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martes, 24 de agosto de 2010

EL AJEDRECISTA


Todo juego de ajedrez tiene caballos que nunca cabalgarán, peones que jamás laburarán,

reina y reyes que jamás reinarán,

todo juego de ajedrez tiene jaques y mates, pero nunca lo contrario

Gono Rea Lew




El ajedrecista tenía esa forma de besar que no me tocaba el rostro, pero le escuchaba la música y se me hacían solas las poesías y los cuentos en las tardes de domingo.

El ajedrecista tenía ese único modo de decir te quiero que se hacía sentir muchos años después de su muerte. Que se hace sentir ahora, cuando otro te quiero me ocupa toda la sonrisa, que se hace sentir ahora viéndolo entre las estrellas que algún día me mostró, viéndolo justo ahora cuando es lunes y nada parece brillar, sin embargo yo, me ilumino de estrellas tardías.



Isabel Estercita Lew

lunes, 31 de mayo de 2010

Y como nada bastaba...




Le puso una escarapela al chanta, le dio el culo al cura, le paró la sangre a la selva, le prendió fuego al agua envenenada, le sacó el paco al pibe, le dio vueltas a la calesita hasta musicarla, despeinó el polvo de las bibliotecas, le puso ojos a Borges, plantó con comida a la soja, a esos los borró del mapa, mató a los de la junta, le sacó las trizas al corazón, el azúcar a la sal, la prisa al tiempo...


… y como nada de eso bastaba, le puso frutillas a la pimienta o viceversa… le dijo sos mi amor, y se lo llevó a la cama



Isabel Estercita Lew


jueves, 15 de abril de 2010

SUERTE?



Los que piensan que escribir es una actividad suave, lúdica… se equivocan.

Las palabras emergen en la mente del escritor después de haber vivido las ideas. A veces perfumadas. Aunque por absurda regla, siempre llenas de sangre.

Gono Rea Lew




Dónde está el lugar al que todos llaman cielo?
Si nadie viene hasta aquí
a cebarme unos amargos como en mi viejo umbral
Por qué habré venido hasta aquí, si no puedo más de soledad?
Ya no puedo más de soledad.

el flaco Spinetta



Tuve la suerte de encontrarte, pero vos también tuviste suerte en encontrarme. Somos tal para cual, como un autor para un personaje y viceversa.

Estabas inerte, no pertenecías.

Te imaginé, te esbocé, te parí, te di vida.

Tuvimos un romance intenso y fui feliz mientras estuvimos juntos.

Por suerte, la pena y la culpa no me ocurrieron por tu causa. Cuando estuviste hecho y completo, te olvidé y partí hacia otro parto.

No es cierto que amé a todos por igual, muchas veces los odié, y otras, no pude creer en lo creado, sobre todo cuando por coincidencia se asemejaban a mí.

¿Por qué lo hice y lo hago, por qué los invento?

Supongo que porque nací con los cuentos incorporados y porque hacerlo me ayuda a sobrellevar la condición humana. Me place crear un lugar o un mundo que considero auténtico mientras escribo, en el que los otros y yo padecemos o somos felices, donde la suerte cambia en un instante y hasta puedo decidir el momento. Un sitio en el que puedo ser niña o niño, joven o vieja, cortesana o madama, mal amada, bien amada, golpeada, deseada, destruida, vivificada.

También puedo ponerle colores a mi historia o mantenerla en blanca y negro.

Por suerte no muero cuando te mato, no sufro cuando nos hago sufrir, pero tampoco soy tan dichosa como nos hice sentir en aquellos días de amor perfecto y feliz de nuestro cuento.



Isabel Estercita Lew

miércoles, 10 de febrero de 2010

Yopo, un personaje de alta o de baja definición




Yopo, ya sabés todo el amor que hay en mi odio,
ponete las pilas que este sábado es carnaval!



No hay bonito del todo y del todo no hay bonito nunca, dice mi amigo Yopo. Según él, si tuviera más tiempo para ser gay lo aprovecharía siendo puto… pero como puto nací, continúa riendo, es mejor dedicarme a ser gay.

A mi amigo Yopo no hay con que darle, diría Mussito, porque los aviones le pasan raspando pero nunca lo tocan, levanta alas de abrazos y aunque no llega al vuelo, nos abraza como si estuviéramos abrazados desde siempre infinitamente. Cuando Yopo ama, las aves del mundo comienzan a copular a un ritmo tan enloquecido que podrían contrabalancear las catástrofes inminentes de nuestros planeta.


