viernes, 2 de octubre de 2009

Lidia y sus dientes de leche

Te acordás de Lidia? La trajeron a casa cuando yo era muy chiquita. Tenía todas las piernas picoteadas, dijeron que las gallinas de la granja donde la habían dejado, que el papá no podía cuidarla y que la mamá se había vuelto loca al dar a luz una niña sin neuronas, o que la niña nació sin neuronas porque la madre estaba loca. Eso decían, nunca me contaron su verdadera historia, quizás no lo sabían y en nuestra casa siempre había lugar para uno más.

Todo en ella me llamaba la atención, es que nunca había visto a alguien que llevara las manos colgadas de las muñecas como si fueran ajenas, tampoco había visto a gente más grande que yo que hablara como una niña más pequeña que yo.
Al final fue una suerte esa infancia con Lidia entre nosotros. Jugaba a las muñecas con ella y ella se dejaba ser muñeca, porque el ajedrecista en aquel entonces disputaba la copa del campeonato del barrio de Villa Crespo, andaba con poco tiempo para jugar conmigo a arreglar coches rotos o a enderezar clavos torcidos para clavarlos en las maderitas fundamentales para mi castillo, aunque en las noches de verano, cuando Lidia ya dormía, el ajedrecista me llenaba de cielo los ojos dándome clases de astronomía.

Cuando comencé la escuela quería llevar a Lidia conmigo, dijeron que ella era muy grande para ser chiquita, dijeron lo de las neuronas y todo eso que yo no entendía.
Fue así que le fundé una escuela en el zaguán de casa, y jugué con ella a la maestra frutilla, y la maestra frutilla que era más buenita que la maestra ciruela no castigaba a las niñas que no aprendían la lección poniéndolas en el rincón del burrito.

Mientras yo aprendía a conjugar los verbos, se me cayó un poema en el cuaderno y duró unos cuantos renglones, la maestra me puso un muy bienLew y mamá de tanto planchar los escuchaba. Pero con Lidia era diferente, ella se sentaba en las escaleras del zaguán y en el escenario del pasillo la tenue luz del foquito iluminaba mi recitado para el mejor público que tuve en mi vida, Lidia, que había aprendido a ponerse las manos y me aplaudía, se emocionaba y pedía más.

Mi abuela a veces se enojaba mucho con Lidia, decía que le cortaba las cortinas, le comía las nueces con cáscara y todo y que le meaba los floreros. Yo trataba de explicarle a mi abuela que no era Lidia quien le cortaba sus cortinas, que eran sus manos cuando no las llevaba puestas. Lo de las nueces y los floreros no sabía explicarlo, de todos modos mi abuela no entendía, quizás porque vino de otro país y no entendía el castellano. La cuestión es que la mandó a dormir al lavadero, un cuarto sin puertas en la terraza. Yo me subía las escaleras corriendo antes de ir a escuela, la despertaba y le dejaba unas cuantas nueces con cáscara. Creía que de ese modo se le caerían los pocos dientes que tenía y le nacerían como a mí los conejitos nuevos que le faltaban. Pero los dientes de Lidia siempre serían de leche.

Me asusté mucho el día que vi sangre en su cama, sangre en sus piernas, sangre durante una semana. El ajedrecista y mamá me dijeron que se había lastimado, ella no lo sabía, lloraba y reía, no le importaba. Todos los meses se lastimaba, pero por suerte mi amiga Diana se lastimó antes que yo y entre nuestra curiosidad y la enciclopedia gigante descubrimos la lastimadura de la menstruación.

Cierto día el papá de Lidia que se estaba quedando ciego y que de vez en cuando visitaba a mí familia, no a su hija, dijo que se la llevaría a su casa para que lo ayudara en las tareas cotidianas. Entonces yo ya tenía 16, el ajedrecista me había enseñado a manejar sus coches destartalados y ya podía manejar hasta un camión sin frenos. También podía manejar un cañón contra lo que no cría justo, y eso no era justo. Sin carnet y sin mapas me subí al Rambled de papá con una amiga y fui a pelearlo a su casa. Mientras el hombre me corría con su bastón de ciego tratando de acertarme un buen golpe, yo le metía barreras para que se tropezara gritándole mi bronca por ser tan mal parido.
No sé si fue por eso o porque el hombre calculó que su hija no le sería de mucha ayuda, acabó desistiendo de la idea.
Con el tiempo y el creciente despertar de mis hormonas, los novios y la primavera, Lidia dejó de ser mi batalla, y un día que ya no recuerdo se fue de casa con su viejo.

Me enteré cuando ya vivía en Brasil por una carta de mamá, que Lidia, ya huérfana del viejo ciego y nadie más, había sido elegida reina, fue en asilo de Burzaco, en el baile de la primavera.
Lidia encontró allí otras manos puestas para abrazarla, se casó, brilló, se le cayeron todas las muelas y le volvieron a nacer los dientes de leche. Pero como los ratoncitos son capitalistas y no entienden de eso, nunca más le dejaron plata bajo la almohada.

