ni su madera gastada, no es su cerradura problemática, ni sus bisagras que están bastante bien… son sus parches, y ahora viene el golpe bajo… a esa puerta la reventaron los milicos que allanaron mi casa y una vez allanada hicieron varias cosas que yo no sé del todo, probablemente siempre persistirá una sombra de duda, debo admitir que por esa puerta pude salir el día anterior al allanamiento, y de cierta forma gracias a la interesante servidumbre que se le otorga a este objeto que se abre y se cierra y así por delante, he salvado mi vida. Por cierto no estoy entera, algo quedó aprisionado en la puerta. Los parches ahora me avergüenzan, me suenan a cosa sin resolver, si yo fuera una puerta ya habría dicho todo lo que tenía para decir, habría obligado a los usuarios a cambiarme de ropa… pero no soy una puerta, y no mando en nadie que no sea yo misma… Esta puerta es un pelotazo bajo, y hasta que no la entienda del todo voy a ver un parche en la puerta, y gente adormecida tras ella…

Lo cierto es que las puertas son puertas porque tienen la finalidad de abrirse y cerrarse, si no se cerraran no serían puertas, y si no se abrieran serían muros.


Isabel Estercita Lew

viernes, 11 de abril de 2008

Amor, madrugando la vida


Ay amor, te he buscado tanto y tan poco,
y cuando creo que te encuentro me equivoco
y ahora que mi vida anochece
y hasta parece que ya nada acontece

cuando menos me lo espero me conmuevo
tu mirada no hace más que provocarme
y al tocarme me doy cuenta que estoy viva
y en tu boca me deshago hasta la vida.

ya no esperaba nada y el esperar se hizo rutina
una vez más mi paso lento dobló la esquina
y se encontró con tu clara oscura mirada
como un hechizo nos llevamos a la madrugada

y en esta cama enloquecida me dijiste
yo que no creía ahora sé que la pasión existe

y nuestras pieles al unísono cantaron
y nuestros cuerpos al unísono se amaron
y si de continuar este jadeo ambos morimos
ahora tendremos la certeza de que vivimos

amándonos cuando ya se ha hecho de noche
amándonos cuando sin tiempos ni reproches
amándonos cuando ya nada se espera
amándote, amándome
como si fuera la última madrugada
(Letra y música) Isabel Estercita Lew

viernes, 28 de marzo de 2008

CORAÇÃO MÁGICO


Coração mágico, você pula algodões,
brinca de segurar trovões
coração, você se eleva...
Pequenino, quando o mundo vira monstro,
protege-se num canto-conto da vida,
fantasia-se de mendigo
e pede esmola aos olhares.

Coração teimoso, arco-íris
você distribui suas cores
entre os coitados exércitos cinzas,
e dança para os aleijados
doando espaço à loucura.
Você parece louco, coração.

Onde já se viu um coração
que perde para sempre o juízo?
embora coração não tenha juízo.
Onde já se viu um coração moleque,
menina, mãe, filho, donzela?
Onde já se viu um coração tão pirracento...
bem capaz de desenhar flores nos eletrocardiogramas
e elabora programas de descontenção de emoções?
Um coração que nunca abandona seu corpo na cama,
decide o orgasmo por batidas instintivas,
engravida por encantamento
e gesta cartolas para parir magias.

Pensei em segurar você, coração,
em educar você em lógica,
e que pare de violentar certezas!