Lo jodido es que a veces a Yopo le empieza a quedar clara la oscuridad, y se adapta a ella incómodamente, y se vuelve tan oscuro, pero tan oscuro, que te ciega como si estuvieras en una caverna interminable, y aunque lo pelees no te deja encender una miserable vela… y entonces sus abrazos se tornan heladeras de barrios pobres donde nuca hubo luz, de esas que ni enfrían ni calientan, y entonces yo lo odio con toda la homofobia que me despiertan los maricones que pierden su alta definición.


Isabel Estercita Lew

viernes, 29 de enero de 2010

La Gordita Feli


A mis hermanos:


A felicidade do pobre parece

A grande ilusão do carnaval

A gente trabalha o ano inteiro

Por um momento de sonho

Pra fazer a fantasia

De rei ou de pirata ou jardineira

e tudo se acabar na quarta feira....

.

La Feli es una gordita avasalladora que suele llegar a la casa de cualquiera de nosotros llena de valijas y baúles, por lo que ante su llegada resulta imprescindible, hacer una buena limpieza con el barredor de tristezas para que pueda instalarse a sus anchas.


Cuentan las malas lenguas que la gordita Feli nunca toca a la puerta de las gentes armadas, pues las gentes armadas suelen poblar sus casas de demasiados objetos, tantos, tantos, tantos... que los propios sujetos que las habitan deben caminar de lado y encogiendo sus barrigas para transitarlas.


Cuando la gordita Feli entra a tu casa, parece que las paredes se pintan solas y te das cuenta que los colores pueden ser infinitos cuando la queremos mucho.

La Feli también se hace cargo de la música, y entonces bailamos y cantamos... también jugamos y abrazamos y besamos y reímos y somos lindos todos y todo el tiempo.


Lo raro es cuando la empezamos a disfrutar, la gordita ya está empacando nuevamente para marcharse, y aunque le pidamos que se quede un rato más, o que deje sus cosas, total va a volver, la gordita hace oídos sordos y se marcha sin dejar vestigios.


Algunos detractores de la gordita Feli, dicen que nunca visita la casa de los que no tienen casa o de los que raramente comen, que en el primero de los casos es porque no puede tocar a la puerta, y que en el segundo es porque como buena gordita le gusta comer, y si no hay comida pierde su razón de ser.



Isabel Estercita Lew

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Triste hermosura


Hace un rato o un día se lo dije a un amigo, y realmente creo que a veces la tristeza y la hermosura pueden conjugarse en tristes hermosuras… Más o menos te lo dije...


Esta semana hablé o pensé o hablé y pensé en muchas cosas, me harté también, no puedo negarlo, no puedo evitar ese asco de los que minimizan sus insalvables diferencias a través de una fecha.


Hay gente que no me banco ni me la bancaré nunca. Eso no lo cambia ninguna fecha. Nada cambia por una fecha. Pero sin torcerme ni dar el brazo a torcer, admito que hay una gran energía festiva y sumamente deseosa de ser amigable y comprensiva hasta con lo más vulnerable de lo vulnerado.


A esta gente le digo desde lo más profundo de mí ser que se vayan a reputamadrequelosparió, que desaparezcan.

Pero a las otras, a las que aceptan durante todos los segundos del año nuestras diferencias, a las que son capaces de sonreír sin odio porque jamás odiaron aunque no estuvieran de acuerdo, a esas les digo, podemos construir, y si nuestros ladrillos son consistentes, no importa que sean diferentes, las estructuras no duran por su belleza, duran por su consistencia.


Las diferencias sanas nos llevan a debatir, y el debate a escucharnos, el escucharnos a crecer y nadie debe apropiarse de las ideas, las ideas deberían ser como un baile sin cordura, un movimiento constante y sin miedo, porque el miedo te hace esclavo y te paraliza para siempre mientras lo cargues.


No me gustan los deseos para el año que viene, me gustan los deseos a toda hora, los deseos constantes y sin instituciones, los deseos de te brindo mi brindar para siempre y cuando quieras.


Solo te pido que le des una patada en culo al miedo, que le abras la jaula a la pasión y que salgamos a vivir hoy y para siempre.


El mundo es un lugar hermoso cargado de tristezas, nosotros los paisajistas, y algunos otros codiciosos empecinados en hacerlo mierda, que festejen sus ricas miserias…


En breve habrá que bajarlos de un hondazo, no es verdad Maracuyá?



Isabel Estercita Lew

viernes, 13 de noviembre de 2009

EL PITUIALADO DORADO


El Pituialado dorado era ese ser de la nada con sed de risa que ríe, era esa tristeza que no tiene fin hasta que finaliza, era ese ser alado que se llueve a sí mismo mientras vuela por cielos secos.

El Pituialado dorado era la humedad robada por los ladrones de montes, la extinta margarita que contra sojas y mareas se deshoja.


