sábado, 30 de mayo de 2009

QUIEN DA MÁS!



Carótidas congestionadas de ambición saturan y contaminan aún más los medios de comunicación contaminados.
La arteria principal, tronco del sistema sentimental que arranca del ventrículo izquierdo de la bomba de sentimientos y los lleva a todas las partes del cuerpo se ahorcó jugando a la ahorca.
Hay un gran desfile de proxenetas del futuro que nos expone abiertamente, al modo de gran revelación, las grandes tajadas que vienen a arrancarnos, el desfile sigue como una procesión hacia el remate del alma. Flashes se encienden y se apagan, voces cambian sus tonos, una paleta inmensa de mentiras. QUIEN DA MÁS?
Yo no doy más. Con la punta filosa de mi primer diente de leche, que vengo guardando para cuando me quede sin y la ciencia me lo sepa implantar, apunto en dirección a la pantalla. Un inmenso y agradable ruido a vidrios destrozados me confirma que mi primer diente de leche para algo sirvió.
Me tomo un trago, hago fondo, me tomo otro y hago fondo en el fondo de mi dolor.
Junto los vidrios, no tengo diarios para envolverlos, necesito papel, papel de mierda, papel de diario… Que mierda hago? No tengo diarios, pero tengo una gran colección de revistas del suplemento de cultura de la época en que aún me resultaban interesantes.
Sin vacilar agarro cualquiera, les saco el ganchito de metal, clip o lo que sea. No puedo evitar ver la foto de Cortazar, tiene una boina como la del Che. Dudo un instante, luego envuelvo los vidrios de la pantalla de mi ex tele… Las carótidas congestionadas de ambición, la arteria principal y mi primer diente de leche. Cierro el paquete, lo meto en una bolsa y salgo a la calle. No quiero volver a casa y mientras dejo la bolsa en la vereda pienso en para que lado disparar. Unos niños se lanzan sobre la bolsa. No hay comida aquí, solo vidrios, se van a lastimar, les grito. No se preocupe doña, estamos vacunados, tiene una moneda?
Les tiro mi cartera, mis llaves, mi segundo diente de leche y me echo a andar.

Isabel Estercita Lew

sábado, 23 de mayo de 2009

EL HACEDOR DE SUEÑOS


El hacedor de sueños soñaba
que un día podría hamacar todas las cunitas quietas
y cantar un arrorró definitivo
para que nunca quedase en el mundo, un niño sin arrorró.

El hacedor de sueños que tenía una barba muy larga,
quería hacer una magia con ella:
transformándola en una inmensa manta
que protegiese para siempre a los niños del frío.

El hacedor de sueños se perdía entre las miradas de los niños
entraba por sus ojos
y los miraba como nadie era capaz
y cuando un niño lloraba el hacedor de sueños lloraba como un niño

El hacedor de sueños deseaba tener miles de brazos...
El hacedor de sueños, soñó una gran fiesta
dónde todos los huérfanos de amor
ganaban sus sueños de amor
El hacedor de sueños, soñaba con que un día
toda la gente soñase
con ser un hacedor de sueños.


Isabel Estercita Lew

lunes, 18 de mayo de 2009

GRACIAS POR EL FUEGO!


Mi querido Mario, te veré a la izquierda del roble, cuando la lluvia caiga sobre el botánico, ahora que ya le dimos alcance a la verdad y el océano es por fin el océano… Te quiero por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero.
Sabré, no lo dudes poeta, en que estrella encontrarte, ahora que me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Las paredes se van queda la noche, las nostalgias se van, no queda nada, ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada.
No te digo adiós porque estás en mí, espero que hayas conseguido el Tiempo sin Tiempo que necesitabas para chapotear unas horas en la vida y para investigar por qué estabas triste y acostumbrarte a tu esqueleto antiguo para estar al día, para estar a la noche, tiempo sin recato y sin reloj…


Salvo un par de frases, todo el resto son fragmentos de los poemas de Mario Benedetti que adapté a mi antojo.


Brindo por vos, Mario, con tu maravilla!

Maravilla


Vamos mengana a usar la maravilla

esa vislumbre que no tiene dueño

afila tu delirio / arma tu sueño

en tanto yo te espero en la otra orilla

si somos lo mejor de los peores

gastemos nuestro poco albedrío

recupera tu cuerpo / hacelo mío

que yo lo aceptare de mil amores

y ya que estamos todos en capilla

y dondequiera el mundo se equivoca

aprendamos la vida boca a boca

y usemos de una vez la maravilla.