Pensei, agora sinto...
Que se danem as certezas!
Isabel Estercita Lew

martes, 25 de marzo de 2008

Otro 24 de marzo


24 de marzo, 2008

Una vez más volvemos a marchar, 32 años es demasiado, es mucho pero no es todo, por eso seguimos marchando… aún no hemos conseguido hacer las cosas bien, por eso tantas marchas separadas y tantos deseando en algún punto lo mismo pero no pudiendo acordar (que en portugués significa despertar, por algo serán lenguas latinas) en lo mismo, nos place ladrarnos, marcar las diferencias y miserablemente no aceptarlo. Es difícil explicar esto, sobre todo cuando nos lo preguntan nuestros hijos, pero así somos nosotros argentinos, más unidos por el dolor que por el amor, ¿no debería ser lo contrario? Me temo que sí, pero nuestro tango es tan pesado que de tanto lastimarnos nos place, nos place darle de comer al enemigo y luego lamentarlo.
Santa Madre, cuantas veces cantamos la ventura de tenerte entre nosotros, y sin embargo te aliaste al enemigo porque te entendió el juego, te sedujo, te cooptó, esa vieja maniobra del oficialismo. Te preguntarás qué es el oficialismo, pues a mí me sabe al que está en el poder, pero también podría ser cualquier ideología que se institucionaliza. No entiendo por qué mierda, pero es así, como si un demonio institutivo poseyera las almas que caen en su regazo versero y gusaizara dichas almas. Ironicamente el pensar en esto también me gusaniza, porque voy perdiendo esperanzas, poesía, y esa utopía que tan bien y también me alimentaba.


Isabel Estercita Lew

sábado, 22 de marzo de 2008

Respetando al niño que fuimos


Desde el más devoto respeto a los misterios
vuelo alto en mi escoba embrujada de bruja noctámbula
me introduzco en territorios prohibidos
y hago de lo lúdico mi dogma

acaso la muerte no asoma cuando dejamos de jugar?
quien nos mandó a dejar de reír un día?
acaso el amor no muere porque se aburre?
acaso el amor no está vivo cuando juega?

cuantos dejaron de amarse por tomarse en serio?
la tristeza es tan nublada que no nos deja ver.
la tristeza no sabe jugar
y eso le puede pasar a cualquiera

Estaba tan loca que me enamoré
estaba tan cuerda que lo dejé
nos sentíamos felices jugando
pero el juego es cosa de niños nos dijeron

Respetemos al niño que fuimos
creyendo en él se evitarán las guerras.


Isabel Ester Lew

viernes, 21 de marzo de 2008

Sobaco unido jamás será vencido


El olor del perfume de ahuyentar mosquitos me sabe a casa de campo, a vacaciones-niñez, a algo sencillo y perfecto, como los viejos recuerdos que ya filtrados de males vienen a la memoria.
El olor a bebé me sabe a hijos tempranos, a canción de cuna, a estos dos correteando por brasileros patios.
El aroma de suéteres de lana en invierno y de algodón en verano mezclados con champús, mates y facturas me saben a encuentros de amigas, a sábados de tarde, a lágrimas de abandono, a estoy insegura, a me tengo que hacer un aborto, a no sé de quien es, a el flaco que conocí en La Paz, a me tengo que rajar, a estamos con vos.
De vez en cuando el aroma a río me recuerda Concordia, a me mato, Salto-Uruguay, a exilio, a mis amigas lejos, a me robaron la vida, a chicas se jugaron por mí.
El olor de esta ropa interior me sabe a aquellos encuentros donde todo era posible cuando mi sexo en tu boca, o a cuando entrabas en mí y creíamos en orgasmos eternos.
El aroma del olor de la madera fina me sabe a guitarra, a ronda de amigos, a elegía, a Serrat, a que la tortilla se vuelva.
El olor de esta multitud me trae la energía de la lucha que en este momento es única, sí, como si el sobaco latinoamericano encerrase una consigna plena e invencible, una marcha que no parará hasta que todos los oídos escuchen por un solo momento la misma canción. Es el olor del aroma único, por un instante latinoamericano eterno, donde las banderas flameantes se besen y nunca más sientan vergüenza de sus raíces, y que nunca más le teman a la única lucha que vale la pena, la vida.
Las corporaciones que dirigen el mundo huelen a espanto sin retorno y a muerte, también a perfumes sin piel. Sin embargo el sobaco latinoamericano tiene piel y es entraña, es vida, y aunque te rías amiga, este sobaco unido jamás será vencido.