El Pituialado dorado como su nombre no lo indica, era un chancho azul vomitando estrellas y una estrella en celo copulando soles.


El Pituialado dorado tenía el color del sonido de cuando gritan las gargantas mudas, ese color del sonido que pueden escuchar los oídos sordos.


El Pituialado dorado era el pañuelito blanco y limpio de los mocos sucios del pibito del paco. El del cuchillo plateado de las Tejerinas clavado en sus violadores.

Era color azul, comprimido mágico que eleva el ego de la impotencia.

El Pituialado dorado era color NN, la 99 de 14 años. Era color Martín, el 98.


Era color Rel cuando sus poemas le rompen los sobacos a las olas.

El Pituialado dorado era color Hippie Viejo dándole más color al amor, porque el amor es más fuerte para la buena gente.


El Pituialado dorado también era el más injusto de los justicieros, llenaba camas vacías, besaba los besos sin besar, hacía cosquillas lindas y de todos los colores en el lugar del deseo, fecundaba hijos que nunca nacieron, regalaba alas para quienes quisieran echar vuelo.

El Pituialado dorado era color frutilla con pimienta, era a todo color y del color de todos… era del color del sueño del sueño, o del color de cumplirlo.


Isabel Estercita Lew

viernes, 2 de octubre de 2009

Lidia y sus dientes de leche

Te acordás de Lidia? La trajeron a casa cuando yo era muy chiquita. Tenía todas las piernas picoteadas, dijeron que las gallinas de la granja donde la habían dejado, que el papá no podía cuidarla y que la mamá se había vuelto loca al dar a luz una niña sin neuronas, o que la niña nació sin neuronas porque la madre estaba loca. Eso decían, nunca me contaron su verdadera historia, quizás no lo sabían y en nuestra casa siempre había lugar para uno más.

Todo en ella me llamaba la atención, es que nunca había visto a alguien que llevara las manos colgadas de las muñecas como si fueran ajenas, tampoco había visto a gente más grande que yo que hablara como una niña más pequeña que yo.
Al final fue una suerte esa infancia con Lidia entre nosotros. Jugaba a las muñecas con ella y ella se dejaba ser muñeca, porque el ajedrecista en aquel entonces disputaba la copa del campeonato del barrio de Villa Crespo, andaba con poco tiempo para jugar conmigo a arreglar coches rotos o a enderezar clavos torcidos para clavarlos en las maderitas fundamentales para mi castillo, aunque en las noches de verano, cuando Lidia ya dormía, el ajedrecista me llenaba de cielo los ojos dándome clases de astronomía.

Cuando comencé la escuela quería llevar a Lidia conmigo, dijeron que ella era muy grande para ser chiquita, dijeron lo de las neuronas y todo eso que yo no entendía.
Fue así que le fundé una escuela en el zaguán de casa, y jugué con ella a la maestra frutilla, y la maestra frutilla que era más buenita que la maestra ciruela no castigaba a las niñas que no aprendían la lección poniéndolas en el rincón del burrito.

Mientras yo aprendía a conjugar los verbos, se me cayó un poema en el cuaderno y duró unos cuantos renglones, la maestra me puso un muy bienLew y mamá de tanto planchar los escuchaba. Pero con Lidia era diferente, ella se sentaba en las escaleras del zaguán y en el escenario del pasillo la tenue luz del foquito iluminaba mi recitado para el mejor público que tuve en mi vida, Lidia, que había aprendido a ponerse las manos y me aplaudía, se emocionaba y pedía más.

Mi abuela a veces se enojaba mucho con Lidia, decía que le cortaba las cortinas, le comía las nueces con cáscara y todo y que le meaba los floreros. Yo trataba de explicarle a mi abuela que no era Lidia quien le cortaba sus cortinas, que eran sus manos cuando no las llevaba puestas. Lo de las nueces y los floreros no sabía explicarlo, de todos modos mi abuela no entendía, quizás porque vino de otro país y no entendía el castellano. La cuestión es que la mandó a dormir al lavadero, un cuarto sin puertas en la terraza. Yo me subía las escaleras corriendo antes de ir a escuela, la despertaba y le dejaba unas cuantas nueces con cáscara. Creía que de ese modo se le caerían los pocos dientes que tenía y le nacerían como a mí los conejitos nuevos que le faltaban. Pero los dientes de Lidia siempre serían de leche.

Me asusté mucho el día que vi sangre en su cama, sangre en sus piernas, sangre durante una semana. El ajedrecista y mamá me dijeron que se había lastimado, ella no lo sabía, lloraba y reía, no le importaba. Todos los meses se lastimaba, pero por suerte mi amiga Diana se lastimó antes que yo y entre nuestra curiosidad y la enciclopedia gigante descubrimos la lastimadura de la menstruación.