Mario Benedetti

domingo, 17 de mayo de 2009

2002 - CULPA Y MIEDO


Corría el 2002, Buenos Aires y toda la república estaban descontrolados. Para los míticos revolucionarios se trataba del mayor levantamiento popular que podían recordar, para los incrédulos ex revolucionarios, una tocada de culo o de bolsillo en la clase media.
De todas formas el orden normal de las cosas y de la ciudad se había transformado y parecía crecer un deseo unánime de cambio radical. Por primera ves se juntaban en un solo grito afortunados y desafortunados, saciados y muertos de hambre, luchadores y no tanto, Adidas y alpargatas, cabecitas de mierda y blancos reaccionarios entre otras subjetividades.

Desde los primeros cacerolazos en mi barrio me había hecho muy amiga y compañera de Gonzalo Ibáñez. Íbamos juntos a todas las marchas, me pasaba a buscar para ir a las reuniones, hacíamos panfletos y carteles juntos, nos pasábamos horas en la desaparecida pizzería Imperio discutiendo y maquinando las acciones que debíamos llevar adelante.

No estoy borracho me dijo Gonzalo una noche en Imperio, apenas desahuciado y repentinamente me encajó un asfixiante beso en la boca. Tardé en reaccionar y lo hice torpemente preguntándole que carajo le pasaba, que éramos amigos, compañeros, etc. y tal. No me respondió, me miró a los ojos y luego me dijo vamos. Me dejó en la puerta de casa sin pronunciar palabra.
No, no pude dormir, ese beso robado me quedó latiendo en los labios. Rebobiné todo lo vivido desde el día que nos conocimos. Nunca había pensado en Gonzalo como algo más que un amigo y compañero de lucha en la que creímos nos llevaría a una nueva construcción. Me gustaba estar con él como habíamos estado hasta aquel beso, deseaba que todo siguiera igual, pero eso era imposible. Todo cambia, para bien de unos, para mal de otros, todo cambia, de eso se trataba lo que estábamos viviendo por aquellos días. De eso se trata la vida.
Mientras el sol comenzaba a filtrarse por la ventana de mi cuarto iba prevaleciendo un sentimiento de no querer dejar de estar al lado de Gonzalo, y otro, muy breve aunque vital al que no le di la importancia suficiente.
Eran las 2 de la tarde, Gonzalo aún no me había llamado, podía hacerlo yo, pero que le diría? No podía pensar en nada que no fuera Gonzalo Ibáñez, y eso no estaba bien, el bien social debe prevalecer sobre los intereses personales, me decía. De pronto los sentimientos más perjudiciales a la salud de cualquier ser humano y especialmente de aquel que pretende cambiar esta sociedad de mierda se me hicieron presentes, la culpa y el miedo, el miedo y la culpa, la dupla nefasta que rige cada movimientos de una sociedad que eyacula muerte.
Sentía miedo de perderlo, culpa de responder a sus deseos.
Finalmente lo llamé, nos encontramos, Gonzalo me dijo todo lo que sentía, yo no le dije nada, simplemente le encajé un beso, nos emborrachamos y le dí más besos, nos emborrachamos e hicimos el amor, él con mucha culpa, sabía que yo no lo amaba, yo con mucho miedo, no quería perderlo.
En una de las marchas que iniciamos en puente Pueyrredón, tras los asesinatos de Kostequi y Santillán, sentí que todo era una mierda, que los milicos hijos de puta, que éramos unos pendejos ideológicos, que todo estaba mal, que hacían con nosotros lo que se les antojaba y que yo ya debería saberlo, no era mi primera batalla. Aquel día mi bronca superaba todo, aquel día mientras yo lloraba de dolor, rabia e impotencia por esos asesinatos y todos los que recordaba, le dí una soberana patada en el culo a la culpa y al miedo, grité Maxi y Darío nunca más, nunca más, presentes...
Gonzalo me abrazó tiernamente y cuando me estaba por besar le dije, no, no te quiero, dejame en paz.

Mi historia con Gonzalo se acabó en ese momento, la otra sigue, hoy con bajo perfil, los blancos progre o reaccionarios en su lugar, los cabecitas negras en el suyo. Se acabó el delirio a corto plazo.
Mi lucha contra el miedo y la culpa también continúan, espero que no me fallen los ovarios, o por lo menos que mis colchones y sábanas no se manchen nunca más de espermas de culpas y miedos.


