
Subte B, 12h30min. Estación Medrano. Asiento chino color bordó.
Mis rodillas se aflojan y dejan caer estampitas, lapiceras, guías, figuritas.
La música es de Fito, lo escucho, lo miro, lo miro y él mira mi vestido estúpidamente floreado y yo miro sus ojos amor almendrados y su cabello desteñido, lago y rizado, tal cual mamá detesta, tal cual me fascina.
Descubrió que lo miraba y comenzó a mirarme.
Saco el libro de mi cartera. Leo sin anteojos, el libro está al revés. Casi llegando a Callao, el vagón da un galope en falso, el Sol salta de su guitarra.
Perdí la estación...... Él sigue cantando o no, ya no lo escucho, estamos volviendo, ya no sé dónde tenía que bajar.
Abro doscientas veces mi libro al revés, ahora no hay más fuga. Es la terminal Chacarita. No tengo idea de lo que hago aquí.
Él ya no canta, se le rompió el Sol y a mí se me rompieron las certezas. Un amigo me había recomendado visitar la tumba de Carlitos.
Una de la tarde, guitarra de cinco cuerdas, yo, él y la desesperación de quien sabe...
Se llama Fernando, acabó de decírmelo. No creo en sacrilegios. Hay muchos adornos y también adornos espejos, corazones de colectiveros con frases hechas... El reflejo de mi rostro está extraño, también el suyo... más que junto, sobre el mío.
Besos desesperados sobre la tumba de Carlitos. Y él que de tangos no sabía nada...
Y de besos? Lo estoy besando. Y de toques? Lo estoy tocando.
Los cementerios tienen espacios vacíos muy vacíos, llenos de nombres y sin gente viva.
Hacer el amor en un cementerio no es sacrilegio diría una amiga, pero queda mal. A mí me da lo mismo, o no me da nada. Estoy haciendo el amor con Fernando y se le cae una mecha enrulada sobre mi cara y su guitarra en el piso hecha mierda y yo estoy viva, no lo soporto, lo vivo... Entrando y saliendo. Entando y no saliendo. Ya no hay nada que me ayude a vivir, ni los libros, nada me ayuda... Él entra y sale, yo lo aspiro y lo expulso, yo siento y siento. Nada me ayuda a vivir porque simplemente me siento viva.
Isabel Estercita Lew
Mis rodillas se aflojan y dejan caer estampitas, lapiceras, guías, figuritas.
La música es de Fito, lo escucho, lo miro, lo miro y él mira mi vestido estúpidamente floreado y yo miro sus ojos amor almendrados y su cabello desteñido, lago y rizado, tal cual mamá detesta, tal cual me fascina.
Descubrió que lo miraba y comenzó a mirarme.
Saco el libro de mi cartera. Leo sin anteojos, el libro está al revés. Casi llegando a Callao, el vagón da un galope en falso, el Sol salta de su guitarra.
Perdí la estación...... Él sigue cantando o no, ya no lo escucho, estamos volviendo, ya no sé dónde tenía que bajar.
Abro doscientas veces mi libro al revés, ahora no hay más fuga. Es la terminal Chacarita. No tengo idea de lo que hago aquí.
Él ya no canta, se le rompió el Sol y a mí se me rompieron las certezas. Un amigo me había recomendado visitar la tumba de Carlitos.
Una de la tarde, guitarra de cinco cuerdas, yo, él y la desesperación de quien sabe...
Se llama Fernando, acabó de decírmelo. No creo en sacrilegios. Hay muchos adornos y también adornos espejos, corazones de colectiveros con frases hechas... El reflejo de mi rostro está extraño, también el suyo... más que junto, sobre el mío.
Besos desesperados sobre la tumba de Carlitos. Y él que de tangos no sabía nada...
Y de besos? Lo estoy besando. Y de toques? Lo estoy tocando.
Los cementerios tienen espacios vacíos muy vacíos, llenos de nombres y sin gente viva.
Hacer el amor en un cementerio no es sacrilegio diría una amiga, pero queda mal. A mí me da lo mismo, o no me da nada. Estoy haciendo el amor con Fernando y se le cae una mecha enrulada sobre mi cara y su guitarra en el piso hecha mierda y yo estoy viva, no lo soporto, lo vivo... Entrando y saliendo. Entando y no saliendo. Ya no hay nada que me ayude a vivir, ni los libros, nada me ayuda... Él entra y sale, yo lo aspiro y lo expulso, yo siento y siento. Nada me ayuda a vivir porque simplemente me siento viva.
Isabel Estercita Lew


