Cierto día el papá de Lidia que se estaba quedando ciego y que de vez en cuando visitaba a mí familia, no a su hija, dijo que se la llevaría a su casa para que lo ayudara en las tareas cotidianas. Entonces yo ya tenía 16, el ajedrecista me había enseñado a manejar sus coches destartalados y ya podía manejar hasta un camión sin frenos. También podía manejar un cañón contra lo que no cría justo, y eso no era justo. Sin carnet y sin mapas me subí al Rambled de papá con una amiga y fui a pelearlo a su casa. Mientras el hombre me corría con su bastón de ciego tratando de acertarme un buen golpe, yo le metía barreras para que se tropezara gritándole mi bronca por ser tan mal parido.
No sé si fue por eso o porque el hombre calculó que su hija no le sería de mucha ayuda, acabó desistiendo de la idea.
Con el tiempo y el creciente despertar de mis hormonas, los novios y la primavera, Lidia dejó de ser mi batalla, y un día que ya no recuerdo se fue de casa con su viejo.

Me enteré cuando ya vivía en Brasil por una carta de mamá, que Lidia, ya huérfana del viejo ciego y nadie más, había sido elegida reina, fue en asilo de Burzaco, en el baile de la primavera.
Lidia encontró allí otras manos puestas para abrazarla, se casó, brilló, se le cayeron todas las muelas y le volvieron a nacer los dientes de leche. Pero como los ratoncitos son capitalistas y no entienden de eso, nunca más le dejaron plata bajo la almohada.

Esta tarde en el asilo hubo una gran fiesta de primavera, me cuentan que Lidia bailó mucho y que fue la reina y que luego se durmió demasiado y que ahora ya no se despierta.
Su compañero, que también tiene dientes de leche y que del mismo modo que Lidia fue abandonado por los ratoncitos, no encuentra consuelo. Ya lo inyectaron para doparle el dolor, pero sigue tocando su al lado vacío de la cama, pide su presciencia, la nombra y la nombra. Creo que pronto irá por ella.


A Lidia Meller.
Gracias por haber sido parte de mi vida.



Estercita

sábado, 23 de mayo de 2009

EL HACEDOR DE SUEÑOS


El hacedor de sueños soñaba
que un día podría hamacar todas las cunitas quietas
y cantar un arrorró definitivo
para que nunca quedase en el mundo, un niño sin arrorró.

El hacedor de sueños que tenía una barba muy larga,
quería hacer una magia con ella:
transformándola en una inmensa manta
que protegiese para siempre a los niños del frío.

El hacedor de sueños se perdía entre las miradas de los niños
entraba por sus ojos
y los miraba como nadie era capaz
y cuando un niño lloraba el hacedor de sueños lloraba como un niño

El hacedor de sueños deseaba tener miles de brazos...
El hacedor de sueños, soñó una gran fiesta
dónde todos los huérfanos de amor
ganaban sus sueños de amor
El hacedor de sueños, soñaba con que un día
toda la gente soñase
con ser un hacedor de sueños.


Isabel Estercita Lew

lunes, 18 de mayo de 2009

GRACIAS POR EL FUEGO!


Mi querido Mario, te veré a la izquierda del roble, cuando la lluvia caiga sobre el botánico, ahora que ya le dimos alcance a la verdad y el océano es por fin el océano… Te quiero por tu rostro sincero y tu paso vagabundo y tu llanto por el mundo porque sos pueblo te quiero.
Sabré, no lo dudes poeta, en que estrella encontrarte, ahora que me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos. Las paredes se van queda la noche, las nostalgias se van, no queda nada, ya mi rostro de vos cierra los ojos y es una soledad tan desolada.
No te digo adiós porque estás en mí, espero que hayas conseguido el Tiempo sin Tiempo que necesitabas para chapotear unas horas en la vida y para investigar por qué estabas triste y acostumbrarte a tu esqueleto antiguo para estar al día, para estar a la noche, tiempo sin recato y sin reloj…


Salvo un par de frases, todo el resto son fragmentos de los poemas de Mario Benedetti que adapté a mi antojo.


Brindo por vos, Mario, con tu maravilla!

Maravilla


Vamos mengana a usar la maravilla

esa vislumbre que no tiene dueño

afila tu delirio / arma tu sueño

en tanto yo te espero en la otra orilla

si somos lo mejor de los peores

gastemos nuestro poco albedrío

recupera tu cuerpo / hacelo mío

que yo lo aceptare de mil amores

y ya que estamos todos en capilla

y dondequiera el mundo se equivoca

aprendamos la vida boca a boca

y usemos de una vez la maravilla.


Mario Benedetti