Isabel Estercita Lew

sábado, 9 de mayo de 2009

SER TUYA




...ser tu caballo salvaje y que me montes a pelo
cabalgarnos aprendiendo a no caernos de este vuelo
quiero ser tus noches, tu sudor, tu sonrisa, tu espanto
ser tu dueña y tu esclava, tu loca, tu bronca, tu amada
tu concha, tu espada, nuestras pieles pegadas,
tu ruta, tu gruta, tu puta.
tu comida preferida, y vos mi tatuaje angelical,
demente, crucial
ser y danzar en tu cuerpo hecha bailarina
que salta, se transforma, se alucina, se ilumina
agarrarte, refregarte, deshacerte y hacernos
en noches y días sempiternos de siempre tiernos
y cuando los músculos exhaustos
ser tu control remoto inmolado, tu tele fuera de sintonía
ser la músicas preferidas de tu oído sordo
y que seas mi tordo, cuando la locura me duele
y que me sanes, sana, sana culito de rana
si no sana hoy que siga la farra!
ser juntos la manzana mordida, la herejía
la moral perdida, la trasgresión
sin perder la ternura jamás
toda la pasión
vos y yo!

Isabel Estercita Lew

sábado, 2 de mayo de 2009

Hijos del Beso


Abrieron los tubos de ensayo sacudieron el virus por las calles y modificando patológicamente el mecanismo celular. Hubo alteraciones íntimas del protoplasma, núcleos, cromosomas, membranas…
Infectaron a la gente e prohibieron los besos.
Algunos rebeldes lo hacían a escondidas, pero luego el detector de besos salía escaneando casa por casa, beso por beso detectando a los insurgentes.
Los que fueron detectados, en un juicio arbitrario, sin derecho a réplica o defensa, eran condenados a nunca más besar o a consumir el virus hasta el fatal contagio y sin derecho a cura.

En esto de sobreponer la ganancia a la vida no siempre el ejecutante es inteligente.
En algo la cúpula planeadora de la estrategia había tenido un imperdonable error de cálculos. Cuando lanzaron al mercado el antídoto, prácticamente no había consumidores para el mismo, pues muchos podrían haber sobrevivido a la enfermedad, pero la mayoría de los hombres y mujeres no sobrevivieron a la falta de besos.

Dicen que algunos insurgentes se protegieron en la mayor selva del mundo, donde las autoridades dueñas de todos los virus y de todo, no se animaron a entrar para no ser picados por un mosquito dengoso, que aunque era también producto de abrir las compuertas de sus tubos de ensayo se reproducía en zonas de bajo o nulo consumo, y esto los llevó a tanta pérdida que ni les importó promover las ventas del antídoto.
La cuestión es que estos empresarios se morían de miedo del dengoso mosquito, no creían en su propio antídoto ya nunca lo habían probado, y ni por dinero se les ocurría entrar a esa zona selvática.

Finalmente los dueños de los tubos de ensayos no murieron por falta de besos, murieron por falta de lucros.

Los insurgentes lucharon contra el virus, defendieron el beso con sus propias vidas, besaron sin parar al ritmo de la respiración. Así sobrevivieron.
De ellos nació una raza nueva, fueron llamados Hijos del Beso.