Isabel Estercita Lew

martes, 18 de marzo de 2008

Aquí no te matamos, aquí te desaparecemos.


Karma siniestro el de mi tierra, ese que aún carga y por lo visto seguirá cargando. Esto viene de viejas fechas, de allá por 1492, entonces la cosa fue hecha con toda la aprobación legal de todo el viejo continente. Cinco siglos después desaparecieron 30.000 con la aprobación, el apoyo, la estrategia y la dirección camuflada del nuevo imperio, un continente resuelto de de buenos modales, acumulación exagerada de capitales, pieles blancas y una que otra miscegenación. Así lo quiere Dios, volvieron a decir, pero esta vez secretamente, puesto que como también se autodefinían como civilizados, mal les sentaba ante su microclima de admiradores y séquitos decirse responsables del la barbarie.
Aunque la mayoría, por no decir todos los genocidios de esta tierra respondan a la codicia, irónicamente entre los pecados capitales que estos dueños de capitales pregonan, se encuentra la codicia. Pero como la codicia vicia… supongo que se entiende.


Aquí no olvidamos, aquí no perdonamos, aquí pasan años para que los comunicadores se dignen a comunicar que no es ahora, que esta lucha tiene siglos, que esta otra lucha tiene años y que esta que viene… quien sabe… porque la paciencia pobrecita, está media harta de hartadotes y fascistas, que la paciencia pobrecita se está dando vuelta, que no tiene más ganas de bajar la cabeza, que ya basta, que ya es hora de que la tortilla se vuelva.

Isabel Estercita Lew

sábado, 15 de marzo de 2008

Personajes lisérgicos


La página que se estás abriendo contiene tanto elemento seguros como no seguros. Quieres abrirla?
Seguro. Qué es lo que podría encontrar en una red de Internet de tan inseguro? Lo que verás es perjudicial para tu salud mental y física, hasta puede, ocasionalmente provocarte la muerte. No te creo una palabra. Eres tan solo un robot cibernético, no puedes hacerme daño. Eso creo, cuanto mucho me arrojarás algunos virus, puedo perder todos los archivos, todos los mensajes, ni hablemos de los chatos PPS que descarto mismo antes de que me lleguen. Puedo perder mis diseños de Photoshop que tanto trabajo me dieron, los mensajes de mis amigos y los del trabajo… claro, también puedo perder las músicas raras que de vez en cuando me bajo, hasta un par de películas y todas las fotos, puede que haya que formatear el disco y todo eso… y aunque lo dude, hasta puede que el estrago sea tan grande que tenga que tirar esta máquina a la basura, pero de ahí a perjudicar mi salud mental y física o a perder la vida? Mi querido robot, creo que te fuiste de mambo. Entonces por qué no me abres? Porque estoy pensando en todo eso de que me dañes el disco rígido y… Acaso no tienes antivirus? Tengo el mejor, pero no te voy a decir cuál, ya que eres tan experto, adivina cual? No necesito de tu juego de adivinaciones, mi virus no tiene cura, nadie sobrevivió para poder crearla. Ya te dijeron que eres muy gracioso, o graciosa, da lo mismo, para qué preocuparme con cuestiones de género si eres apenas un robot? Lo soy? Obvio. Y desde cuando hablas con robots? Desde que, desde… Desde cuando hablas con robots? Desde que se me antoja. Eso no es una respuesta. Claro, no es una respuesta porque no la tienes programada, tonto robot! No soy yo quien está hablando con un robot, eres tu, quien es tonto? Estoy pensando… pero a esta página entran millones de personas por hora, no podría haber millones de empleados respondiendo esto, pero podría ocurrir que… Qué es lo que podría ocurrir? Que ahora tienes tanto miedo que acabaste creyendo en los verdaderos riesgos? No, no es eso, estoy pensando que al principio eras un robot, y cuando surgió el tema que escapaba a lo programado, sonó la alarma y un humano como yo o como cualquier humano tomó las riendas o el comando, puesto que esto debe pasar muy pocas veces al día no sería necesario más que uno o dos empleados de carne y hueso como yo. Ya que lo tienes todo tan claro, por qué no abres la página de buena vez? Porque… porque… Por qué? Porque no, porque con todo esto ya se me olvidó qué página pensaba abrir y para qué y ya basta me voy a dormir. Qué mierda tiene esta máquina que se niega a cerrarse, hace una hora que me tiene con esto de un momento por favor, por suerte el robot dejó de hablarme. Pero no me fui, y no podrás apagar tu PC hasta que te decidas... Responde! Respon… Resp…