Esta tarde en el asilo hubo una gran fiesta de primavera, me cuentan que Lidia bailó mucho y que fue la reina y que luego se durmió demasiado y que ahora ya no se despierta.
Su compañero, que también tiene dientes de leche y que del mismo modo que Lidia fue abandonado por los ratoncitos, no encuentra consuelo. Ya lo inyectaron para doparle el dolor, pero sigue tocando su al lado vacío de la cama, pide su presciencia, la nombra y la nombra. Creo que pronto irá por ella.


A Lidia Meller.
Gracias por haber sido parte de mi vida.



Estercita

30 comentarios:

mimbre dijo...

Hola Estercita...
Realmente, esto me llego muy profundo, es fuerte..muy fuerte¡
Por razones de trabajo, mi Ester, esta en contacto permanente con chicos de las caracteristicas de Lidia- Sindrome de Down, fronterisos, severos,retardo madurativo,etc.- Me cuenta que en los legajos de los chicos, hay historias que no se pueden creer.
Buen relato, AMIGA, me confirmas una vez más que no estoy equivocado
Por detras de lo que pretendes mostrar hay una gran mujer, con un corazón grande como un sol¡¡
Un abrazo enorme
Osvaldo

Ana dijo...

Qué placer leerte en mi galería entre las tostadas de un desayuno y el canto de dos calandrias amigas. Relatas de maravilla, Mujer...
Un abracito mañanero.

TORO SALVAJE dijo...

Me voy de aquí roto por no poder darte el abrazo que mereces.
De corazón.

Besos.

Sol dijo...

Esta loca linda hoy me hizo estremecer... nada mas bello que este escrito el dia de hoy... no todo es color de rosa... hay rosas que muchos no quieren ver...
Tu las ves... y me lo demuestras siempre!!!
Nada mas bello que tener la sensibilidad que tu SI TIENES!!!
Besos cielo, llenos de luz para ti!!!
Buen fin de semana!!!

miralunas dijo...

siempre te abrazo, ya sabés.

y hoy te voy a abrazar por el toro, aunque no sea lo mismo.

besos, compañera.

Cecy dijo...

Tambien quiero darte un gran abrazo.
Y hoy lo hare con todas mis ganas.

Besos.

SIL dijo...

Como no te puedo abrazar, y tengo ganas de llorar, y te quiero gritar que te admiro, y no puedo, porque no me vas a escuchar...
Me voy.
SILVINA

tomasuncafe dijo...

quiero brindar por Lidia,
pues no son muchas las veces en que las personas trascienden sus vidas para visitarnos en un recuerdo bellísimo como este,
besos

Roberto Esmoris Lara dijo...

Cuando lleguemos al enorme patio donde ahora juega Lidia a la rayuela (que tiene baldosas rojas de azotea)descubriremos lo inútiles fueron esas manos hábiles que sin embargo no supieron dar ternura. Hay tantos ángeles que a veces bajan a nuestra vida incomodando al mundo!
Besos, Estercita
gracias por este texto
El REL

Quidquid dijo...

Hola Estercita:
Tu relato me ha impresionado.
Te deseo un cordialísimo fin de semana,

maracuyá dijo...

Estercita,
me vas a tener que poner el corazón en su lugar, hoy...de tanto estremecerse quedó un poco descolocado.. La veo a Lidia, sentada en la escalera, con sus manos que eran de ella para vos...con esas manos, con esos dientes, con esa risa que vos veías diferente que los demás..que vos viste como eran en realidad.

Entonces te respondo...sí, me acuerdo de Lidia.

Un abrazote.

Martin Bolivar dijo...

Me has emocionado. Por otra parte, recuerdo haber ido a ver las películas de Los Beatles en un cine de Villa Crespo, cuya dueña era una vecina mía de la calle Neuquén al 700 de Villa Crespo y que me invitaba y no tenía que pagar entrada. Que buen texto, buenísimo, muy bien escrito por una persona sencillamente muy sencilla. Cordiales saludos.

Ana dijo...

Uf...Estercita....que belleza.
Un beso nena.

Steki dijo...

Qué lindo, pebeta. Súper emocionante.
Abrazo de 2x4 pa'ti.

Heidy Jiménez dijo...

Me uno a los votos= los comentarios, me alegra de alguna manera haber encontrado este espacio hace días atràs.
h

RECOMENZAR dijo...

Hermoso tu texto vos lo sabes nos llegas hasta el alma cuando te leemos besos

Colibrí dijo...

Que bella entrada Estercita, hace mas de 20 años que estoy por mi trabajo cerca de Lidias, son hermosos , necesitan muchisimo afecto, que devuelven con infinito Amor.A veces parten... y quedan siempre en nuestro corazón.
Abrazos mil.
Ester-Colibrí

Pamela dijo...

Me has hecho llorar. Qué suerte que tuvo Lidia de tenerte a vos. Un abrazote

(uso los tres blogs, aunque a veces pienso que es mucho y me falta tiempo,pero no hay que leerlos todos, elige el que más te guste)

KUBAN dijo...

Como siempre es un placer pasar por acá. Un abrazo.

El Hippie Viejo dijo...