Isabel Estercita Lew

domingo, 26 de abril de 2009

Paula Blues



Supe que Paula me pertenecía, desde el instante en que la descubrí en el Bar de las Brujas donde yo tocaba. Su dueño, el Polaco, me pagaba cien por noche y la noche terminaba de mañana; con o sin gente yo tenía que seguir tocando. Siempre hay trasnochadores que al escuchar la música pueden entrar por una copa más. Decía el Polaco.
Aquella noche mis manos y mi voz interpretaban blues para nadie. Los últimos y pocos clientes ya se habían ido, cuando de pronto el brillo insólito de Paula y ése perfume a sexo feroz, tiraron a la mierda mi desidia, y el blues mecánico que hasta ese momento interpretaba se lanzó por diapasón y cuerdas como una euforia musical. Ahora cómplice de mis manos, dejé que me arrastrara por las delirantes cadencias.
Súbitamente los trasnochadores fueron llegando hasta llenar el bar. El Polaco, aprovechando el desenlace, se encargó de servir el peor de sus whiskys al precio del mejor de los importados.
Después de varias horas de tocar sin pausa, mis manos se acalambraron y mi voz se esfumó. Enfundé la guitarra y salí de ahí arrastrando a Paula conmigo.
Desbordado de pasión la llevé hasta mi guarida sin su consentimiento. Una vez dentro la até a una silla y la amordacé; trabé puertas y ventanas cubriéndolas con frazadas para aplacar el sonido.
No quería lastimarla, era lo mejor que me había pasado desde mi letargo creativo, cuando comencé a deambular por todos los bares y buracos mugrientos de la ciudad hasta caer en el Bar de las Brujas.
Pero ahora la tenía a Paula, que era linda así porque sí. Mi hada y mi oda. En aquel momento decidí que no abriría la puerta hasta que estuviera seguro de que se quedaría conmigo para siempre.
Los días pasaron, y de tanto componerla y descomponerla agoté todas las partituras que tenía; pasé a escribir nuestra música en las paredes y en el piso.
El día en que comencé a sentirme débil, tuve que esforzarme muchísimo para sostener la guitarra, aunque continué acariciando a Paula con la intensidad del primer día.
Creyendo que ella entendía y aceptaba mi ofrenda de amor, que ya estaba decidida a quedarse conmigo, tuve la infeliz idea de desatarla.
Quizá la debilidad me confundió e ignoré que aún no era el momento.
Paula comenzó a correr enloquecida por todo el cuarto. Creo que estaba buscando una salida, por lo que se golpeaba contra cristales y paredes como un bicho hambriento de claridad. Apagué las luces suponiendo que de esa manera se calmaría.
De repente de la guitarra comenzaron a salir sonidos estridentes, eran como resortes enloquecidos que bombardeaban la habitación. Luego hubo una tregua de calma: Contuve mi respiración y agudicé todos mis sentidos. El silencio persistía, y la incertidumbre de ese silencio me aterrorizó.
Al encender la luz la vi estrangulada entre las cuerdas de mi guitarra; inédita y muerta, su mirada espectro fija en mí.
Estaba apasionado por Paula Blues; aunque inconclusa, fue mi mejor y mi última composición. Murió sin que pudiera interpretarla.


Isabel Estercita Lew

domingo, 19 de abril de 2009

LLUVIA DE PAJAROS




"La famosa cantante de óperas Susana Marchi incendia su casa. Su amante Jack Cartola, muere en la tragedia".

Se conocieron en el Teatro Colón el día de "La lluvia de alas"; día totalmente extraño, al que ni científicos, ni curanderos le encontraron explicación.
La lluvia de alas, fue una tormenta de pájaros que sacudió a Buenos Aires durante un día. Millares de pájaros invadieron la ciudad enloquecidos. Se estrellaban contra cristales, paredes y puertas, desvalidos del don del poso. Las personas se protegían con todo lo que tuviesen a mano, o con las propias manos. Al estrellarse los cuerpos de las aves caían, aunque las alas continuaban volando.
El atardecer sorprendió a la ciudad con un cielo alado, de colores tan variado como lo era el plumaje de todas las aves del mundo.
Los pájaros atravesaron los vidrios del Teatro Colón y uno de ellos entró en la boca de Susana Marchi, una mujer obesa y aprisionada en su propio cuerpo que ahora estático no reaccionaba. Impedida de expulsar al pájaro, se asfixiaba.
Jack la vio, corrió hacia ella y practicando una maniobra tenaz y certera, extrajo el pájaro de su boca, devolviéndole el aliento. Jack acabada de realizar el primer acto heroico de su vida, aunque irónicamente había salvado a su verdugo.
Se enlazaron en un vértigo inusitado, como si sus almas hubieran vagado por los mundos desde tiempos primitivos a la espera de este encuentro.

Pese a sus treinta años, Susana Marchi descubría por primera vez el placer del amor. Había vivido empacada en un baúl de emociones contenidas, y ahora, entre plumas y alas, su cuerpo flotaba junto al de él.

El bohemio Jack era un personaje promiscuo de La Belle Époque. Jugaba, bebía y fumaba demasiado. Había participado de las orgías más excéntricas, con todo, en sus cincuenta años de excesos, jamás conoció el amor.
Bañados de plumas, corrieron de alas dadas hasta la casa de Jack; allí permanecieron durante cinco días y cinco noches, alimentándose de ellos.
Cuando la cantante retornó al teatro, deslumbró a los integrantes de la orquesta con la rara belleza que la envolvía. Frente a millares de espectadores ansiosos, la figura solemne de Susana Marchi se dirigió hacia el centro del palco. Los violines y violonchelos tocaron la armoniosa introducción. Su diafragma se abrió transportando el aire hacia sus cuerdas insuperables, su boca dibujando una “O” pronunciada, se dispuso a emitir la nota aguda de Signor ascolta.
Un silencio pavoroso invadió el espacio, su boca se movía callada, sin canto. Susana Marchi había perdido la voz.