Isabel Estercita Lew

martes, 11 de marzo de 2008

VI Siglos después


Octubre de 1492 - Luego del ritual vespertino de alimentos, las niñas de la comunidad Qom se van hasta el río a lavar los utensilios, donde también brincan y pintan su piel con polvo de alas de mariposas.

Octubre del 2003 - Octubre del 2003 - Un río milenario ya seco recobra su caudal en el Chaco donde una niña Toba está siendo violada por tres hombres que le rompen el culo para proteger su virginidad. Fue una actitud correcta, responde el juez. Me lavo las manos mientras el asco escurre por el sumidero. Para los abogados que no entienden el toba fue la niña quien los provocó… es marzo y hace frío quiero que el día acabe para fabricar una noche menos perversa. Los médicos le están haciendo tacto anal y luego… aunque la niña está tratando de decirles que no fue por adelante, ellos no la entienden ni entienden sus gestos ni sus lágrimas ni sus gritos, tampoco el arañón que la niña Toba le estampa en el rostro a uno de los médicos.
El juez carraspea tiene pus en la garganta, pus seca como polvo en las narinas y en la masa encefálica, el juez ordena la soltura de los reos, la prisión no es lugar para tres hombres de buena familia pueden contagiarse una gonorrea, que rea la toba.
Los médicos le hacen tacto vaginal, la niña toba abre los ojos tan grandes como el cielo oscuro y percibe el mundo que le tocará vivir en un instante.
Con el cuchillo más afilado comienzo a picar la carne. Noto que el carnicero me vendió tres penes de buey gonorreicos, los médicos le hacen tacto nasal, orejal y bucal, todas las hendiduras de la niñas están ilesas a no ser el ano con heridas sangrantes por el ímpetu juvenil, dice el juez. Que investiguen a la Toba manda el juez, puede ser prostituta y con razón estos buenos hombres le rompieron el culo. Los médicos se quitan los guantes, se lavan las manos, se desperezan y erutan al mismo tiempo.
Las lágrimas de la niña Qom van a parar a un río milenario que se secó cuando los primeros hombres blancos gritaron tierra a la vista.
El río vuelve a llenarse y la niña lentamente se disuelve en él. Nadie nota su ausencia, lo que era de esperarse pues ya no había sido notada su presencia.Pido una licencia poética y con el cuchillo corto literalmente los tres penes de buey hasta el vómito queriendo que el sumidero me lleve hasta aquel río donde la niña Qom.

Isabel Estercita Lew

domingo, 9 de marzo de 2008

Ausência (Carlos Drummond de Andrade)

  • Por muito tempo achei que a ausência é falta.
    E lastimava, ignorante, a falta.
    Hoje não a lastimo.
    Não há falta na ausência.
    A ausência é um estar em mim.
    E sinto-a, branca, tão pegada, aconchegada nos meus braços,
    que rio e danço e invento exclamações alegres,
    porque a ausência, essa ausência assimilada,
    ninguém a rouba mais de mim.

Un bello poema de Juan Gelman

Confianzas

se sienta a la mesa y escribe
«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice

y más: esos versos no han de servirle para
que peones maestros hacheros vivan mejor
coman mejor o él mismo coma viva mejor
ni para enamorar a una le servirán

no ganará plata con ellos
no entrará al cine gratis con ellos
no le darán ropa por ellos
no conseguirá tabaco o vino por ellos

ni papagayos ni bufandas ni barcos
ni toros ni paraguas conseguirá por ellos
si por ellos fuera la lluvia lo mojará
no alcanzará perdón o gracia por ellos

«con este poema no tomarás el poder» dice
«con estos versos no harás la Revolución» dice
«ni con miles de versos harás la Revolución» dice
se sienta a la mesa y escribe

Juan Gelman

Minha testa ta que ferve!