Querida Estercita!

Solo pasa a desearte un buen domingo!!!

Mañana con tiempo volveré.

besos

Adal

©Claudia Isabel dijo...

Tocaya, una historia hermosa, entrañable, cargada de belleza, ternura, recuerdos...gracias por compartirla con nosotros. Un placer leerte.
Abrazos desde La perla de Janis

Noelplebeyo dijo...

Un relato muy sentido.

Un saludo

emulodeCharlot dijo...

Estercita por otra más:Te digo "Pueblerino" no es mi pueblo.
Yo nací en Bahía Blanca y despuès del Conservatorio y una beca,me vine para B.Aires y pasaron muchas cosas.Son muchas historias de pueblo que he visto en tantas giras y las puse en uno,como puede ser cualquier pueblo de entonces.
Leí lo tuyo sobre la historia de Lidia (Leive) me gustó mucho.
Todo el agradecimiento en la literatura.
Te besa como siempre..Saúl.

Cañete dijo...

che está rebueno, pasé y queize dejar huella! besos!

El Hippie Viejo dijo...

uffff...
no sé si es porque soy casi viejo y estoy más sensible con los años,
no sé si es por el día triste que vivimos,
no sé...
no sé porque hay un nudo en mi garganta ahora, no sé...
lo que si sé es que cada vez que llego aquí me sorprendes con tus letras que tienen Vida
y con algunas de tus historias que llegan a lo profundo.
Gracias Estercita, Gracias!!!
Dejame dejarte un abrazo fuerte!

Adal

Kamikase dijo...

Me estremecio tu escrito, lo encontre hermoso y triste.
Gracias por hacerme sentir esto, que aun puedo estremecerme al leer un hermoso relato, y tu bella historia sin final feliz.
Un abrazo.

EL SUEÑO DE GENJI dijo...

Amiga,
Creo que uno de los relatos más bellos que he leido jamás y además es real y no ficción por lo que le da a mis ojos una aura casi irreal y mágica. En esta sociedad en la que vivimos, juzgamos y prejuzgamos hasta la saciedad. Buenos y malos, listos y tontos, aptos y no aptos...Santo cielo, así nos va...

Cuando era pequeño y tenía no más de 12 años. Cuando hacíamos el recreo en mi colegio íbamos a un campo de futbol que estaba a unos minutos andando. Allí nos juntábamos con otros niños de otros colegios y con unos chicos que tenían síndrome de down. Me acuerdo que los otros muchachos les llamaban los subnormales y no jugaban con ellos, es más los insultaban...
A mi, no se porque, nunca se me ha dado bien eso de insultar al débil Tal vez porque de pequeño era el "gordito" y sabía lo que significaba ser insultado en propia carne. Es más me revelaba contra de ello y decidí jugar y relacionarme con ellos.

Nunca hice algo mejor. Aún recuerdo como ser objeto de su cariño me asombraba por desconocido. Cualquier logro era una victoria para ellos y sobre todo me asombraba su capacidad de esfuerzo. No seré capullo al decir que aquella relación, en aquel campo de fútbol, me demostró que el "no ser igual" no significa ser inferior o retrasado, fue un comienzo. Después pude entender que no pensar igual, o no tener el mismo color, o no tener la misma religión no eran motivos de desconfianza ni rechazo sino tan solo motivo de gozo por permitir que exista una variedad enriquecedora.

Como me enrollo amiga, pero créeme que Lidia y su historia me ha hecho recordar a "Javi" o a "Nilo" o a "Lejarza"...muchachos que como yo sólo aspiraban a ser felices.

Besos amiga desde este lado del charco, Ojalá Lidia descanse en un mundo mejor y su marido se reuna con ella para seguir disfrutando de esa felicidad que otros quisieron negarles.

Isabel Estercita Lew dijo...

Mis queridos, por suerte ahora todos los que me leyeron se acuerdan de Lidia!
Era mi intención.

Magah dijo...

Uy Estercita!! Quisiera poder decirte en la medida de lo que me hacen sentir estos post tuyos. Quienes te conocemos, siempre cascabel, desenfadada, brutalmente honesta y llena de vida creo que debemos caer rendidos a tus pies ante tus hermosos sentimientos. No por que no se crea que están dentro tuyo, sino, por que sorprenden y pegan, suavemente.

Sos un sol mujer!!

Me alegra siempre haberte conocido.

MAGAH

Ricardo Musso dijo...

Buen día Estercita!

Conmovedora la historia de Lidia y de Lew!.

A veces suceden estas cosas cuando se presentan casos en que uno no sabe qué hacer, a dónde recurrir y por eso van y vienen hasta que se acomodan.

Antes de antes, los Griegos, hubiesen resuelto las dificultades de Lidia de otra manera.
Hoy que ya no se practican esas eutanasias no solicitadas, se padecen esas idas y venidas, del afectado\da y de su entorno.

No se dé que época estarás hablando, pero por ahí, el mejor lugar para Lidia es el Partido de Sueños que creó Silvio Rodríguez hace unos años, te aconsejo visitarlo.

Besos.
Rik