En el desorden de la cama ella lo devoraba. Aquella noche supo que debía pagarle a los dioses el precio de su pasión, y si de eso se trataba, lo aprovecharía hasta el desmayo.
La intensidad amaneció sin vida, las plumas se fueron quemando junto con su amor.
Susana Marchi recuperó su voz, pero nunca más se atrevió a volar.


Isabel Estercita Lew

domingo, 12 de abril de 2009

El Plagiador Profesional de Lunas


Ella había olvidado inscribir en el Registrado de Momentos Sublimes a su luna llena auspiciosa de agosto que le brillaba el rostro, las extremidades y todos sus órganos durante toda una noche y un día.
Pronto se enteró que un plagiador profesional de lunas y otros astros necesarios se la había quitado y la había registrado a su nombre. Hizo la denuncia ante el primer juzgado de lunas llenas que encontró, le pidieron que llenara varios formularios y que trajera dos testigos lunáticos y que aguardara hasta ser llamada.
Pasaron varios cielos y ninguna luna hasta que se cansó de esperar, entonces decidió ir atrás del plagiador y obligarlo de algún modo a que le devolviera su luna llena de agosto.
En el mercado negro de astros, interrogó sutilmente a algunos vendedores, astrónomos y mistagogos sin éxito. Después de varios días, a su desaforada esperanza de encontrarlo le siguió, como era de esperarse, una depresión excesiva, hasta llegó a creer que la luna llena de agosto había sido una invención de la astronomía que por no descubrir nada nuevo bajo el cielo se habían inventado aquella hermosa luna llena de agosto.
A punto de desistir y como ocurre en las historias más gratificantes, golpeó su puerta un exótico vendedor del mercado negro de astros con cara de meteorito. Este le informó donde encontrar al plagiador de lunas y otros astros necesarios. Agradeciendo la información, ella le entregó un par de estrellas fugaces que se habían fugada en ella.
Cuando estaba lista para enfrentarlo, otro agosto de luna llena le brilló tanto el rostro, las extremidades y todos sus órganos durante toda una noche y un día, que se olvidó por completo del plagiador.

El plagiador profesional de lunas y otros astros necesarios desapareció un día de la faz de la tierra y de la faz de la luna. Dicen que había cambiado de ramo, que había entrado en el negocio de los eclipses, perlas de Baily y otros fenómenos, dicen que lo vieron por última vez discutiendo con un vendedor del mercado negro de astros que dispara estrellas fugaces por sus ojos. Otros cuentan que lo vieron ebrio tirado en un callejón maldiciendo a la luna. También dicen que fue atacado mortalmente por la Osa Mayor, o que se congeló en el círculo polar cuando intentaba registrar sol de la medianoche.

Isabel Estercita Lew

viernes, 10 de abril de 2009

Ganas


Soy los sacudones
las tiendas vacías
un alma poeta sin poesía
soy esas trizas de mí y de veras
sedienta de rasguñar emblemas
de dar vuelta este mundo
de confrontar la desesperanza
Soy estas ganas de mí
que transgrede las tradiciones
que se caga en opiniones.
frecuentemente poeta
frecuentemente erizada
soy estas ganas de dar vuelta la vida.
Soy sin miedo de ser feliz
adicta a contravenciones
sometida a las emociones
Soy todopoderosa, insegura.
víctima y victimario,
onanista, déspota, despojada
bien cogida o mal amada
acepto mis contradicciones
mis adicciones,
mi lucha de luchas
mis ganas de mí.