Minha testa ta que ferve, estou no popurrí de pensamentos.
Vou da minha casa da Raul de Leone até a da Gaspar Fernandez, agora estou na Raúl de Leone antiga, y logo na Raul de Leone nova... vou ficar por aqui, tenho muita coisa boa e ruim pra lembrar, porém neste calor de Buenos Aires não dá nem pra aturar meu próprio baixo astral. Popurrí condenado, meu rígido está fingindo desmaio, eu estou fingindo não ser eu, não estar aqui, não estou pensando. A velocidade não presta para o negócio dos flash-back, mas a lembrança é devassa, maluca, insurgente... cogita com folga entre a demência e a realidade. Estou com saudade, sim, aceito, e vou me submeter a este sentimento... naquela casa rolou muita coisa, amor, erro, paixão, tesão, tristeza, aconchego, dor, rolou tudo, rolou pra todos os moradores e achegados da Raul de Leone, nova e velha, Aliás, tudo rolou na Vila monumento, mais ou menos quarteirões em volta, rolou demais por aquele minúsculo território. São Paulo começou na antiga rodoviária, depois na Praça Julio Mesquita, daí pra Monteiros, daí a... porra, nunca lembro do nome daquela rua onde a gente morou do 82 até o 84... Lembrei, era a Ignácio Arruda, é isso aí, coisa de velha, ou de bêbada ou de velha bêbada. Que seja, mas a casa da Raul teve muita trepasão simultânea. Mas o negócio de hoje é que estou com muitas saudades de lá, de Sampa, da Marly, da Rosinha, de minhas amigas, sinto falta demais do condenado do meu filinho bebê... Michel é muito na dele, não deu certo em Buenos Aires depois do quebra-quebra do 2002, e meu garotão se mandou sem mais. Lá esta ele, cá estou eu, histórias repetidas, meus pais também ficaram com saudades de mim quando tive que me mandar destas terras, quando me exilei no Brasil, porém eles foram pra lá logo que puderam, eu já fico pensando, sem coragem pra gastar, obviamente os tempos mudaram, eles tinham alguma segurança econômica e alguma grana. Pensando bem, eu também tenho alguma grana, pouca, mas daria pra me virar. Acho que sei o que eu vou fazer, embora eu esteja com muita vontade de viver e de fazer um monte de coisas a realidade é que o tempo de viver e de vida nesta terra tem data marcada, não sei qual é a minha mas estou mais pra lá de Marrakech do que pra cá.
Se eu não faço agora o que tenho vontade, quando?
Agora danem-se todas estas ruas que eu estava lembrando, eu quero ir pro Brasil e vai dar tudo certo!

sábado, 8 de marzo de 2008

Las estrellas no mueren


A un año de tu ausencia

Mi estrella Lilí, sabías que extrañarte es bello y es triste, como aquellas coplas de amores, tan bellas y tan tristes.
Estaba pensando en nuestra orquesta de amigas, cada una con sus instrumentos, como una convergencia compulsiva de deseos individuales. Cada una quiere ejecutar su instrumento, su voz, su parte en la partitura, pero algo nos reúne en una gran voz de sinfonía, si falta una o desafina, se pierde la cadencia.
Pensaba que las amigas son como una orquesta, y aunque sigamos tocando, la batuta se pierde un poco cuando señala tu vacío… las notas, los acordes, los disonantes, la melodía que ya no tocás. Pero nosotras somos estrellas, creo que hablamos de eso un día, o quizás lo imaginé; dijimos que cada una tenía luz propia, será por eso que seguís brillando. Tantos años luz te restan, nos restan… que suena tonto pensar que dejaremos de brillar.
Gracias por tu luz, Lilí, pestañas de abanico en cada guiño. Gracias por el nuestro último Bellas Artes, gracias por la belleza que le otorgamos al arte que no entendemos pero que de todas formas nuestras miradas, apenas nuestras miradas lo tornan arte. Gracias no es despedida, amiga, gracias es como un saludo que te quiere abrazar y no puede. Todavía nos vamos a portar muy mal, y ya que la batuta está desconforme con tu vacío, tomá, agarrala, te bancamos, pero no exageres. Hasta luego amiga, pestañas de abanico. Estrellita Lilí.