Isabel Estercita Lew

lunes, 6 de abril de 2009

Subte B - Ficciones Reales


Subte B, 12h30min. Estación Medrano. Asiento chino color bordó.
Mis rodillas se aflojan y dejan caer estampitas, lapiceras, guías, figuritas.
La música es de Fito, lo escucho, lo miro, lo miro y él mira mi vestido estúpidamente floreado y yo miro sus ojos amor almendrados y su cabello desteñido, lago y rizado, tal cual mamá detesta, tal cual me fascina.
Descubrió que lo miraba y comenzó a mirarme.
Saco el libro de mi cartera. Leo sin anteojos, el libro está al revés. Casi llegando a Callao, el vagón da un galope en falso, el Sol salta de su guitarra.
Perdí la estación...... Él sigue cantando o no, ya no lo escucho, estamos volviendo, ya no sé dónde tenía que bajar.
Abro doscientas veces mi libro al revés, ahora no hay más fuga. Es la terminal Chacarita. No tengo idea de lo que hago aquí.
Él ya no canta, se le rompió el Sol y a mí se me rompieron las certezas. Un amigo me había recomendado visitar la tumba de Carlitos.
Una de la tarde, guitarra de cinco cuerdas, yo, él y la desesperación de quien sabe...
Se llama Fernando, acabó de decírmelo. No creo en sacrilegios. Hay muchos adornos y también adornos espejos, corazones de colectiveros con frases hechas... El reflejo de mi rostro está extraño, también el suyo... más que junto, sobre el mío.
Besos desesperados sobre la tumba de Carlitos. Y él que de tangos no sabía nada...
Y de besos? Lo estoy besando. Y de toques? Lo estoy tocando.
Los cementerios tienen espacios vacíos muy vacíos, llenos de nombres y sin gente viva.
Hacer el amor en un cementerio no es sacrilegio diría una amiga, pero queda mal. A mí me da lo mismo, o no me da nada. Estoy haciendo el amor con Fernando y se le cae una mecha enrulada sobre mi cara y su guitarra en el piso hecha mierda y yo estoy viva, no lo soporto, lo vivo... Entrando y saliendo. Entando y no saliendo. Ya no hay nada que me ayude a vivir, ni los libros, nada me ayuda... Él entra y sale, yo lo aspiro y lo expulso, yo siento y siento. Nada me ayuda a vivir porque simplemente me siento viva.

Isabel Estercita Lew

miércoles, 1 de abril de 2009

Decime


No te ahogues en un vaso de agua, ahogate en vodka, en cachaça, pero ahogate de una vez, ahogate de verdad, no me vengas con el cuento, no le cantes a Gardel que ya está muerto, no me vengas con el loco berretín, que yo ya volé y no vine, que estoy hasta el cuello y hasta la vida por vos y con vos y sin voz por maldecirte!
Cantame una novedad, decime que no es verdad que bailar conmigo es más que el cielo, porque yo de tanto amor me estoy muriendo y por ver tus ojos muero, que más da. Decime que es verdad, que me mordiste el cuore, que sos un fanfarrón bailándome este tango como un dios, decime que me querés, que sin mí ya no podés bailar un tango sin que te ahogues.


Isabel Estercita Lew

viernes, 27 de marzo de 2009

La Niña Que Quería Aprender A Besar


La niña que quería aprender a besar aprendió a fuerza de labios y de latidos, tuvo una perra, un tío violador al que expuso a la intemperie y al que le amputaron el órgano gracias a una maldición. También tuvo muñecos de maderas que se construían mientras soñaba y que le llenaban de besos sus pesadillas en las noches malas.
Hubo una vez una niña que aprendió a crecer sin perder la ternura, no lo conocía al Che pero en aquella época la ternura era el plato principal, después sui generis, el Nano y adiós con dios o sin dios.
La maldad no existe, gritaba la niña y si lo gritaba es porque ya la conocía, era un jarabe raro que debía beber aunque no quería.
Hubo una vez una niña que se rebeló, el jarabe no tomó y se fue por las ramas, le dolió el dolor, el rancho pobre, la vacuna no dada, la explotación, la raza primera muerta en manos de cerdos invasores, le dolió el dolor en la basura y el niño en la basura y el pizarrón solito, y el gordo regordito y el flaco enflaqueciendo y de la tierra el angurriento, y los curas como el tío enguascando pendejos y los rabinos como ese tío degenerados, cerdos y viejos.
Dicen que dicen los que se dicen buenos, que por eso esa niña se volvió mala, y que algo habrá hecho, y que el falcon verde un día le fue a calmar el deseo loco de besar la vida… llegaron tarde, pues, la niña ya estaba besando la vida en otra parte.


Isabel Estercita Lew

martes, 24 de marzo de 2009

24 de marzo No se me murió la risa


Esta fecha inevitablemente me narcotiza de tristeza, no fueron apenas 30.000 desaparecidos, toneladas de exiliados, muchos de los cuales nunca volvieron y otros muchos aún buscando nuestra identidad, una generación destrozada, una gran hoguera de San Milico prendiéndole fuego a los temerosos cerebros, una venta de patria al menor postor y una siembra de miseria tan fértil y promiscua que hasta hoy, y mucho más, hemos de comer de la cosecha.
Individualismos y egoísmos y otros ismos danzan su ritmo de moda, una moda asquerosa que no ve, no escucha, no huele, no toca, no le siente el gusto al sabor pues antes de saber ya quiere saborear otra cosa.
Pero por suerte no todas son pálidas, un amigo del alma hace poco me dijo que hay un río subterráneo que crece, crece y no se contamina, va naciendo y creciendo en otro orden, no pelea contra el poder, no quiere tomar su lugar, simplemente está construyendo al margen sin hacer caso de los riachuelos para siempre contaminados. Yo hace un tiempo seguí esa corriente de río, será por eso que aún río y no se me murió la risa.

Isabel Estercita Lew

viernes, 20 de marzo de 2009

Mi Samba Tango


La Escola de Samba Vai Vai está por cumplir sus 80 años, fue allí donde di mis primeros pasos, donde me llené de ritmos y amores, donde seguiré sambando cada vez que vuelva a mi otra patria, pues sambando y amando quiero vivir y seguir sambando cuando me despida para siempre de mis pies.
La catedral de Almagro, es un galpón extraordinario, antiguamente un semillero, allí entre cachivaches y reliquias, di mis primeros pasos de tango haciendo ochos, pivot, cruce atrás, cruce adelante, rebotes y aperturas… Así empecé y puedo mirar su pecho, seguir su compás y milonguear agarrada de su cuello. Así quiero vivir y ser una Estercita Milonguera hasta que se apague la última vela y después.


Siempre fui extremadamente radical, paso del tango al samba en dos compases y un bamboleo. Hace poco encontré un pecho reo, bien dispuesto, piel besable, boca amable, negro como mi corazón, quizás un poco atorrante. Ya hicimos el amor, discutimos mi ideología libertaria y sus hábitos proxenetas y lúmpenes, pero solo llegamos nuevamente a la cama por lo que decidimos no más discutir. Como deportista extrema de la danza decidí enseñarle a bailar samba y aunque el me acusó de terrorista de la danza yo igual le hago unos pasitos y el amor y creo que nos vamos entendiendo. Sí.

Isabel Estercita Lew

jueves, 19 de marzo de 2009

GUERRA DE LOS SESOS


Silvio decía que lo de sufrir, y además sufrir por amor, era una característica de mujer.
Cristina ya pensaba que Silvio era un hipócrita, un egocéntrico y sobre todo insensible, además de ser insensato y mal parido.
Pero como ya lo dijo alguno de quien no recuerdo ni bien ni mal su nombre: "El amor mueve montañas y fronteras".
Así fue que Cristina atravesó todos los mares del sur y del norte, el Mediterráneo, el Cantábrico y el Índico, para luego casi ahogarse en la piscina del Sheraton Asunción.
No fue sin querer, fue por amor, pero como ya dijo algún otro de quien tampoco recuerdo el nombre: "Yerba mala nunca muere". Cristina sobrevivió.
- Silvio, yo no puedo vivir sin vos.
- Silvio, yo no puedo vivir con vos... en la misma casa, bajo el mismo techo... Bueno, me sacrifico; y lo pintamos a cuatro manos, de dos colores, blanco y negro. - ¿Qué te parece?
- ¡Horrible! Las mujeres son incoherentes. ¿Por qué una mujer debe creer en el amor más de lo necesario, si lo necesario es tan relativo y por otro lado, tan absoluto?
Cristina llora y ríe al mismo tiempo, mientras Silvio ríe y llora, sin que nadie note la mínima diferencia.
- ¿Que querés de mi Cris?
- Tu piel, tu amor, tu atención permanente 24 horas por día, tus codos, tu sangre, tus ojos...
- ¿Para que querés mis codos?
- Por las dudas me duelan los míos.
- ¿Tanto te cuesta hablar en serio Cris? ¡Las mujeres son rejodidas!
- Los hombres son tan espesos, tan lógicos, tan ilógicos, tan rústicos, tan hermosos, tan sensuales...
- Las mujeres mucho más...
- ¿Qué te parece?
- ¿Qué te parece?
Los dos rieron al mismo tiempo y se invitaron a decidir el destino de ambos, por el momento, en un aposento de dos plazas con música ambiental.

Isabel Estercita Lew

domingo, 15 de marzo de 2009

Comer Sonidos


Para mi hijita Lulü,
llena de sonidos que no escucha

Sentir sonidos
comer sonidos
respirar sonidos
palpitar sonidos
mirar el sonido
agudizar sonidos
sonido aviso, sonido temor, sonido alarma

sonidos que entran se zambullen caracolan,
coclean martillan, rebotan, rebotan
aturden, confunden, desorientan
se deforman, se retuercen, se distorsionan,
te dañan.

sonidos aplastados desbaratados, destrozados, deshechos…
sonidos paralizados inmóviles inertes estériles

sonidos de manos,
sonidos de señas
sonidos de gestos, de muecas,
actitudes

labios quietos
sonido silencio
inhóspito, desierto, desolado, vacío
sin susurros sin risas
sin cadencia sin canción

sonido en tu mirada
sonidos de labios
labios en movimiento, labios exagerados,
labios danzantes, labios cómplices,
cabales solidarios,
labios sin bigotes

silencioso sonidos
bilingüe amado

colores difusos
MIS MANOS
mis fusas mis musos
mis usos mis ruidos mis gritos
lágrima,
silencioso ruido del latido
del susurro
del sonido del gemido.”