viernes, 7 de marzo de 2008

Es tiempo de vivir

El tiempo de vivir, cuando vivir se trata de todos vendrá en una retro-globalización, ya no más con cinco millones de desnutridos.
El tiempo de vivir ya no vendrá con unos pocos hombres dueños de las tierras que nunca pisaron, que controlándolo todo desde sus súper-oficinas urbanas, dando órdenes a las pobres infelices que poco se alimentan para que cultiven ese otro tipo de energía alternativa, tan de moda en estos tiempos onco-ecológicos, el nuevo tipo de energía que hace andar sus coches, sus lanchas, sus aviones.
El tiempo de vivir no vendrá plasmado en plasmas estúpidos para ver la vida de los poderosos, ni en árboles que no hacen a un bosque, que solo se plantan para empapelar regalos que la mayoría de este mundo no recibiremos.
El tiempo de vivir no vendrá por candidatos marionetas de las corporaciones, el tiempo de vivir no tiene precio…
El tiempo de vivir vendrá cuando sepamos que no hay precio por la vida, solo aprecio, amorosa ternura, respeto.
El tiempo de vivir no tiene religiones, ni partidos, ni sermones. Ningún Dios, ningún santo padre, ningún rey, ningún hombre absoluto será invitado al tiempo de vivir. Puesto que el tiempo de vivir es muy de entre-casa, puesto que el tiempo de vivir es el que se nos cante las bolas sin joder a nadie, puesto que el tiempo de vivir es vida… toda empresa que apenas se interese en su propia vida jodiendo a la mayoría está destinada a acabar jodida o que a que la jodamos.
El tiempo de vivir no tiene demasiadas palabras para decirles que estamos hartos.
El tiempo de vivir no tiene más paciencia ni tiempo, pues si tuviera tiempo, no sería el tiempo de vivir, sino tiempos. Este es un tiempo, y se llama ahora, no se nos antoja que se muera más gente por el capricho de algunos, de esos unos que comerán hasta el vómito lo que más de una familia podría comer, esos unos que viajarán de todos los estilos que se les canten los viajes, mientras la mayoría no podemos ni tirarnos un pedo porque ni comimos para eso.
El tiempo de vivir no tiene precedentes, ni presidentes, tiene conchas y pijas, tiene gente, gente común, añorando belleza, añorando vida, añorando comer comida, comer letras, vivir la vida. El tiempo de vivir no tiene dueños, es de todos y da para todos, eso mismo, da para todos y lo que da para ustedes a nosotros no nos sirve, eso sería tiempo de vivir de ustedes*, nosotros no tenemos ustedes.
El tiempo de vivir es nosotros. Todos nosotros.**

*Ustedes, menos del 1% de los habitantes de este mundo.
**Nosotros, el 99% de los habitantes de este planeta y del cielo.

miércoles, 5 de marzo de 2008

Para el Santo Padre que vive en Roma y sus súbditos...

Súbditos, vasallos del aborto es un crimen, en lo que a mí respecta me salvó la vida.

En los años 70 entre mis amigos y compañeros el aborto no se discutía, teníamos un fondo común para ello.

En septiembre del 76, cuando la milicada allanó y afanó mi casa, justamente en ese preciso momento, a mí me estaban sacando la resaca de un aborto por succión mal succionado.
Yo estaba embarazada de Juan y de Pablo, éramos tres buenos amantes y compañeros, compartíamos la militancia, la buena música, el vino moscato y la cama. Los milicos vinieron a chuparme, o a succionarme. Los milicos querían a la Rusa, esto lo supe hace pocos años, cuando me encontré con Juan y pudimos hablar sobre lo ocurrido.
Ahora pienso que estaría bueno no tardar mucho tiempo más en reconstruir nuestra historia, que ya sea por la necesidad de olvidar tanto dolor, que ya sea por el exceso de vino, que ya sea por el exceso de años, cada vez nos resulta más difícil acertarle al recuerdo. Claro, no va a ser preciso, no va a ser exacto, pero entre mi memoria y la tuya podemos reconstruir la historia que nos afanaron.
Yo me exilé en Brasil, Juan en Córdoba, Pablo en su ropero. Juan me contó, que su tío milico lo fue a buscar a Córdoba, que quería saber donde estaba la Rusa, yo... que si cantaba a él no lo iban a joder... Juan no cantó y además le había perdido el rastro a mi música, pues tuve que camuflarme y para eso aprendí a sambear y me disfracé de colombina hasta el fin de aquel carnaval.

martes, 4 de marzo de 2008

No me prepoteen

Detesto los que pretenden un diálogo y te prepotean ideas tratando de convencerte de aquello que desean, cuando lo que desean es su voz entre todas las voces. No me bajen ideas, coño! para eso estoy yo misma.
Bitácora de tarados ufa, me tienen harta.
Detesto lo imperativo y a los imperios, el que quiera defecar que defeque, pero límpiese solito el culo.

lunes, 3 de marzo de 2008

Las cortinas y Mi monstro

Me dan miedo las cortinas, en realidad no son las cortinas sino lo que hay detrás de ellas, aquello que no vemos pero imaginamos. Siento un temor especial cuando para emprolijar la casa cierro la cortina de la ducha, la única que existe en casa, escondiendo baldes, secadores de piso, trapos, lavandinas, detergentes y otras cositas. No puedo evitar pensar que hay alguien escondido allí. Y así fue que temiendo sin sentido sucedió lo que mi temor deseaba. Fue unas de aquellas defecadas irrepetibles, esas que complementan un par de días sin nada, el almuerzo del domingo, y las porquerías que comí el sábado porque salí de joda y me chupé todo y después me comí todo para rebajar mi soberano pedo etílico. El caso es que al correr la cortina me lo encontré, era un monstruo literal y se parecía a mí, pensé por un segundo que estaba llegando al final de mis días. No fue así, después de extensas conversaciones y sin otra que asumir mi exposición escatógica llegamos a un acuerdo, de a poco nos hicimos amigos, tan amigos que hoy me atrevo a llamarlo con cariño: Mi bien amado monstruo.

Photochopeando a mis bebes



Crime sem castigo por causa de um imbecil

Você me entende? Ta difícil, não é mesmo? Entender o que nem a gente mesmo entende, ta mais do que difícil... Porém pensei numa coisa simples. Você está lembrando dele? Não mesmo? Pois é. O cara era um tesão e bota tesão nisso. Contudo, costuma segurar... Segurar o quê? Segurar tudo, se enxerga, garota! Quem segura, segura tudo. Não há limite algum pra quem segura sentimento. Que não está entendendo o quê? To falando que o cara segurava, e daí, ele me amava mas segurava. Tu entende o que é isso? Não, é claro. Fiz tudo para amá-lo, mas ele segurava, fiz tudo para engravidar, mas de que jeito? O cara até segurava o vômito. Finalmente eu não segurei, é, é isso mesmo, não segurei e mandei bala. Se eu mandei bala mesmo? Não ta vendo?
Relaxe, não preciso de advogado, já confessei meu crime... O quê? Que acabou a pilha? Que não gravou nada? Pois dane-se. Já fiz o que tinha que fazer. Vire-se. Minhas mãos estão ensangüentadas, eu as enfiei na minha xoxota menstruada. Imbecil.