Isabel Estercita Lew

sábado, 14 de marzo de 2009

Quien puso el huevo, Pena de muerte?


Yo le daría pena de muerte a la muerte y pena sin pena de vida a la vida.
No confiaría en los verdugos mediáticos, ni en los verdugos cotidianos, los que matan de hambre, los que matan de desidia envenenando a la tierra, los que se apropian de vidas prostituyéndola.
Yo le daría pena de muerte a las palabras banales, televisivas, mediática y poderosamente asesinas. Yo le daría la pena de muerte a la indiferencia, a la xenofobia, al pesticida, a la homofobia, al homicidio y otros cuantos de todos estos, pero nunca a quienes aportan este tipo de adjetivo, pues todos uno que otro solemos cargarlos.
Pero nadie dejaría de xenofobiar, homofobiar, y tantas otras hiervas porque están condenadas a muerte, ¿O sí?
Que tema de mierda, y mierda me suena a lo que todos movemos, y nos limpiamos y no nos hacemos cargo.
No quiero que elijan mi muerte ni la tuya, no quiero dormir entre adoquines ni espadachines. Yo no decidí la muerte de las niñas de Jujuy por aborto, ni las de Chaco por hambre, ni las de donde sea por la indiferencia que sea, apenas ayudé con mi indiferencia a su pena de muerte, apenas no hice nada, eso es ser cómplice? No me dí cuenta… mirá estoy comiendo un choripán en la costanera y no le hago mal a nadie, pero vienen los pibe chorros, vos sabés, y nos afanan todo.
No lo sé, soy un pibe chorro porque me afanaron, me culearon, me dijeron, me mintieron, me usaron, me condenaron y me largaron desnudo, sin escuela, sin nada …


Isabel Estercita Lew

domingo, 8 de marzo de 2009

Dos años sin ella


Hay que luchar por cada bocanada de aire y mandar a la muerte al carajo, le dije copiando una frase del diario del Che, pero L ya estaba muerta antes de enfermarse, L ya estaba muerta cuando se enfermó y se enfermó porque se sentía muerta. Todos le hicimos respiración boca a boca, pero ella cerraba la boca y no se dejaba respirar.
¿Para que carajo pariste? Le pregunté. ¿Para dejar a tus hijos guachos? Le seguí preguntando, pero ella se sentía muy mal, mucha morfina, yo sabía, pero L además de moribunda era médica, y de las peores, nunca supo tratarse, se trataba muy mal.
Para mí fue una maestra cuando la conocí, me enseñó a fumar porros, a transgredir, a mirar un miembro con los ojos y con la boca, me enseñó que acabar no es tener que pedir perdón a ningún monasterio. Hoy disfruto, agradezco y gozo de casi todas sus enseñanzas.
Así era ella cuando aún amaba la vida, transgresora, libre, apasionada y en varias guardias de hospitales aún deben recordar sus memorables acabadas. Pero la doctora L no tenía carga para si misma y se disparó un cáncer y no quiso mandar a la muerte al carajo, por eso la odio de tanto quererla.

Dos años sin vos, turra, te quiero suicida.


Isabel Estercita Lew

viernes, 6 de marzo de 2009

Guitarra mía


Como animales de espejo parten los acordes disonantes hacia otra guitarra que no es más la mía, se caen las notas, las voy recogiendo, las quiero pegar, las pego y se vuelven a caer, y ahora mi guitarra es una huacha empalidecida, parece vomitar notas, no se las traga y me ahoga la melodía, pero cuando le estoy por abrir un tajo en el medio del diapasón me sonríe arpegiante y me dice no, pará que ya voy. ..
No tengo tiempo hermana, esta música es cenicienta, a las doce se me esfuma, desaparece y nunca más, vendrán otras pero esta que me pierdo por tu culpa, desgraciada, nunca más.
Vamos que es marzo del siglo suicida, la mejor madera ya era, ahora es palo de escoba, nunca más podrán hacer una talla como la tuya, un cuerpo tan harmonioso, y ese sonido que te arranco como cuando eras de Cacho Tirao. Me está ardiendo el pentagrama de la vida, necesito nuestras melodías, mi guitarra.

Isabel Estercita Lew